
Uruguayos, de los buenos
"La jaula de las locas". Comedia musical. Con Ignacio Cardozo, Sergio Pereira, Mario Santana, Horacio Nieves, Adriana Da Silva, Ricardo Couto, Laura Domínguez y elenco. Libro: Harvey Fierstein. Música y canciones: Jerry Herman. Escenografía: Osvaldo Reyno. Coreografías: Gabriela Barboza. Dirección musical: Carlos García. Vestuario: Paula Villalba. Producción: Alejandra e Isaac Mejlovitz y Ricardo Murara. Puesta en escena y dirección general: Ignacio Cardozo. Funciones: de jueves a domingos. Teatro Casino Nogaró, calle 31 y Gorlero, Punta del Este.
PUNTA DEL ESTE.- Ahora que se ha instalado con tanta fuerza en el mundo entero el debate sobre si se les debe reconocer o no a los gays su derecho a adoptar chicos y que el festivo tema "Marica tú" se impone, indudablemente, como el hit musical de este verano, la exhumación de la comedia musical "La jaula de las locas", estrenada hace 21 años, y que trató muy precursoramente todos estos temas, con bienvenidos toques de humor y lindísimas canciones, resulta más que oportuna.
La obra basada en la pieza teatral "La Cage Aux Folles", de Jean Poiret, no ha perdido un gramo de su vitalidad original ni ha envejecido en lo más mínimo y su mensaje permite en los tiempos que corren una relectura distinta, más rica y amplia, ahora que su problemática es tangible y conocida por todos y no tan tabú o extravagante como podía resultar dos décadas atrás. No por casualidad, a fines de 2004, la obra tuvo su regreso triunfal en el Marquis Theatre, en pleno Times Square, bajo la dirección de Jerry Zaks.
Sin embargo, ya se había adelantado, en agosto, un elenco uruguayo encabezado y dirigido por Ignacio Cardozo, que, gracias a ello, por segundo año consecutivo, se alzó con el galardón teatral más importante de estas tierras: el Florencio (que en 2003 también había ganado por su celebrado espectáculo "DK Da Década").
Austero, pero digno
Cardozo sale más que airoso en una versión austera pero muy digna, que tiene sus fuertes en la coreografía y en algunas actuaciones principales, que no hace extrañar los oropeles conocidos en los dos films inspirados en esta pieza (Ugo Tognazzi y Michel Serrault, por un lado; Robin Williams y Nathan Lane, por el otro) y sin olvidar, por cierto, la memorable versión teatral porteña, en 1986, con Carlos Perciavalle y Tato Bores en los papeles principales.
La acción, como se sabe, transcurre en La Cage Aux Folles, el cabaret más reputado de la Costa Azul, donde brilla al frente de un exuberante elenco de coristas y travestis la gran Zazá, el veterano transformista Albin, que no sólo siente el paso del tiempo, sino también el acecho de sus compañeros/as, hambrientos por arrebatarle su bien ganado cetro.
Pero esto no es nada comparado con lo que el destino le tiene preparado: seguidamente, Jean-Michel, el hijo de Renato, su pareja y maestro de ceremonias, y al que ha criado como propio, anuncia la visita de los padres de su prometida. El problema es que el papá de la chica es diputado por el Partido Tradición Familia y Moral, y está dispuesto a arrasar con todos los locales nocturnos non sanctos.
"La jaula de las locas" narra, precisamente, toda la serie de divertidos enredos que se suceden a partir de la necesidad de "maquillar" más monacalmente las "pecaminosas" costumbres de Albin y Renato, y de lo infructuoso que le resulta a todo ser humano aparentar lo que no es.
La versión uruguaya fue estrenada en la sala China Zorrilla del teatro Alianza, de Montevideo -justamente a ella se le debe la traducción de las canciones incluidas en este espectáculo, tal cual lo hizo en la versión argentina-, y ahora hace temporada veraniega en el Teatro Casino Nogaró, de este balneario.
Escenografía y puesta, esta vez, saben disimular muy bien sus limitaciones espaciales y de despliegue. Las suple con un homogéneo cuerpo de baile (Las Cagelles) y la sólida actuación de Cardozo, a cargo del personaje de Albin, sobre el que reposa la obra y que transita todas las cuerdas histriónicas, desde las más desopilantes a las más emotivas. En este último registro, Cardozo logra su mayor hallazgo al cantar como un lamento a capella, y en un hilo de voz, el tema "Soy lo que soy", todo un "himno" informal de los gays, generalmente interpretado de manera vibrante y desenfadada a fines de los 80.
También se luce considerablemente, aunque es un papel de reparto, Mario Santana, como Jacob, el mucamo negro que sirve a Albin y Renato, una verdadera "loca" que divierte con sus amaneramientos y contestaciones.
El resto del elenco se desempeña con simpatía y correción, a pesar de algunas voces no del todo logradas. Quizá se extrañe también una marcación un poco más jugada y menos neutra en los personajes clave de Renato (Sergio Pereira), el partenaire de Albin -al que Tato Bores supo dotar de colores entrañables cuando lo compuso-, y del diputado moralista Edouard Dindon (Ricardo Couto), no tan caricaturesco como en versiones anteriores.
"La jaula de las locas", teatro dentro del teatro, es una habilidosa sucesión de planos y contraplanos que alternan lo que se ve sobre el escenario del cabaret y sus respectivos backstages (camarines y casa de Albin y Renato), que permiten reflexionar sobre la tolerancia hacia lo diferente, como trasfondo de una trama tan sencilla como eficaz.
La troupe de Cardozo garantiza en más de dos horas de espectáculo, que pasan volando, una aproximación muy recomendable a este clásico musical que nada tiene que envidiar a sus representaciones más ambiciosas.




