
"La mamadera", en construcción
"La mamadera", programa dedicado al público infantil, con idea, conducción y dirección general de Julio Vaca Flor. Producción ejecutiva: Nene Vidal. Producción general: Eduardo Walger. Dirección: Diego Stok. Por Canal 7, los domingos a las 14.
Nuestra opinión: bueno
Es muy posible que quienes están acostumbrados al modelo clásico de programa infantil en el que un conductor interactúa con los chicos en un estudio de TV queden algo desconcertados al encontrarse por primera vez con el estilo algo desmañado y en apariencia vacilante elegido por Julio Vaca Flor para desplazarse por la escenografía de "La mamadera".
Como si a priori fuera consciente de esta situación, Vaca Flor abre el primer programa del ciclo en Canal 7 como si estuviera en un ensayo y los chicos que comparten el piso con él ignoran que realmente las cámaras los sacan al aire en ese momento.
El momento de anunciar el final de ese falso ensayo inevitablemente llega, pero esa instancia es menos importante que la voluntad implícita de llevar ese juego hasta las últimas consecuencias, dato que basta y sobra como para seguir con atención de aquí en más el camino que acaba de iniciar "La mamadera" en Canal 7.
Lo que hasta ahora se sabía de este programa es su trayectoria de más de una década en Rosario -ciudad en la que Vaca Flor nació y llevó adelante una reconocida actividad en el campo del humor gráfico- y la buena respuesta que ganó entre estudiantes y educadores, con premios incluidos.
En términos generales, la llegada de "La mamadera" a Canal 7 puede verse como otra muestra de la saludable apertura exhibida en los últimos tiempos por la emisora oficial hacia las poco conocidas expresiones televisivas del interior. Pero tal vez sea más importante todavía mirar este programa como demostración de que es posible apelar a los chicos desde un lenguaje de genuino color local y fácilmente reconocible, como lo viene haciendo con buen pie en Canal 13 el clown cordobés Piñón Fijo.
Propuesta de amplio alcance
Contra lo que podría imaginarse, "La mamadera" no está dirigido exclusivamente a los más chiquitos: su rango de interés es amplio e incluye hasta a quienes ya frecuentan la escuela media. Al charlar con ellos, Vaca Flor parece estar todo el tiempo buscando la frase precisa y con su tono vacilante deja la sensación de que se abre más de un incómodo tiempo muerto, pero al conductor parecen preocuparle menos sus propios balbuceos que salir sin apuro en busca de alguna respuesta. Y aunque a veces cuesta encontrarla, los chicos responden con naturalidad a esa invitación: no se sienten incómodos ni siquiera para contradecirlo.
Algo que habla muy bien de "La mamadera" es la explícita decisión de no seleccionar previamente a los chicos que participarán del programa. Esa renuncia expresa al casting deja al desnudo los serios problemas padecidos por los programas que sí aplican esa fórmula: basta comparar la calculada elaboración de cada secuencia de "Agrandadytos" (que siempre forzó comportamientos infantiles para ponerlos exclusivamente al servicio del humor de dudoso gusto de Dady Brieva) con la desordenada naturalidad de esta flamante propuesta. Aunque la respuesta final de los chicos a la sucesión de preguntas disparadas por Vaca Flor (en este caso sobre la conveniencia o no de quedarse en el país) resultó plausible, el tránsito hasta ese resultado mostró en más de un tramo alguna confusión que puede volverse en contra del programa, como se vio en la sección "TNene", más atractiva en su potencial que en los resultados.
Este hecho salta a la vista si se lo coteja con la muy lograda realización de dos notas hechas en exteriores: una sobre los problemas de una escuela de San Pedro que se levanta a la vera de la ruta 9 y el primer envío de la serie "De tal palo tal astilla", donde el cantante Piero y su hijo hablaron sobre legados y herencias con una chica de gran perspicacia para preguntar.
Por su espontaneidad y por la atípica franqueza de su propuesta, aun con visibles vaivenes, "La mamadera" merece verse con atención y sin prejuicios a partir del hermoso tema de Héctor de Benedictis que viste la apertura y el cierre.






