¿Cable? ¿TV abierta? Al público le importa poco
Años atrás existía una frontera muy clara y definida en la percepción general de la audiencia que separaba a la televisión abierta de su par por cable (léase: de la que hay que pagar un abono mensual para ver, ya sea que llegue por cable o directamente por satélite al hogar). Con el tiempo, esa frontera se está diluyendo. Para los más jóvenes, no hay diferencias entre Telefé o I.Sat o entre América y Cartoon Network. Y prácticamente para todo el mundo ya no es tan claro que cuando se sintoniza una señal de noticias se perciba que se está mirando un tipo de canal diferente a los que antes se captaban mediante una antena instalada en el techo.
Estos hechos tienen su expresión numérica en los resultados de las mediciones que realiza el Latin American Multichannel Advertising Council (Lamac), una asociación sin fines de lucro dedicada a brindar información sobre el funcionamiento de la industria televisiva para el mercado publicitario. Esas mediciones indican que en 2013 en la Argentina el consumo televisivo se divide por partes iguales entre las señales abiertas y las pagas. Años atrás, en 2005, el consumo entre ambos tipos de sistemas de distribución de señales se dividía en un 66% para la TV abierta y un 34% para la paga. De allí en más, la diferencia entre ambas se fue achicando constantemente: en 2012, los números mostraron un 56% para la televisión abierta y un 44% para la paga.
Mañana probablemente esta frontera no exista y la reemplace la que separa a las imágenes que llegan por la TV de las que llegan por la Red.
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