Con delantales y a lo loco
"Los cocineros en casa", conducido por Martiniano Molina y Donato De Santis. Dirección: Gustavo Peduto. Producción ejecutiva: Matías Alonso. Escenografía: Edgardo Bonelli. Guión: Sergio Marcos. Producción gastronómica: Natalia Añel y Luciano Bruses. En vivo. De lunes a viernes, a las 12, por Canal 13.
Nuestra opinión: bueno
Los programas de cocina, teóricamente, enseñan a cocinar. Ahora bien, la televisión -en su infinita sabiduría- ha decretado que si bien cocinar es divertido no lo es lo suficiente por sí mismo. Así, llevando el razonamiento a su extremo, el elemento "cocina" en un programa sobre ese tema se convierte en lo menos entretenido (y, por eso, más rápidamente despachado) de un ciclo dedicado, ostensiblemente, a eso mismo. Ese es el mayor problema que enfrenta "Los cocineros en casa".
Martiniano Molina y Donato De Santis, sus conductores-cocineros (ése es el orden de importancia de sus labores), tienen experiencia, simpatía a granel y capacidad de contagiar su amor por la cocina. Lástima que no tienen mucho tiempo para demostrar esas cualidades.
En "Los cocineros en casa" abundan la producción en exteriores y las secciones fijas, como "El verdadero...", que muestra cómo se realizan las comidas típicas de cada región en manos de un cocinero oriundo del lugar; una sección dedicada a remedios naturales para dolencias comunes; otro segmento dedicado a hablar de los animales domésticos y de granja; las adivinanzas de Margarita, con llamada del público correspondiente para descubrir si acertó; dos minipayadores que gastan a los conductores; una encuesta acerca de las falsas verdades de la cocina; un chivo, y, entre todo eso, en el tiempo que queda, un plato que los cocineros cocinarán y el público -tan la carrera como los especialistas- tratará de comprender y ejecutar luego.
Tal es el peso de la lograda y amplia producción del ciclo por sobre la humilde receta que, por momentos, no se entiende por qué no se deciden y corren la mesa hacia un costado de la espléndida escenografía (que recrea una granja casi de juguete, repleta de colores, arbolitos, animales y fardos de forraje) y se deciden a convertir la cocina en una sección más de un programa infantil. El ritmo frenético de su primer envío probablemente pueda achacárseles a los lógicos nervios del vivo, pero también a una superpoblación de "entretenimiento", que amenaza con sepultar el propósito del programa.
"Los cocineros en casa" -es evidente- tiene la encomiable intención de acercar la cocina a los chicos. Molina ya es conocido por ellos por su participación en "Mariana de casa", y Donato De Santis, con su sonrisa fácil, su cocoliche y su acrobacia en la preparación de los alimentos, se pliega rápidamente al juego (qué mejor para un chico que un grande que juega con la comida). Para los niños están pensados la escenografía, los animalitos, los colores, y los títeres, como el burro Alberto (ya no sus chistes, que no se condicen ni con el horario ni con la temática del programa). Todo salvo la cocina.
Porque los platos que se preparan en "Los cocineros en casa" son bastante elaborados e implican elementos como aceite hirviendo y cuchillos de cocinero (para subsanarlo hay un niño cocinero invitado, en la sección "Los grandes maestros", que enseña a hacer platos a tono con su edad). En definitiva, el ciclo resulta un híbrido que parece pensado para que las madres puedan intentar desentrañar los secretos del osobuco con risotto, mientras sus hijos -que piden la comida y atención- se entretienen con todo lo demás. Lo que quizás es lógico en casa, pero no en la tele.







