
La nueva definición de la serie de culto
Cada uno tendrá su favorita.Porque las series actuales, con su desmesura y su ambición, atrapan hasta el fanatismo, cautivan en profundidad y anidan allí el secreto que las hace durar, y perdurar.
Aquí están reflejadas dos, de carácter masculino, pero validez universal. La soberbia, los secretos y la decadencia de un cuarentón encarnadas en Don Draper, el protagonista de Mad Men , le dan a la serie una densidad humana que trasciende la trama de publicitarios venidos a más, alcohol a deshoras y pasiones profesionales y sexuales. Los pollos hermanos, la cadena de comida rápida que está en el centro de la trama de Breaking bad , también es, literalmente, una fachada. Detrás se esconden el negocio de la metaanfetamina, sí, pero también la amistad masculina como asunto ético integral, reduciendo a la mítica Friends a una estudiantina sin mucha picardía. Pensemos en Boardwalk Empire , protagonizada por Steve Buscemi: el contrabando en Atlantic City es apenas un buen decorado. La traición y el deseo están agazapados detrás del tráfico de alcohol. O, si prefieren, en Lost : la isla desierta era una escenografía de la lucha entre nosotros y Los Otros, despiadada, densa, visceral, absoluta.
En definitiva, coptando lo mejor de los grandes relatos cinematográficos, usurpando las grandes miserias y virtudes humanas, redefinen la serie de culto y, si nos descuidamos, la cultura actual en su conjunto: nos programan para ver la vida en serie, semana tras semana, esperando o desesperando por capítulos que nos resuelvan, también, algunos de nuestros enigmas cotidianos.






