
Dieciséis actores en un ciclo a la deriva
"Reality reality", reality show con Juan José Camero, Emilia Mazer, Edda Bustamante, Fabián Mazzei, Martín Karpan, Gisella Barreto, Emilio Bardi, Jessica Schultz, Marisol Otero, Octavio Borro, Maximiliano Ghione, Pía Galliano, Ramiro Blas, Gonzalo Heredia, Alejandra Majluf y Sabrina Garciarena. Coordinación autoral: Marcela Citterio. Idea y dirección general: Enrique Estevanez. Por Azul, de lunes a viernes a las 22.
Nuestra opinión: regular.
"Yo vivo todo esto como una revancha", dijo Enrique Estevanez en las vísperas del lanzamiento de "Reality reality". En ese momento, no le faltaban ni entusiasmo ni optimismo al creador de "Los buscas" y "Los médicos de hoy". Después de una laboriosa búsqueda, que exigió ajustes hasta último momento, había conseguido finalmente armar un elenco de 16 nombres (ninguno de ellos realmente resonante) para la primera experiencia local de reality show protagonizado por profesionales de la actuación y no por hombres y mujeres hasta allí anónimos.
¿Qué buscaba alguien que se ganó un nombre en la TV como artífice de varias historias de ficción exitosas con este experimento casi sin antecedentes? ¿Mostrar que las críticas que en su momento se hicieron a los reality shows desde el ámbito actoral eran infundadas? ¿Montar un ejercicio en que el previsible cruce de papeles, conflictos y situaciones entre ficción y realidad pueda generar interés entre el público? ¿Recurrir a los actores para demostrar que en el espacio supuestamente banal de los reality shows es posible encontrar alternativas más interesantes? ¿Explotar la potencial curiosidad voyeurista del público de los reality shows con figuras conocidas expuestas las 24 horas al ojo indiscreto de un batallón de cámaras?
Rumbo errático
A juzgar por las presentaciones y comentarios de Ari Paluch (uno de los que abandonó el proyecto prematuramente, como se indica aparte), todas y cada una de estas posibilidades son factibles en el ecléctico mundo de "Reality reality". La curiosa paradoja de este programa es que, aun adscribiendo a una fórmula que exige reglas bastante precisas y claras (tanto para los participantes como para los espectadores que se prestan a este juego), en los hechos exhibe una permanente indefinición, modificando todo el tiempo su errático perfil y sin dejar en claro realmente hacia dónde quiere ir.
Si el programa pretendía aparecer como una alternativa, una respuesta (o una "revancha", en palabras de Estevanez) al modelo de reality show ya impuesto entre nosotros, los resultados son magros. Algunos de los actores que conviven en el envidiable entorno de una mansión ubicada en la zona norte del Gran Buenos Aires con todas las comodidades imaginables, algunos de ellos son obligados por la producción a cumplir determinadas consignas de comportamiento (uno debe simular que es un obsesivo de la limpieza, otra debe fingir su vocación por el desorden, un tercero mostrarse como el "canchero" que está de vuelta de todo), actividades que pasan totalmente inadvertidas en el resumen diario que emite Azul y que los propios protagonistas no terminan de entender. Al punto que Ramiro Blas "blanqueó" hace unos días el juego ante sus compañeros, desnudando así la falta de precisión y de rigor en las reglas planteadas.
Demasiada improvisación
Otro elemento confuso es el juego de improvisaciones y juegos actorales que propone este programa como toque diferente respecto de otros reality shows. Todavía nadie aclaró por qué las prácticas se limitan a diálogos superficiales y pueriles sobre cuestiones relacionadas con el sexo y la traición en las relaciones de pareja o con expresiones testimoniales de buena voluntad y no consisten, por ejemplo, en textos seleccionados de autores consagrados. Si la improvisación surge decididamente como la estrella del programa, es por motivos muy diferentes.
También se buscaron otros caminos, como la dramatización de algún hecho de inmediata actualidad, debido a que los participantes están informados acerca de lo que ocurre en el exterior. Pero los resultados del primer ejercicio, referido al caso del colectivero degollado en Wilde, fueron tan desafortunados que los actores se vieron obligados poco después a pedir disculpas.
Esta acumulación de tropiezos, a los que se suman varios problemas técnicos (el sonido fue muy precario en las primeras jornadas), coloca a "Reality reality" en las antípodas de lo que seguramente imaginaban sus creadores. En vez de instalarse como una opción novedosa frente a la monotonía y la falta de matices que siempre se cuestionaron a los reality shows no hace más que acentuar esta tendencia al aburrimiento.
Parece tan clara esta percepción que cualquier alternativa para crear interés es vista como un hecho forzado y decidido a las apuradas, en vez de surgir naturalmente de una propuesta con reglas claras, previsibles y conocidas por todos. Ni siquiera se aprovechó un aspecto apenas insinuado, el de jugar con los conflictos entre persona y personaje que pueden llegar a vivir quienes se prestaron voluntariamente a esta experiencia.
Es muy posible que los protagonistas de "Reality reality", cuya sinceridad está fuera de toda discusión, se sientan tan a la deriva como los televidentes. Al estar integrado el elenco por un mix entre figuras de cierta trayectoria y otros nombres más jóvenes y menos conocidos, los primeros quedan ampliamente favorecidos en su exposición ante las cámaras y relegan a los segundos casi a la mínima expresión.
Ni algunas presencias de fuerte personalidad (Emilia Mazer, Emilio Bardi) ni el fresco desparpajo que por momentos asoma en Alejandra Majluf y Ramiro Blas consiguen torcer un rumbo desvaído que genera cada vez más menos interés por lo que pasa. Esta sensación se constata no sólo por los bajos registros de rating; también se manifiesta en la propia casa con el abandono voluntario de Martín Karpan.
De continuar esta tendencia, parece bastante difícil que esta experiencia pueda sostenerse durante tres meses en el aire. Tal vez creyendo que la idea podía sostenerse en el aire por sí sola, los responsables de "Reality reality" pusieron en marcha el programa sin prever dificultades que se plantearon ni bien iniciado el rodaje. Más que una propuesta redonda y precisa, este ciclo no es más que el desordenado ensayo de un experimento actoral que difícilmente pueda sostenerse en el aire durante los tres meses previstos.
Cambios
- Karin Cohen es la nueva conductora de "Reality reality" y, según se anticipó, tendrá un papel más activo, con apariciones diarias en pantalla. También hay cambios horarios: desde ayer, el ciclo se emite por Azul de lunes a jueves, de 22.30 a 23.30, y los viernes, de 22 a 23.30. Por decisión del público, los primeros en dejar la casa fueron Juan José Camero y Sabrina Garciarena.






