
Una historia que se cuenta de a dos
El matrimonio de artistas comparte en el San Martín Un poco muerto; una obra escrita y dirigida por él y protagonizada por su esposa
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Son varios los chistes de circulación popular que se refieren a que es preferible evitar compartir el trabajo con la pareja para preservar la armonía. Dichas más o menos enserio, esas "fórmulas de éxito garantizado" no parecen tener cabida en el matrimonio que integran Laura Novoa y Mario Segade. Y no es que hayan aterrizado de una galaxia lejana: si bien son figuras reconocidas en el ambiente artístico, su vida podría resultar de lo más cotidiana para cualquier espectador que los observa desde la butaca.
Llegan al ensayo sonrientes, a pesar de haber viajado en el subte abarrotado de gente desde Chacarita –donde residen con sus dos hijos: Mora, de ocho años, y Franco, de dos– y de cargar con varios bártulos, entre los que aparece el equipo de mate y un bolso con parte del vestuario.
Ella reconoce que le encanta viajar en subte porque la gente le sonríe. El, más tímido y tal vez "menos famoso", dice que le resulta un tanto sofocante e incómodo. La actriz, habituada a la mirada de los demás, y el guionista, siempre detrás de escena (autor junto a su socio Gustavo Belatti de los textos de Resistiré, Vulnerables, Verdad/Consecuencia, entre muchos otros), disfrutan de coincidir por primera vez en un proyecto: Un poco muerto, la obra que él escribió y dirige y que ella protagoniza, junto a Marcos Montes y Silvina Bosco, subió a escena en el San Martín.
La idea de la trama estuvo dando vueltas en la cabeza de Segade por mucho tiempo. "Dos hermanos se reencuentran después de mucho tiempo a raíz de la muerte de su padre. El universo de los muertos me atrapa como tema de escritura y me gustaba que el muerto apareciera todo el tiempo en escena", sintetiza el autor.
Más detallista y extrovertida, Novoa describe a su personaje: "Mara es una chica con dificultades, es un personaje complicado. No tiene vida propia y fabula todo el tiempo. Es muy feíta –se ríe– y tiene un mundo interior oscuro aunque aniñado, y a la vez la densidad de haber convivido con ese cadáver durante dos días sin haberle dicho nada al hermano".
Durante la entrevista con LA NACION, la pareja se muestra distendida, espontánea, como si estuviera recibiendo una visita en el living de su casa. Bromean sobre las características de cada uno con naturalidad, mientras cuentan que la esencia de la obra radica en la incomunicación humana. "El texto habla de los vínculos familiares que están huecos si uno no los llena, de lo sórdido; es una comedia negra que juega mucho con los opuestos, en la que uno se ríe aunque no sabe bien de qué", dice esta actriz fanática de su profesión.
"El teatro es luz"
Para este autor-director, uno de los grandes desafíos fue evitar las "tentaciones", ya que la obra está a un paso de la parodia. "El equipo (que cuenta con el escenógrafo e iluminador Gonzalo Córdova) hizo que todo fuera más fácil y yo me pudiera concentrar en la puesta", agradece este guionista de enorme experiencia en TV, quien no concibe de manera diferente escribir para teatro que hacerlo para la pantalla chica. "Hacer la distinción es sobrevalorar algo y subvalorar lo otro. Siempre intento escribir con lo mejor que tengo", explica.
A su esposa le pasa algo similar, pero en su rol de actriz: "Me propongo dar lo mejor en todos los personajes, como me pasó el año pasado en Mujeres de nadie (papel por el cual está nominada al Martín Fierro). No hay buenos y malos medios. La tele es más del director, en cambio el teatro es mucho ensayo del actor, un trabajo de orfebre".
Resulta evidente la admiración que sienten el uno por el otro, se les nota en los ojos que brillan cuando se miran. Manifiestan, además, una gran pasión por el arte y durante la charla se completan en cada opinión: "Hacer teatro es seguir apostando a la creatividad, porque siempre una obra significa mucho más que eso –dicen–. En una época en donde todo está tan chabacano y vulgar, el teatro ofrece un espacio diferente, es un ritual bello para el actor y para el espectador, donde ambos se encuentran. A pesar de las profundas crisis, hay algo del alma humana que necesita ser redimida y el teatro sigue funcionando porque significa apostar a un espacio de luz".
Para agendar
Un poco muerto, de Mario Segade. Con Laura Novoa, Marcos Montes y Silvina Bosco.
Teatro G. San Martín, sala Cunill Cabanellas, Corrientes 1530. Miércoles a domingos, a las 20. Desde 20 pesos.
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