
América despide cada jornada con vuelo bajo
Fabián Gianola conduce un desvaído divertimento
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Ultimo vuelo del día. Programa humorístico conducido por Fabián Gianola. Guionistas: Fernando Balmayor, Mariano de la Fuente y Pedro De Simone. Producción ejecutiva: Valeria Puccio y Guido Monis. Producción general: Gastón Portal. Por América, de lunes a viernes, a las 23.30.
Nuestra opinión: malo
Decíamos el miércoles 28 de mayo desde estas páginas que para que un show televisivo nocturno como Ultimo vuelo del día funcione debe apoyarse, sobre todo, en un conductor que sepa reaccionar frente a la actualidad política y a la farándula sin menospreciar a la primera ni sobreestimar a la segunda.
Pero en este caso, si lo primero se limita a un repetitivo sketch con lo más elemental del doble sentido en la que María de Luján Telpuk (la ex policía que descubrió la famosa valija de Guido Antonini Wilson con 800.000 dólares), de profundo escote y minifalda, se parodia a sí misma y lo segundo termina sobrecargado con la presencia permanente de Zaira Nara, hermana de la mediática Wanda, el resultado contradice el título: aquí, el vuelo es bajísimo.
Estas apariciones no hacen otra cosa que simbolizar lo que el programa muestra en sus afortunadamente breves 30 minutos diarios: una sucesión de escenas desmañadas y dominadas por la improvisación en las que participantes fijos e invitados entran y salen de cuadro sin que tengamos muy claro qué hacen allí. A duras penas logramos entender que estamos en medio de lo que parece un aeropuerto, con gente que está por salir de viaje, personal de vigilancia y control, azafatas en paños menores que desfilan en silencio de aquí para allá y una voz en off que no sabe si hacer anuncios o callarse en medio de la confusión general.
El programa nos quiere hacer creer que el punto de equilibrio en medio del desbarajuste es Fabián Gianola, que no hace más que ensayar miradas cómplices hacia la cámara y charlar a las apuradas con el invitado de turno.
Al siempre bien dispuesto conductor -que reincide en el horario luego de Bien tarde - no le alcanza con su probado oficio para desplazarse con cierta autoridad por el escenario. Como todo a su alrededor se muestra a la deriva, se resigna a acompañar la caótica sucesión de situaciones con un único recurso, convertido a la fuerza casi en el único signo de identidad del programa cuando no es más que una herramienta: salir del libreto y tomarle el pelo al desfile de penurias.
Este comportamiento deja al desnudo que aquí todo -las ideas, los procedimientos, los resultados- es tan precario que ni siquiera puede considerarse un programa hecho y derecho. Es apenas el borrador de algo que, bien trabajado, podría dar algún dividendo, pero que a partir de la pereza consuetudinaria de nuestra TV se presenta como un producto terminado, incapaz de levantar el más mínimo vuelo.






