Yepeto

Un potente contrapunto entre Manuel Callau y Martín Slipak
Pablo Gorlero
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26 de junio de 2011  

Autor : Roberto Cossa. Dirección : Jorge Graciosi. Intérpretes : Manuel Callau, Martín Slipak y Anahi Gadda. Asistente de dirección : Vanesa Campanini. Diseño sonoro: Malena Graciosi. Iluminación: Lautaro. Sala : Orestes Caviglia, del Teatro Nacional Cervantes. Duración : 70 minutos

Nuestra opinión: muy buena

Qué conjunción tan placentera: un exquisito dramaturgo, un director exacto y actores magníficos. Eso es lo que se produce en el espacio escénico de la sala Orestes Caviglia, del Cervantes.

Roberto Cossa le devolvió a la escena uno de sus mejores textos, en una versión revisada por él mismo. El eje dramático es la relación entre dos hombres. Antonio va en busca del tipo que enamoró a su novia. Pero no se encuentra con un sujeto común, sencillo. Se topa con una biblioteca, con un tipo mayor cuyo poder de seducción son las palabras, puestas y acomodadas no como melodía sino como sinfonía. Ahí habrá teorías de manipulación. Pero hasta el más erudito tiene algo que aprender. Es que tal vez la obra de Cossa tenga que ver con el "darse cuenta", tarea que parece sencilla, pero es tan complicada para muchos.

Manuel Callau se adueñó de la pieza y la amó. Eso es lo que refleja en su espléndida composición. Tanto el que haya visto otras versiones como el que vio Yepeto por primera vez no podrá imaginar a otro Profesor que no sea éste. Lo comprende y lo degusta. Hace suyas las palabras de este ilustrado personaje, de manera natural y poética, aunque con una sensibilidad emocionante. Cossa creó dos personajes perfectos, con detalles, trazos y contenidos exactos. Callau reproduce ese dibujo a la perfección. Lo mismo ocurre con Martín Slipak, joven actor que pisa la escena con firmeza e intensidad. Transita con verdad la inseguridad, las convicciones y la obstinación de su Antonio. Va camino a convertirse en un gran actor.

Pero es la relación entre ambos lo más fuerte de este trabajo. Se conocen desde hace unos cuantos años, cuando Slipak era apenas un adolescente y compartían escenario en la exitosa Una bestia en la luna . Eso queda evidenciado en el contrapunto escénico. Son uno solo y eso desnuda una confianza ciega entre ambos.

Jorge Graciosi capturó esa química y la dotó de acción, de textualidad y equilibrio para volver aún más bello el texto de Cossa. Su puesta en escena es tan sencilla como agradecida. Es rica en imágenes y estampas entrecruzadas, que vencen tiempo y espacio. Tiene lo necesario en decorados y se enriquece con una acertada puesta de luces y una musicalización -de Ma- lena Graciosi- acorde con esta propuesta tan sensible como inteligente.

A los dos protagonistas los acompaña en muy buena sintonía, en un papel menor, Anahí Gadda, de fuerte presencia.

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