
Ur-Hamlet: el príncipe aún vive en Elsinore
Se presentó una nueva versión de la tragedia de Shakespeare en el festival de verano que se realiza anualmente en el castillo danés de Kronborg
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ELSINORE, Dinamarca.– “En la terraza del castillo de Elsinore”, así se ubica la primera escena de la tragedia de “Hamlet”, de Shakespeare, escrita, según algunos estudiosos, entre 1599 y 1601. Pero, en realidad, la historia del rey de Dinamarca comenzó muchos siglos antes. De esta manera, lo registra el historiador danés medieval conocido como Saxo Grammaticus, que se estima vivió entre 1150 y 1220, y de cuya vida se desconoce todo. Sus libros de la historia danesa de su tiempo son conocidos como Gesta Danorum. En ellos se menciona al rey Hamlet; a su hijo, del mismo nombre; a la reina Gerutha, y al hermano del rey, Fengi. No se registra ni al fantasma del rey ni a Ofelia.
En esa obra se inspiró el escritor francés François de Belleforest para escribir su popular libro "Historias trágicas", en 1570, donde produce algunos cambios para crear su propia versión. A pocos años de su publicación, se tradujo al inglés.
En 1596, Thomas Lodge, en "Wit s Misery", alude a un Hamlet que fue interpretado en el mismo teatro en el que trabajaba Shakespeare. Se sospecha que Thomas Kyd pudo haber sido el posible autor de ese "Hamlet" que se estrenó antes de 1596.
Todo este prólogo es para presentar la versión que acaba de ofrecer Eugenio Barba y el Odin Teatret en el Festival de Verano Hamlet, que se realiza anualmente, cada agosto, en el patio principal del castillo de Kronborg, de Elsinore, al aire libre.
Barba, a cargo de la dramaturgia y dirección, se basó en los textos de Saxo Grammaticus para ofrecer una mirada más realista del príncipe de Dinamarca, que, si bien sufre por el asesinato de su padre, tiene las intenciones de heredar el trono y el poder.
Para la puesta, Barba recurrió a un elenco multicultural integrado por representantes de numerosos países europeos, asiáticos, americanos (del Norte y del Sur), con una característica particular: cada uno de los intérpretes aporta su propia tradición al conjunto, para conseguir un resultado homogéneo y muy impactante, sin por ello perder su propia identidad.
Como dato ilustrativo hay que mencionar que el rey Orvendil (Hamlet padre), rey de Jutlandia, es interpretado por la italiana Cristina Wistari Formaggia, quien además es directora de Gambuh Pura Desa Ensemble de Batuan, Bali, que participa con 30 músicos y bailarines balineses; Saxo Grammaticus, por la inglesa Julia Varley (Odin Teatret); Fengi (el rey Claudio), por el balinés I Wayan Bawa; la reina Gerutha, por la italiana Roberta Carreri (Odin Teatret); Hamlet, por el brasileño Augusto Omulú; la hermana de leche de Hamlet es la danesa Mia Theil Have (Odin Teatret); el hermano de leche de Hamlet, el japonés Akira Matsui; además de Kai Bredhot, Jan Ferslev y Torgeir Wethal (Odin Teatret), y otros artistas como la balinesa Ni Nyoman Candri, la francesa Brigitte Cirla, el indio Annada Prasanna Pattanaik, el danés Magnus Errboe y un coro de 43 intérpretes de 21 países diferentes.
En otros rubros se cuenta con la asistencia de dirección de la argentina Ana Woolf, la dirección de producción de la brasileña Patricia Alves; la música del danés Frans Winther, el diseño escénico del italiano Luca Ruzza y el vestuario del danés Jan de Neergaard y el Odin Teatret.
Pero no se trata de una simple enumeración de nacionalidades, sino de una integración estilística que les permite mantener a cada intérprete su particular resolución estética, al mismo tiempo que la música se suma en una amalgama sin igual. Si se menciona que actúa un grupo de danza balinesa es porque en esa participación, además del vestuario tradicional, se incluye su forma de interpretar y lo hace a partir de su ancestral y legendaria herencia artística. De la misma manera, el japonés Akira Matsui hace su aporte ya sea como samurái o a partir de la tradición del teatro Noh, mientras que el brasileño Augusto Omulú recrea a Hamlet desde el mundo religioso del candomblé.
