Con un sabor agridulce

Marcelo Stiletano
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17 de mayo de 2003  

"El arca de Caramelito", programa infantil conducido por Cecilia Carrizo. Coreografía: Hugo Moreno. Guión: Sebastián Neojovich. Producción ejecutiva: Franco Giorgiutti. Producción: Sergio Szpolski y Luis Cetrá. Dirección: Diego Bentosella. Por Canal 9, los sábados y domingos, a las 12.

Nuestra opinión: regular

Al término del segundo programa de "El arca de Caramelito", el domingo último, quedó bien clara la sensación de que habrá que esperar en principio hasta hoy para determinar el perfil definitivo que adopta este programa.

El regreso a la TV de la rubia cantante y animadora que comenzó a hacerse notar hace unos años en la tribuna de "Nico" se puso en marcha con una visible apelación a la memoria: a través de un clip en el que se agrupaban las experiencias previas de Carrizo al frente de sus propios ciclos infantiles quiso hacerse explícita la idea de que existe una continuidad de trabajo y de proyectos entre aquellos antecedentes y esta vuelta.

Pero, curiosamente, "El arca de Caramelito" deja pendiente una serie de interrogantes con relación a la identidad del programa que tal vez empiecen a ser contestados a partir de este fin de semana. Carrizo y su laborioso equipo todavía no contestaron al menos tres preguntas básicas: cuál es la verdadera identidad del programa, a qué edades está dirigido dentro de la tan compleja como vasta audiencia infantil y de qué manera se piensa instrumentar la fundamental interacción entre la animadora y sus pequeños espectadores.

A partir de los nombres que sostienen al programa desde la producción salta a la vista que si hay algo que "El arca de Caramelito" no escatima son recursos de producción: basta con observar el amplio y colorido escenario armado para que la conductora y su equipo se muevan a gusto en medio de una colorida escenografía y con apreciar el intenso trabajo de montaje exigido en la preparación de los videoclips musicales, verdadera columna vertebral del programa.

Sonrisa indeleble

Desde el centro de ese dispositivo, y con una sonrisa indeleble como recurso permanente, Carrizo trata de ganarse el favor de los chicos. Pero cuando interpela a la tribuna infantil -como ocurrió hace una semana en el programa inaugural- la sincera, entusiasta y ampulosa invitación de la conductora a participar parece recibir a cambio sólo reacciones forzadas y una progresiva indiferencia. ¿Será por eso que al día siguiente "El arca..." no tuvo público en las gradas?

Ocurre que la dinámica del programa, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con Piñón Fijo, parece tomar distancia de los chicos en vez de preparar las cosas para que cada uno de ellos se sienta protagonista y partícipe del programa: las coreografías abusan de los movimientos gimnásticos, en los juegos (como una variante del "dígalo con mímica" auspiciado por la AFIP) sólo participan los adultos y la banda musical que actúa en vivo queda desaprovechada al quedar subordinada a los videoclips grabados.

Pero es precisamente en este punto donde Carrizo puede llegar a remontar la cuesta y aprovechar sus mejores condiciones al servicio de un programa menos errático y más consistente. Lo mejor de "Caramelito" asoma en el elaborado trabajo visual de los clips musicales y en la simpatía de la animadora cuando se convierte en la chispeante partenaire de las muy disfrutables y divertidas lecciones de magia, de cocina y de dibujo (estas últimas a cargo del gran Carlos Garaycochea), que funcionan a modo de separadores.

Si elige apoyarse en este último perfil y define cuáles son en definitiva los destinatarios del programa (¿los chiquitos que contestan las "preguntas locas"? ¿los preadolescentes que se enganchan con la "marcha" musical de los videoclips?), "El arca de Caramelito" podrá sacarnos de la duda fundamental que, con dos programas en el aire, aún sigue pendiente: cuál es la identidad de su propuesta.

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