
Las grandilocuentes patas de la mentira
Especial de Rodríguez Arias en Canal 7
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"Las patas de la mentira", censurado en democracia desde 1997. Así de pretenciosa fue la presentación que de sí mismo hizo el programa especial de "Las patas de la mentira", producido por Miguel Rodríguez Arias y emitido anteanoche por Canal 7.
Y el programa empezó así y se despidió de manera no menos grandilocuente. En el final, un texto rezaba: "Objeto de la investigación: exponer a la luz la trama secreta de los discursos públicos del período 1989-1999. Metodología: grabación y monitoreo permanente de nuestros archivos de imagen y palabra. Es norma de rigor de este equipo de investigación no desvirtuar en la edición el contenido de los discursos de los funcionarios, periodistas y comunicadores, objeto de nuestro trabajo. Varios programas de televisión banalizan la herramienta del discurso oscureciendo la percepción de las personas. Luego de 20 años de labor ininterrumpida es pública la independencia de este equipo de investigación, cuyo principal objetivo es el enriquecimiento de la percepción de la realidad política, económica y social del país".
¿No será mucho?
Para empezar, no tener lugar en la grilla de ningún canal no es sinónimo de censura. La mayoría de las veces -sobre todo, en la TV privada- significa no ser un buen negocio.
En cuanto a los contenidos, debe señalarse que todo recorte de un discurso es arbitrario y, por lo tanto, implica una "opinión" del editor. Además, todo recorte despierta -o debería hacerlo- de parte del espectador una sospecha, es decir, el público no tiene por qué creer que el discurso no ha sido descontextualizado porque, aunque efectivamente no lo haya sido, no tiene pruebas de ello.
Por añadidura, y a pesar de que algunos fragmentos discursivos valen por sí solos -los actos fallidos-, no deja de ser arbitraria la decisión de repetirlos una y otra vez. (Es tan arbitrario eso como emitirlos una sola vez o no emitirlos en absoluto.)
Hechas estas salvedades, que ponen a "Las patas de la mentira" más cerca del entretenimiento que del "enriquecimiento de la percepción de la realidad política, económica y social del país"; hechas estas salvedades, decíamos, vale reconocerle al especial la inquietud de recordar, siempre desde lo fragmentario, cómo era aquel discurso cultural imperante en la década menemista. De esa etapa, dos frases fundamentales: "Con el esfuerzo de todos los argentinos, nada de lo que debe ser estatal permanecerá en manos del Estado", de Roberto Dromi, y "El presidente es garante de la transferencia (en lugar de transparencia) del sistema republicano", de Carlos Menem.




