
La emisora, bajo el eje de lo provisional
Pantalla inestable y poder compartido
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Hace exactamente una semana, junto a la multitudinaria marcha que respaldó en la plaza Congreso el reclamo por la vida y por la justicia impulsado por Juan Carlos Blumberg, regresó a los primeros planos del interés de la opinión pública la situación de Canal 7.
La llamativa cantidad de mensajes y llamados que llegaron a LA NACION durante el apogeo de la movilización y en los días posteriores funcionaron como una suerte de termómetro social respecto de la actitud frente a ese hecho por parte del canal decano y oficial, que además es el único que llega a todo el país: todos coincidían en señalar que mientras el resto de las emisoras abiertas se hicieron eco de la marcha como en una suerte de virtual cadena nacional, Canal 7 no alteró en aquellas horas tan particulares su programación habitual y sólo más tarde interpretó la magnitud del reclamo y lo llevó a sus espacios de noticias y de actualidad.
Que en los días posteriores el caso Blumberg haya ocupado buena parte de la atención informativa del canal y que institucionalmente la propia emisora haya decidido adherirse a la "cruzada Axel por la vida" sumándose a la recolección de firmas para el petitorio presentado por el padre del malogrado joven, no logró acallar la disconformidad de muchos televidentes, despertó más de un debate en el seno del propio canal (se llegaron a anunciar al aire incidentes que nunca existieron cuando la marcha llegó hasta la Casa de la Provincia de Buenos Aires) y, sobre todo, puso una vez más sobre el tapete el sentido último de una emisora pública que todavía no logra encontrar su identidad ni definir su futuro.
Por estas horas, en las más altas instancias del canal oficial se definen los últimos detalles de un inminente y significativo cambio en la programación actual. Mientras tanto, al televidente puesto a seguir la realidad cotidiana de lo que ofrece Canal 7 le queda la sensación de que lo que se le ofrece en pantalla funciona bajo el signo de la inestabilidad, sobre todo en los horarios centrales. Allí, lo único fijo son los noticieros, y el resto de la grilla se arma casi siempre con programas especiales, documentales o realizaciones periodísticas, aunque siempre la programación puede alterarse aún más cada vez que se impone, como ocurrió el viernes último, la transmisión en vivo de algún discurso presidencial desde el interior.
Es posible que el espectador no lo pueda percibir cabalmente, pero los vaivenes de la actual programación no hacen más que reflejar el perfil bifronte que el canal adoptó desde que quedó conformada una conducción compartida entre dos gerencias de contenidos. Una, concentrada en las producciones de ficción y entretenimiento, está a cargo del autor y realizador Leonardo Bechini; la otra, que atiende el área informativa y todo lo que se denomina "no ficción", tiene como cabeza a Ana de Skalon.
Programación sorpresa
La fórmula de "sorprender" con una programación muchas veces imprevista y carente, como ocurre en los canales privados, de ejes de continuidad en los horarios centrales parece responder en buena medida a una deliberada estrategia que Skalon observó y aplicó durante su experiencia en la TV del Reino Unido. Hay un común denominador en esta programación que cambia todo el tiempo: se nutre ante todo de documentales y realizaciones especiales (la mayoría de ellas producida en forma independiente, aunque hubo algunas hechas con recursos propios del canal) que están en sintonía con las líneas fundamentales que desde el Gobierno se transmiten en materia de derechos humanos.
Y si bien desde la propia conducción informativa del canal se insiste en que la guía de esta atípica experiencia de programación pasa por la recuperación de la memoria en un sentido amplio (de hecho, para hoy, a las 22, se anuncia una investigación sobre la desaparición del estudiante Miguel Bru), la mayoría de los programas se concentra en la problemática de los años 70 y sus efectos actuales, en fuerte consonancia con las definiciones que en la materia se han hecho desde lo más alto del Poder Ejecutivo.
