El humor es cosa seria
"Asaltan a un hombre y lo dejan completamente desnudo. Eso es comicidad. En cambio, lo dejan en camiseta y calzoncillos: eso es humorismo. Yo hago humorismo porque prefiero que la gente se quede, por lo menos, con la ropa interior."
El testimonio, recogido por Carlos Ulanovsky en el libro "Estamos en el aire. Una historia de la televisión en la Argentina", pertenece a Juan Verdaguer, alguien justicieramente llamado "el señor del humorismo", que hizo un culto de la sutileza a la hora de hacer reír.
A sus monólogos (parte fundamental de aquellos siempre esperados programas especiales que en otra época eran verdaderos acontecimientos del humor televisivo) no les faltaban ni la picardía bien entendida ni algunos juegos de palabras con doble sentido, siempre vestidos con elegancia.
Pero si algo quedaba en el televidente después de presenciar alguna de las celebradas rutinas de Verdaguer era, precisamente, la esencia de lo que distingue al humorismo de la comicidad, términos que hasta los análisis más rigurosos tienden a veces a considerar como sinónimos.
El diccionario de la Real Academia Española define al humorismo como la "manera de enjuiciar, afrontar y comentar las situaciones con cierto distanciamiento ingenioso, burlón y, aunque sea en apariencia, ligero". La comicidad, en cambio, es caracterizada como aquella "facultad que divierte o excita la risa".
Esta diferencia conceptual es una ayuda inmejorable para entender hacia dónde va el humor televisivo, que parece recuperar -tal como se indicó ayer en estas páginas- la fórmula clásica y tradicional del sketch como elemento básico.
A primera vista, lo que prevalece es el estilo expansivo que apuesta más al impacto fácil, al efecto inmediato, a la exageración y al grito que a las ocurrencias surgidas de una observación que sea, a la vez, irónica y discreta.
Es cierto que no todo es igual. Pero cierto ingenio para la parodia y algunas observaciones agudas sobre la realidad (que asoman, por ejemplo, en "Todo por dos pesos" o "Peor es nada") conviven, inclusive en esos mismos ciclos, con expresiones exageradamente ordinarias, como si se creyera que la risa es directamente proporcional a la suma de frases o palabras vulgares pronunciadas fuera de contexto, en vez de apelar al ingenio para evitar caer en ellas.
A esa falta de tacto hay que agregar las siempre incómodas muestras de humor que consisten en reírse a costa de alguien que no lo sabe. Comportamientos (apoyados en cámaras ocultas o "cómplices") que tienen mucho de mofa gratuita y muy poco de gracia.
***
En un estimulante debate sobre medios que tuvo lugar el domingo último en "Al filo de las ideas", por Canal 7, la cuestión del "pensamiento único" giró largamente alrededor de los comentarios sobre la TV de hoy.
Es cierto que allí el psicoanalista José Abadi, los periodistas Pablo Sirvén y Víctor Hugo Morales y el semiólogo Eliseo Verón se referían al tema, a propósito, sobre todo, de los multimedios. Pero la referencia al "pensamiento único" también es válida para definir, mayoritariamente, los modelos del humor que rige actualmente en nuestra TV. Para variar, no queda otra que dirigirse al pasado y encontrar en los viejos tapes de "Viendo a Biondi" una corroboración ejemplar de aquella frase iluminada de Juan Verdaguer.







