
Lalola apuesta por un cambio
Lalola , comedia dramática sobre una idea de Sebastián Ortega para Underground. Autores: Pablo Lago y Susana Cardozo. Coordinación autoral: Esther Feldman. Coautora: Marisel Lloberas. Participación autoral: Daniel Dátola. Con Carla Peterson, Luciano Castro, Rafael Ferro, Lola Berthet, Muriel Santa Ana, Víctor Malagrino, Luis Ziembrowski, Sandra Ballesteros, Marcela Kloosterboer. Dirección de arte: Julia Freid. Producción ejecutiva: Mónica Faccenini. Producción ejecutiva: Pablo Culell. Producción general: Celina Amadeo. Una producción de Dori Media Contenidos por América, al término de RSM .
Nuestra opinión: buena
La idea original de Sebastián Ortega que está en el origen de la primera ficción del año puesta en el aire por América tiene conexión directa con dos antecedentes cinematográficos surgidos de Hollywood: la muy popular en su tiempo Hay una chica en mi cuerpo ( All of Me , 1984), de Carl Reiner, en la que el espíritu de una excéntrica millonaria se reencarna en el cuerpo del abogado que interpreta Steve Martin, y la mucho menos vista Una rubia caída del cielo ( Switch , 1991), de Blake Edwards, donde un incorregible donjuán asesinado por tres amantes regresa a este mundo conservando de masculino sólo el alma, porque su cuerpo luce la muy femenina figura de la rubia Ellen Barkin.
Aquí, el seductor empedernido se llama Lalo Padilla (Juan Manuel Gil Navarro, presente sólo en el capítulo inicial y repitiendo, casi, su papel de Historias de sexo de gente común ) es el exitoso creativo en jefe de una revista dedicada al mundo fashion resuelto a no formalizar con ninguna de sus múltiples conquistas. Pero una de ellas (la desabrida Marcela Kloosterboer) quiere hacerle pagar caro el desaire y recurre a un conjuro para que literalmente de la noche a la mañana Lalo se convierta en Lola (la rubia Carla Peterson) y experimente lo que significa ser hombre en un cuerpo de mujer.
Este avatar inicial es el más dramático de un relato que empieza a virar claramente hacia la comedia de equívocos. La trama pasa por múltiples manos (a los cuatro autores citados más arriba se agregan otros tantos guionistas en los créditos finales), pero todavía no consigue sortear algunos lugares comunes y, sobre todo, la reiteración de situaciones que parecen resueltas a las apuradas, como si no hubiese tiempo suficiente para trabajarlas con mayor detenimiento. Nada que sorprenda demasiado a un televidente ya acostumbrado a ver cómo en las tiras locales algunas escenas suelen "sacarse de encima" sólo a partir del desarrollo de unas pocas líneas básicas.
Este panorama deja librados a su suerte a algunos personajes, de la mencionada Kloosterboer a la no menos pálida Muriel Santa Ana, cuya Grace (la compañera y única testigo de la metamorfosis del protagonista) cambia de tono arbitrariamente y, a la vez, encarna a una muy poco convincente locutora.
Un poco más de fortuna exhibe el mundo concentrado en la redacción de la revista de marras, donde tiene lugar gran parte de la historia. Aquí, Rafael Ferro se perfila como un villano creíble y divertido, Luis Ziembrowski juega siempre al borde del grotesco la risueña caracterización de un ejecutivo bastante desaliñado, y Sandra Ballesteros y Lola Berthet tienen personajes con alguna identidad.
Si todos estos vaivenes, lejos de desanimar al público, determinaron que el rating haya crecido en el crucial tránsito del primer al segundo episodio, la explicación hay que buscarla en el tono siempre ágil y liviano de la trama, en la atractiva musicalización elegida para vestir algunas escenas y, sobre todo, en el hábil aprovechamiento de las confusas y ambiguas derivaciones del cambio de sexo.
En este sentido, buena parte del atractivo de Lalola descansa hasta aquí en la actuación de Carla Peterson, segura para manejar con todo el cuerpo los trazos más exteriores de su nueva condición, graciosa a la hora de explotarlos como recurso para provocar situaciones de comedia y con medios a su alcance para desarrollar de aquí en más la interioridad del personaje.
En cambio, al papel del simpático y entrador Luciano Castro todavía le falta espesor para ser visto de inmediato como la otra mitad de la pareja protagónica. Su afectuoso, romántico y bienintencionado Facundo todavía parece uno más en el reparto de esta válida apuesta por la ficción, sobre todo por haber sido estrenada en un contexto tan adverso al género.





