El arduo camino hacia la fama
"Popstars", programa dedicado a la búsqueda de nuevos valores musicales. Producción ejecutiva: Betina Sancha y Darío Turovelzky. Coordinación de producción: Denise del Pino. Edición: Hernán Salama y Hernán Pérez Oneto. Estructura dramática: Leticia Castro y Renato D´Angelo. Dirección: Martín Mariani. Por Azul, los miércoles y viernes, a las 21.
Nuestra opinión: muy bueno.
Todos los que participan en este programa tienen en claro que aspiran a conquistar fama por medio de la televisión.Ya se han prestado voluntariamente a mostrar en público distintos momentos de su vida personal y a comportarse emocionalmente en algunas ocasiones como si no estuvieran frente a cámaras y micrófonos que registran esas instancias en detalle, indisimuladamente.
"Popstars" no sólo propone un camino mediático hacia el éxito, con una fórmula parecida a la que hemos visto en films como "A Chorus Line" o "Fama", pero esta vez dirigida a conformar un grupo de música pop. Lo hace solicitándoles a las jovencitas que aceptan las reglas de ese juego un compromiso adicional, quizás el más importante de todos: el de ser acompañadas por ojos indiscretos que no dejarán de estar con ellas, de escrutarlas y de interrogarlas hasta el momento de la consagración.
Todas estas razones llevan a que "Popstars" sea incluido dentro de esa categoría televisiva cada vez más flexible llamada reality show, esta vez a partir del declarado propósito de seguir el camino hacia un posible estrellato de un grupo de chicas (cantantes y bailarinas) armado ad hoc por el programa y registrado minuciosamente en la pantalla paso por paso, desde el comienzo del proceso de selección hasta la salida de las chicas a su primer aventura escénica.
Pero aunque todos los pasos formales parecen cumplidos en aquella dirección, este ciclo de Azul surgido de la nueva productora de Gustavo Yankelevich no muestra ninguno de los elementos más cuestionables del género más controvertido de la pantalla chica local por estos días.
Lo que en la mayoría de los reality shows es una exhibición desembozada (y muchas veces incitada explícitamente) de conductas y actitudes que por lo general procuran el impacto fácil aquí se muestra sin propósitos escandalizantes ni visibles manipulaciones.
Hacia el género documental
Si "Popstars" llega a provocar, en la mayoría de los casos, una emoción genuina en el televidente es porque las historias que se relatan allí se conocen desde el comienzo y astutamente el programa va desenvolviendo como si se tratara de una historia de ficción.
Y es aquí donde esta propuesta se va desplazando desde el terreno original del reality show hacia un lugar que es más propio del género documental, con énfasis en varias historias de vida con las cuales, más allá de algún golpe de efecto, el público puede identificarse legítimamente.
Y esto es posible porque "Popstars" consigue, lo que no es un mérito menor, darle transparencia a una fórmula televisiva que manejaba casi como un secreto guardado bajo siete llaves todo el desarrollo del proceso de selección de sus participantes.
Aquí no hay ocultamientos. Vemos y entendemos las razones por las cuales los tres integrantes del jurado (Pablo Ramírez, Fernando López Rossi y Magalí Bachor) determinan, entre las entusiastas participantes, quiénes siguen y quiénes quedan en el camino. Asistimos a sus reacciones, en ocasiones presentadas como si se tratara de una historia de ficción llena de expectativas. Y conocemos la vida familiar de participantes que no responden a un único patrón sociocultural o educativo: las hay rubias y morochas, más gordas o más flacas, con residencia cercana a la Capital o en algún lejano paraje provinciano. Todas con algo para decir, al igual que un jurado que esconde poco y siempre trata de fundamentar su veredicto. "Popstars", en su génesis, se aproxima a los reality shows, pero la versatilidad de su propuesta escapa a las etiquetas. Transforma algunas de las etapas del derrotero que cumplen las chicas para armar el definitivo grupo pop en relatos con continuidad dramática propia de cualquier historia de ficción y lo "viste" dosificando sin abusos todos los recursos técnicos y de edición disponibles.
"Popstars" no incluye en su menú sesudos debates sobre el comportamiento de sus protagonistas, diálogos seudoexistenciales, incitaciones al voyeurismo o procedimientos de eliminación tan rebuscados como antojadizos. Hay, en cambio, una interacción eficaz entre ficción y realidad (mérito, sobre todo, de la espontánea expresividad de sus jóvenes participantes) que otros programas más pretensiosos y "adultos" seguramente nunca lograrán alcanzar.