Este perfil también se aplica al renovado noticiero central del canal, ahora bautizado "Visión 7", que, por cierto, ganó en profesionalismo y criterio analítico con la incorporación de Rosario Lufrano. Tanto ella como Pablo Vigna, además de presentar los temas de cada día, entrevistan en los estudios a distintos invitados.
Anteanoche, por caso, mientras se hablaba del debate parlamentario sobre la seguridad y del reclamo sobre penas más duras, estuvo allí el padre de Mariano Wittis, una víctima de la violencia policial, junto a un especialista en violencia del Centro de Estudios Legales y Sociales.
Por estos días se habla en el canal de nuevos ciclos periodísticos que se sumarían al único programa formalmente de esas características que presenta hoy Canal 7, "Timerman, temas pendientes", con un amplio rango de invitados que incluyó a una mayoría de personalidades del llamado "arco progresista", pero también a Ricardo López Murphy y Rosendo Fraga.
Fuera de esta estructura oficial funciona uno de los pocos "históricos" de la emisora: el madrugador ciclo periodístico "Desayuno", producido por Eduardo Metzger y conducido por el siempre confiable Víctor Hugo Morales.
Fuera de la actualidad, Canal 7 es un auténtico "modelo para armar" en las áreas de ficción y entretenimiento, que afrontarán la mayor cantidad de cambios una vez que llegue la nueva programación. Aquí se mezclan logros y hallazgos en la apertura a expresiones culturales del interior, viajes y turismo (para el domingo, a las 22.15, se anuncia una representación de la Pasión desde los Valles Calchaquíes) y el magro resultado alcanzado por los magazines vespertinos "Compatriotas" (hoy confinado a las medianoches) y "Mc7", ya fuera del aire.
El resto es un variopinto mapa de dispar resultado que incluye algunos espacios culturales ("El refugio", "Los siete locos"), producciones de entes oficiales (el Instituto de Cine y la Secretaría de Cultura), programas de servicios que alientan el cuidado de la salud y los microemprendimientos más ciclos musicales de lo habitual en la TV abierta (aunque acaba de anunciarse el levantamiento de "Rockódromo", mientras las expresiones clásicas brillan por su ausencia) y uno de los mejores programas de toda la TV de 2003, "Científicos industria argentina", tal vez el mejor ejemplo en pantalla de lo que puede ofrecer hoy, entre el entretenimiento y la enseñanza, un canal oficial eternamente en busca de un rumbo.
Opiniones autorizadas
El jueves último, mientras se realizaba la multitudinaria marcha convocada por Juan Carlos Blumberg, Canal 7 no emitió en directo lo que ocurría frente al Congreso. El episodio volvió a poner sobre el tapete la pregunta: ¿el 7 es el canal del Estado o responde a los intereses del gobierno de turno? "Creo que ese episodio puede ser interpretado como una torpeza periodística, más que como una actitud oficialista", opina Juan Carlos Gené, que fue responsable de esa emisora en un breve período durante el gobierno de Héctor J. Cámpora. "Para terminar con esta sospecha habría que elegir a los funcionarios técnicos del Estado por concurso y con contratos renovables cada cinco años", agrega. Por su parte, Carlos Gorostiza, que dirigió el canal estatal en el gobierno de Raúl Alfonsín, sostiene: "Canal 7 debería integrar un ente que agrupe a los medios culturales del Estado". Más en general propone: "Lo que necesita el país es una nueva ley de radiodifusión. Sin eso hablar de este tema es hablar en el aire".
Cómo funciona
- Por primera vez hay una conducción artística bifronte, con un responsable en el área de noticias y otro en el ámbito de la ficción, ambos con iguales prerrogativas.
- Se transmiten en vivo todos los discursos del Presidente y se respaldan sus políticas, en especial sobre derechos humanos.
- La programación, que se renovará en parte próximamente, tiene abundancia de ciclos especiales y documentales.
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