
El cuerpo del delito
Gracias a los avances tecnológicos, son los forenses y no los detectives las estrellas de los programas policiales. Ahora, lo que importa no es tanto quién lo hizo, sino cómo
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“Hace años existía un programa que se llamaba «Quincy», sobre un médico que iba al lugar de los hechos, hacía la necropsia, las investigaciones pertinentes y elevaba el informe a sus superiores. A mí me gustaba porque trabajaba solo. En esa época yo era ministro de Eucaristía en una iglesia, y todos decían: «¿Hoy no vino Quincy?». Y a mí no me molestaba”, dice el doctor Héctor Vázquez Fanego, médico forense, con casi 45 años de profesión al servicio de la justicia nacional y 17 mil autopsias realizadas, cuando se le pregunta cuál ha sido el programa que mejor ha reflejado su profesión. Una carrera que, dice, “te tiene que gustar. Yo, realmente, vivo para los muertos”.
“Quincy” (1976-83) fue uno de los primeros ciclos policiales en los que la investigación dejaba de estar en manos de los detectives y su mezcla de sentido común, inspiración, inteligencia y suerte –o incompetencia del criminal, lo que ocurra primero– para ser llevada por el médico forense del título (Jack Klugman), cuyo metier era, precisamente, todo aquello que no está sujeto a interpretación, comenzando por la existencia de una víctima. El famoso cuerpo del delito, entonces, es quien cuenta su historia a quienes sean capaces de escucharla y entender el idioma en que hablan: el forense como intérprete-médium y la ciencia como esperanto.
Las series policiales, desde el estreno y posterior éxito de “CSI” (cuyas tres versiones se ven por Sony) han decidido centrarse en la tecnología forense que hace posible descubrir las evidencias del delito y, a la vez, la tecnología de animación que permite seguir a, por ejemplo, un proyectil de escopeta cuando ingresa en el estómago de la víctima. Dice Carol Mendelsohn, productora ejecutiva de "CSI": "Lo que Anthony Zuiker, el creador del ciclo, captó a la perfección fue la revolución científica que se ha dado en la investigación policial. Al combinar esta realidad con el misterio, podemos contar grandes whodunits y además howdunits : no sólo «quién lo hizo», sino también «cómo lo hizo». Y sé que desde «CSI», las cosas ya no son las mismas: si mirás «La ley y el orden», un programa que a mí me encanta, los detectives ahora se ponen guantes de látex".
Crimen y castigo
La influencia de Quincy y de los forenses en las investigaciones de los delitos quizá sea exagerada por la ficción con respecto a lo que ocurre en realidad (aunque sí, el cianuro realmente huele a almendras amargas como sostenía Agatha Christie), buena parte de lo que se ve en estas series sí es un reflejo de lo que ocurre en su profesión, dice Vázquez Fanego: "Si bien nosotros no tenemos intervención directa, si durante la autopsia descubro algún dato que pueda contribuir a resolver el caso llamo a quien corresponde. Nuestro trabajo es ser auxiliar de la Justicia, y eso es lo que hacemos". Pero la influencia de los avances científicos es indudable, aunque la realidad de nuestro país se encuentra a años luz de la que refleja la pantalla norteamericana: "En comparación, nosotros todavía estamos con la cocina a leña, pero esos aparatos existen y ayudan: los estudios de ADN, por ejemplo, son categóricos. Han cambiado la investigación no sólo del delito, sino también de las filiaciones".
Aunque, por supuesto, siempre hay lugar para el embellecimiento de la ficción: "En esos programas surge que, por ejemplo, encuentran a un individuo muerto en un auto y, cuando comienzan a investigar, descubren una fibra milimétrica debajo de la alfombra y, en base a un estudio, conocen dónde la fabricaron, cuándo y a qué marca comercial pertenece. Eso me suena un poco a macana. Puede ser, pero convengamos que no es lo habitual".
En una época, lo que importaba era la materia gris de los detectives, su inteligencia y capacidad de observación sobrehumana a la Poirot o Sherlock Holmes; en otras, lo relevante eran las habilidades particulares que utilizaban en su trabajo (fueran pasar inadvertido, como Baretta, o por bobo, como Columbo). Pero la serie, salvo raras excepciones, siempre llevaba el nombre del detective cuyas hazañas retrataba.
Sin embargo, hace un par de años, la ciencia, y no necesariamente la ley, pasó a tener un papel fundamental en el descubrimiento de la verdad (véase el cambiante rol de la agente Scully del FBI, médica forense de profesión, en "Los expedientes X", durante la última década). Una noción que, como las características del detective, le deben mucho a la época a la que pertenece. No es casual que el mayor protagonismo de los científicos en el esclarecimiento de los crímenes coincidió con la aparición en la pantalla norteamericana de cada vez más policías y detectives corruptos.
Quizá por ello, la TV norteamericana parece dedicarse en la actualidad casi exclusivamente a lo que en inglés se denomina procedural dramas : ciclos policiales en los que el interés de la narración reside por completo en la investigación, contada paso a paso, incluso en términos de las peleas internas, los errores de juicio y hasta la omnipresente burocracia involucrada en el trabajo. Una fórmula que "La ley y el orden" (con su progresión de delito, investigación, captura, juicio y condena o absolución) ha convertido en un clásico con 15 años en el aire y que han continuado otros ciclos como "Crossing Jordan" (Universal), "NCIS" (AXN), "Medical Investigation" (Warner), "Da Vinci, detective forense" (Hallmark), "Testigo silencioso" (People+Arts) y las dos continuaciones de "CSI", en los que los especialistas que componen el elenco funcionan como distintas partes del detective original.
Sólo el tiempo dirá si la obsesión por la evidencia convertirá a las víctimas en simples reservorios de información o si, por el contrario, los policiales continuarán reflejando los avances de la ciencia (y los recursos narrativos de la TV). En cualquier caso, los forenses han encontrado el protagonismo que les ha sido esquivo desde que Watson hizo su primera autopsia y Holmes se llevó los laureles. "Los policías y los detectives tienen la mejor prensa. Nosotros estamos en la parte de atrás. Gracias a estas series, la gente se ha dado cuenta de que existimos. Digamos que nos levantaron un poco la autoestima", se ríe Vázquez Fanego.





