Entre la frescura y el talento
Si los chicos quieren / Programa de entretenimientos producido por Wintv/ Conducción: Julián Weich/ Escenografía: Edgardo Bonelli/ Edición: Gustavo Lostri/ Producción: Claudia Monteleone/ Dirección: Gustavo Peduto/ Producción ejecutiva: Andrés Gass/ Producción general: Alejandra Heymann/ Horario: Viernes, a las 22:30/ Canal: El Trece.
Nuestra opinión: muy bueno
Debe haber pocas cosas más nobles y dignas en la televisión que un buen programa de entretenimientos. Tal vez se deba a que la esencia misma del medio (la idea de entretener, a la vez sencilla y compleja) queda allí a la vista, puesta de manifiesto con más fuerza y claridad que en ningún otro caso.
Esa nobleza salta a la vista de inmediato en Si los chicos quieren por varios factores. El programa es divertido, ameno, didáctico, visualmente muy agradable, bien producido y mejor conducido. Julián Weich no sólo es el animador ideal para este tipo de envíos. Programas así dejan a la vista, por si faltaba alguna certeza al respecto, que Weich es el mejor conductor de la televisión abierta desde hace mucho tiempo.
La gran virtud de Weich es hacer distinto y original cada vez un esquema que con rumbo correcto siempre rinde, pero en manos equivocadas puede caer en la reiteración más tediosa. El juego consiste en dejar a la vista hasta qué punto los padres que participan pueden anticiparse al comportamiento de sus hijos (de entre tres y cuatro años) en un patio de juegos.
Gracias en buena medida al talento de Weich (y a su extraordinaria capacidad para adaptarse a cualquier mecánica de este tipo), el programa reivindica una clave básica e imperecedera del entretenimiento televisivo: hacer que la competencia por algún premio nunca deje de ser un juego ni para los participantes ni para los televidentes.
Y en relación con los chicos, este flamante ciclo de El Trece supera definitivamente un equívoco iniciado hace 14 años y hasta ahora irresuelto. En 1999, Agrandadytos instaló en ese mismo canal la peregrina idea de que podían compartir un mismo espacio un adulto hablando como si estuviera en un teatro de revistas y un grupo de chicos forzado a hablar de cosas propias de adultos. La natural gracia de los pequeños quedaba distorsionada detrás del obsesivo afán de hacerlos hablar de cuestiones sexuales. La maniática búsqueda del doble sentido era allí cuestión de adultos, no de chicos.
En cambio, aquí se trata a los chicos como tales. Weich se pone a la altura de ellos de verdad sin siquiera necesidad de tutearlos para extraer de ellos lo que son y lo que les sale a esa edad física y mental. Son más pequeños que los de Agrandadytos , pero la comparación deja todavía más a salvo este flamante ciclo frente a la desafortunada experiencia previa.
Y si por un lado una gigantesca confusión aparece superada, otra queda a la vista. En una TV abierta en la que cada vez más se ignora el horario de protección al menor, un programa que también se destaca frente a los demás por la posibilidad de que pueda ser genuinamente visto por la familia aparece a las 22.30 del viernes, y de hecho comienza todavía más tarde.
Un contrasentido que podría superarse, por supuesto, con un cambio de horario (¿por qué no un enroque horario con el A todo o nada dominical?). También podría ganar mucho este ciclo si se emitiera en vivo: a Weich, todo un experto en el arte televisivo de la espontaneidad y la repentización, le sobran espaldas para pilotearlo.
- 9,6
puntos de ratingconsiguió el programa anteayer. El promedio del ciclo en lo que va del mes alcanza los 10,6 puntos, según Ibope.
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