
A Dios rogando y con el mazo dando
"Amor a palos" , telenovela venezolana. Libro: Martin Hahn. Con Norkys Batista, Luciano D´Alessandro, Natalia Ramírez, Alejandro López, Emma Rabbe y Roberto Messuti. De lunes a viernes, a las 13, por América.
Nuestra opinión: bueno
Centrada en las vicisitudes de cuatro mujeres muy distintas, pero con igual y desastrosa suerte en el amor, la venezolana "Amor a palos" es una novela enrolada en la corriente más moderna de su fructífera industria, que busca volver a competir con las nuevas olas provenientes de Colombia, México y Brasil luego de especializarse en exportar durante varias décadas en ciclos con temáticas cercanas al folletín, con una realización poco aventurada y protagonizados por esos clásicos galanes de doble nombre, frondoso bigote y discreto talento.
Las mujeres cuyas desventuras sentimentales sigue "Amor a palos" tienen poco en común más allá de la convicción de que, a la hora de encontrar el hombre perfecto, más vale adquirir una posición del estilo "a Dios rogando y con el mazo dando", ya que las reglas de la batalla de los sexos impiden, por definición, tener accesos de comprensión o indiferencia por el enemigo.
Así, está la joven estudiante de Derecho a la que la historia de su tía, víctima de violencia doméstica, impulsa a participar de un congreso internacional donde volverá a encontrarse con su amor de la niñez aunque ahora de lados opuestos de un conflicto algo antiguo -y bastante poco sutil, como todo en esta historia- que pondrá en escena las diferencias entre hombres y mujeres, el caso de una exitosa periodista a la que su marido reclama la custodia de sus hijos y una pensión alimentaria por considerar que los ha abandonado en el ejercicio de su profesión.
A pesar de que la sufrida e idealista Ana María simpatiza con la causa y el mujeriego Juan Marco defiende al marido, el flechazo es instantáneo, aunque la esposa desequilibrada y escondida en el altillo de él -al mejor al estilo señora Rochester de "Jane Eyre"- puede traer más de un problema para su relación.
Las otras tres mujeres -cuyas historias en distintos registros pretenden sugerir "Sex and the City", pero están más cerca de "El club de las divorciadas" en sus reivindicaciones- buscan segundas oportunidades en la vida, como la socia del estudio jurídico en el que trabaja Juan Marco, una cuarentona obsesionada con que no la llamen "señorita" que encuentra en un jardinero viudo y papelonero la posibilidad de saldar su deuda con la maternidad.
La apocada enfermera a la que la traición de su marido médico deja sin respuestas y sin misión en este mundo (hasta la aparición de un sujeto merecedor de su devoción) y el primer amor de una adolescente -hija de otra de las frías socias del estudio de abogados- con un joven plomero completan el círculo de mujeres que pretenden ejemplificar las muchas dificultades que la mujer moderna encuentra en la búsqueda de la felicidad.
La destacada realización -un muy buen trabajo de cámaras, puesta en escena, edición y musicalización, así como una expresiva elección de locaciones reales-, soporta estoicamente los vanos intentos de la tira de dotar de "peso dramático" a su trama al analizar los conflictos de género en la sociedad de su país, pero las razones del entretenimiento genuino que brinda "Amor a palos" deben buscarse por el lado más tradicional: un elenco protagónico eficaz y experimentado (en el que se destaca Natalia Ramírez, de "Betty, la fea", como la enfermera traicionada), capaz de otorgar naturalidad a diálogos algo primitivos en su construcción y de un aire poco estudiado a forzadas vueltas de tuerca que no hacen más que aumentar el divertido aire de dramatización de libro de autoayuda -tipo "Las mujeres son de Venus, los hombres son de Marte"- que comprende buena parte del considerable encanto de "Amor a palos".
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