Condicionados
La más audaz propuesta de Pol-Ka enfrenta un dilema irresuelto
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El dilema que enfrenta Condicionados queda a la vista en su primera escena. Allí se exhiben en plena efusión erótica dos mujeres y un hombre, cuyos movimientos –visiblemente calculados, simulados y subrayados– dejan sin vueltas al descubierto una línea estética publicitaria. De golpe, una orden del director interrumpe la acción e inaugura un aquelarre de gritos, lamentos y reproches.
El escenario cambia en apenas un instante. Hasta allí veíamos el puro simulacro de una escena hot filmada en cámara lenta, con una puesta elegante y hasta lujosa. Pero ahora estamos en el set de una película pornográfica y nos tratan de convencer de que todo lo que hacían los actores era real y explícito. ¿Cuál es, entonces, el verdadero mundo de Condicionados? La contradicción no dejará de repetirse a lo largo de todo el episodio inaugural y pone al desnudo (valga esta imagen, a tono con el contenido del ciclo) el alto precio que en este caso elige pagar Pol-Ka, cuyos fecundos antecedentes no registran un ciclo tan franco, osado y hasta procaz en sus imágenes y su vocabulario. El problema empieza cuando esta búsqueda se cruza con el tradicional e infaltable envase costumbrista. Atravesar ciertas fronteras tiene su costo.
Este último factor es tan sólido y fuerte en las ficciones de Pol-Ka que, aun dentro de la manifiesta hibridez exhibida por Condicionados en su debut, lo más interesante proviene del eje del relato: la tensión permanente entre ruptura y reconstrucción dentro de una familia que se gana la vida filmando historias con sexo explícito. Allí se mueven, como en una montaña rusa, Dicky Cocker (Oscar Martínez) y Lorna Love (Soledad Silveyra), seudónimos de un director y una actriz que vivieron el apogeo del negocio y no están preparados, ni como empresa ni como pareja, a enfrentar su decadencia.
Mientras ambos cavilan todo el tiempo en cómo adaptarse mejor a la nueva realidad, su familia (biológica y simbólica) suma integrantes y problemas. Allí están los hijos del matrimonio (Julieta Zylberberg y Guillermo Pfening) y un asistente todoterreno y consejero familiar abiertamente gay (Favio Posca) tratando de conservar la cordura frente a los recién llegados: una hija extramatrimonial de Dicky (Angela Torres), una experimentada pornostar que regresa del exterior (Leticia Brédice) y una muchacha que con dificultad aspira a seguir esos pasos (Bárbara Lombardo).
El planteo reconoce dos antecedentes muy visibles. De un lado, la extraordinaria película Boogie Nights-Juegos de placer (Paul Thomas Anderson, 1997), retrato de otra familia ampliada del cine pornográfico que también viaja sin escalas de la felicidad a la ruina, y de la alegría a la compasión. Y del otro, el reality documental Family Business (2003-2006), emitido aquí por FX, que muestra la vida cotidiana de una empresa familiar dedicada a producir videos XXX.
La influencia de ambas está a la vista en varias escenas del capítulo inicial (el casting femenino, por ejemplo), pero a diferencia de la mayoría de las realizaciones de Pol-Ka, aquí, llamativamente, no hay pilares fuertes en los que sostenerse y el resultado es una mezcolanza que en pocos momentos arroja claridad y comprensión.
La historia avanza a los tumbos, con situaciones resueltas a la fuerza (la despedida de soltero, la llegada de Brédice y su diálogo con el remisero) o a los gritos, sin una mínima perspectiva verosímil en la cual apoyarse. Si la historia se sitúa en la actualidad, no se tiene en cuenta un contexto en el cual el género experimenta un giro decisivo gracias a Internet. Así nunca queda claro hacia dónde se recicla el negocio que Dicky lleva adelante. Y, por eso, la secuencia de cumpleaños que cierra el episodio deja al descubierto su recargada artificiosidad.
El marco elegido lleva a que abunden aquí los desnudos y las palabrotas, demasiado sobrecargados e insistentes aun fuera del horario de protección al menor. Queda todavía más fuera de lugar que una niña de 11 años, con el aval de funcionarios oficiales, deje a su madre adicta para irse a vivir con un padre cuyo trabajo consiste en dirigir cine porno.
Así las cosas, Condicionados trata de hacer equilibrio entre la audacia del planteo y el conservadurismo de su esencia. Algo que aprisiona a un grupo de muy confiables actores (con la brillante Soledad Silveyra a la cabeza), obligados a acentuar cada uno por las suyas los rasgos de sus respectivos personajes. No es el mejor camino para resolver un dilema que queda a la vista de todos.
15,9 Puntos de rating
En el debut quedó segundo en su franja, lejos de Dulce amor (20,9)






