
"Chicos al ataque", un ciclo hecho con altura
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"Chicos al ataque" , ciclo infantil conducido por Manuel Wirtz. Idea original y dirección artística: Manuel Wirtz y Alberto Lucas. Titiritero: Diego Ferrari. Zanquistas: Hernán Carbon, Nicolás Rivero. Realización de títeres: Marcelo Fernández. Coreografía: Valeria Archibaut. Dirección: Eduardo Mazzitelli. Lunes a viernes, a las 17, por Canal 13.
Nuestra opinión: muy bueno.
Pocas cosas se pueden afirmar con mayor certeza que el hecho de que ningún padre dejaría el cuidado de sus hijos en manos de los animadores de programas infantiles. Manuel Wirtz debe ser una excepción. Wirtz es esa clase de conductor que establece e inspira un modo de relación franco y sencillo con los chicos. Hasta se podría adivinar que su conducta es la misma antes, durante y después de una tanda publicitaria. Es decir, Manuel Wirtz no parece "un profesional de la animación infantil".
"Chicos al ataque" es el producto elegido por Wirtz y Canal 13 para recuperar "la hora de la leche" perdida entre magazines para la mujer y dibujitos enlatados. Por eso, al menos durante un tiempo, el programa deberá remar contra la corriente de una audiencia desacostumbrada a ese formato. Sin embargo, con el tiempo suficiente ,"Chicos al ataque" se convertiría en una hora fundamental para madres, padres y chicos de 2 a 8 años.
Aparece aquí una cuestión: la búsqueda de una audiencia propia. Este ciclo, en realidad, apunta a un público infantil muy amplio y, por lo tanto, parecería que en él convivieran dos programas distintos: uno para los más chicos y otro para preadolescentes.
Por un lado, están los chicos de la tribuna, con un perfil demasiado cercano al de aspirantes a estrellas. Entre ellos se encuentran los noteros (chicos de 9 a 12 años) que realizan coberturas periodísticas tales como la contaminación del Riachuelo, la polución sonora, una escuela de circo, hockey femenino, etc. Por cada uno de estos compactos se pierde mucho del público más menudo. Por otro lado, están los niños de 2 a 8 años que transitan el estudio a su libre albedrío. Ellos son los que más aprovechan la danza -hay un "cuerpito de baile" con coreografías ad hoc- y el canto con temas como: la canción de la pulga -cuando se despierta el insecto que duerme en una caja de fósforos hay que cantar y rascarse-, la canción de QZ -el antihéroe del programa-, la canción para llamar la atención y otros tantos temas en ritmos de pop y rock.
Los chiquitos de 2 a 4 años se enamoran de Wirtz, lo miran, lo estudian, lo imitan. Ellos realmente creen que dentro de la caja hay una pulga que tiene "musiquita". Ellos son quienes más disfrutan de las múltiples capacidades de Wirtz: la improvisación, los gestos de mimo, la actuación en las peleas con QZ y, seguramente desde casa, también su forma de contar cuentos, esa tradición oral tan poco frecuente en estos tiempos.
"Chicos al ataque", entonces, debería definir a quién le habla. Luego, una vez determinado su target, debería hablarle únicamente a ese público. Por último, se ganaría a otras generaciones por el sólo hecho de haber solidificado su personalidad.
Elenco superestelar
Manuel Wirtz no está solo. Dos magníficos asistentes lo acompañan: Mangrullo y QZ. Mangrullo es un niño gigante del que sólo se ven las zapatillas, las medias y parte de las piernas. Cada vez que ingresa en el estudio, todo tiembla y todo se cae. Mangrullo es, en definitiva, un personaje para imaginar. Los chicos -nuevamente los más chiquitos- serán los que intenten ponerle un cuerpo a ese gigante inocentón que trabaja como asistente de Wirtz. El otro personaje/muñeco es el superhéroe de pacotilla QZ: un ser de origen impreciso (ni humano, ni animal, ni mineral), que se supone está allí para defender a Wirtz del mal. Gracias a su personalidad, QZ, un antihéroe narcisista, celoso, envidioso y competitivo, es quien más pasos de comedia le regala a "Chicos al ataque" y también es quien más fascinación ejerce sobre los más chiquitos.
Y los chicos no se equivocan porque QZ es por demás interesante. No es del todo bueno, pero su maldad no se atribuye a una elección vil sino a una falta de rigor moral. QZ asume conductas negativas y es capaz de argumentar en favor de ellas simplemente porque no discierne entre el bien y el mal. Al menos en tanto no se lo expliquen. En eso, QZ y un chico se parecen muchísimo. Mientras, este superhéroe ha querido matar a la pulga cantante con martillo por ser un insecto (aunque en verdad estaba celoso de su protagonismo), ha intentado crear el 0-609-QZQZ (tres pesos más IVA) y ha mandado mensajes apócrifos desde el imaginario pueblo Atacoyqué, donde funciona el supuesto Club de Fans de QZ.
A pesar de todo lo dicho hasta aquí de este personaje, su perfil es tan rico que merece un último párrafo dedicado a sus puños, el arma secreta de QZ. Sus puños amarillos tienen calaveras y serpientes dibujadas a modo de los cómics para representar las malas palabras. Entonces, por ejemplo, QZ, se enoja con Wirtz: "Me tenés... (le enrostra el puño y las serpientes y calaveras reemplazan, digamos, la palabra podrido) ". Otro caso: "No me hagas venir al... (puño) ". Está claro que se trata de malas palabras, pero también que son el arma secreta de QZ y, como sucede con cualquier secreto, nunca será dicho en voz alta.
Con Mangrullo, QZ y Manuel Wirtz en acción, "Chicos al ataque" apenas necesita dos cosas: una idea más ajustada de su audiencia y tiempo para recuperar tanto espacio perdido en la televisión abierta.
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