Toda una mezcla de culturas y tradiciones que superan la barrera idiomática y que se unen en el crisol creativo de Eugenio Barba sin perder sus raíces ni su idiosincrasia.
La base histórica
Luego de una charla que ofreció a los participantes del festival, Eugenio Barba se tomó un respiro antes de la representación. Era el momento para el diálogo con LA NACION.
-¿Conocías el texto de Grammaticus?
-Sí, porque lo estudié en la universidad. Saxo es el primer escritor de Dinamarca y escribió en latín. Leí parte de sus libros de historia y también utilicé sus textos para un espectáculo que hice en el 69, "Ferai", sobre un rey muy cruel al que la gente temía hasta el punto de que si alguien encontraba en la calle oro y joyas no se atrevía a llevárselos por miedo a su crueldad.
-¿Cómo se plantea a Hamlet en esta versión?
-Bueno, como un hombre que clama venganza para legitimar su ansia de poder.
-¿Dentro de la complejidad de la puesta, fue difícil trabajar la integración multicultural?
-No, porque he logrado dominar esa complejidad a partir de la antropología teatral. Es decir, trato de que cada tradición se mantenga a pesar de la integración que se realiza en una estructura dramática-narrativa, donde también confluyen otros estilos: japoneses, occidentales, brasileños. Porque no se trabaja sobre la exteriorización del estilo, sino sobre lo que son los principios de la presencia de los actores de diferentes tradiciones. Sobre todo con esos impulsos, yo he construido como una danza subterránea secreta que les permite integrarse y colaborar para poder accionar y reaccionar en forma tal que el espectador viva eso de una manera natural y orgánica. Aquí está el secreto profesional. Algo que cualquiera puede aprender si domina los principios de la antropología teatral.
-¿Intuiste, antes de comenzar los ensayos, que podías lograr esta integración?
-Sí, porque yo ya tenía experiencias con este tipo de proyectos, no tan complejos, tan entremezclados en el nivel narrativo, pero desde que comenzó la ISTA (Internacional School of Theatre Anthropology) siempre hemos hecho una propuesta donde los maestros de diferentes tradiciones presentaban juntos un espectáculo con escenas de su repertorio. Con el tiempo esas escenas se han mezclado, se han transformado en un espectáculo con un giro narrativo. La ultima vez fue "Fausto".
-Hay un aporte de Barba que no es de Grammaticus ni de Shakespeare, que está representado por un grupo de actores que ingresan en la escena. ¿Qué representan?
-Son los extranjeros, los inmigrantes que representan a los latinoamericanos, a los musulmanes, a los europeos orientales. Nosotros estamos en uno de los monumentos de la historia de Europa, que es el castillo de Hamlet. Ahí celebramos uno de los poemas, una de las historias que funda nuestra modernidad europea y mientras estamos haciendo esto, conscientes de nuestros valores culturales, el castillo está invadido por gente que tiene hambre, por gente que trata de eludir una situación de desesperanza, de penuria, de miseria, de humillación. Este es el espectáculo. Se cuentan diferentes historias. Se cuenta la historia de las grandes tradiciones teatrales del mundo. Eso se puede ver. Son páginas de diferentes estilos y formas teatrales, elaboradas a través de siglos: los balineses, los japoneses, los africanos, los brasileños, los europeos. Además, te cuenta la historia de Hamlet y la que estamos viviendo en estos días. Pensar que nuestra sociedad en los países ricos de Europa y América es sólida, cuando en realidad hay una corriente humana simple, subterránea y temblorosa que está haciendo sacudir nuestras bases más estables. El temblor, en este caso, tiene que ver con una doble imagen: el que produce la fiebre, la enfermedad, la peste y el que se manifiesta por el frío de las bajas temperaturas cuando no hay un abrigo suficiente.
-Después de Elsinore, ¿qué pasa con "Ur-Hamlet"?
-Aquí se termina, porque los contratos finalizan ahora. Pero, así como lo hemos construido, hay posibilidad de retomarlo fácilmente. Si tenemos oportunidad de presentarlo de nuevo, no sería difícil hacerlo.
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