
La familia argentina: lealtad y griterío
Son de Fierro , telecomedia. Idea original: Adrián Suar. Autores: Ricardo Rodríguez y Marcela Guerty. Dirección de fotografía: Pablo Storino y Julián García. Producción ejecutiva: Adrián González. Dirección: Rodolfo Antúnez y Jorge Nisco. Con María Valenzuela, Osvaldo Laport, Mario Pasik, Mariano Martínez, Felipe Colombo, Freddy Villarreal, Soledad Fandiño y elenco. De lunes a viernes, a las 21.30, por Canal 13.
Nuestra opinión: regular
Es complicado descubrir cómo ha cambiado -o cómo ha permanecido intacta, en el caso de la TV local- la definición de la familia argentina, esa que sirve como sustituto a la del público en la pantalla, a quien desde allí pretende celebrar, retraer a un tiempo mejor y más virtuoso y, por supuesto, explotar sus defectos en igual medida. Es bastante más fácil, sin embargo, descubrir que buena parte de la audiencia preferirá pensar a los Fierro como una versión caricaturesca de encarnaciones ya pretéritas que reconocerse en este grupo de personajes que parecen encarnar el catálogo completo de los defectos del "ser nacional", comenzando por su incapacidad de comunicarse más que a grito pelado.
Es su fuerte noción de lealtad y pertenencia al núcleo familiar, sin embargo, la única motivación dramática capaz de evitar que a los Fierro los devoren los de afuera y sostener en el tiempo sus bastante menos intensos conflictos, enunciados más que observados en sus primeros capítulos. Los tibios intentos de plantear algunas situaciones humorísticas y sugerir la relación que los une quedaron relegados por la necesidad de presentar a decenas de personajes que luego no tuvieron mucho más que hacer en pantalla (quizá la razón detrás de la despareja y cambiante marcación actoral de su elenco, al que no ayuda lo inverosímil de buena parte de las peripecias de su debut).
Los problemas de los Fierro comienzan cuando la vida en la residencia del impulsivo Martín (Osvaldo Laport), la sobreprotectora Lucía (María Valenzuela) y sus tres hijos, Juan (Mariano Martínez), la aplicada Sandy (Soledad Fandiño) y el irresponsable Lucho (Felipe Colombo), más el vago tío Angel (Freddy Villarreal), la estridente abuela Mimicha (Dora Baret) y el terco abuelo Martín (Juan Carlos Dual), se revoluciona con el regreso de un viejo amor de Lucía (Mario Pasik), que ha vuelto al país para ocupar un cargo en el Ministerio de Educación.
Pero no hay mal que por bien no venga: su interés por retomar la relación será lo que logre el nombramiento de Juan, el mayor, como maestro, relegado por su condición de no vidente. Este parece hasta el momento el único rasgo distintivo del personaje, algo problemático, dadas las dificultades que demuestra Martínez en su composición y su función de eje del otro romance de la tira. Aunque también es funcional a la trama: su ceguera permite que conozca -pero no reconozca- a la voluble adolescente (Vanesa González) de la que se enamorará sin saber que ya ha cautivado también a su hermano menor, inexplicablemente para el público, que se queda esperando descubrir las razones de otra emoción que, como el fuerte lazo que une a los Fierro, se queda en meras declaraciones de principios.






