
Marcelo Tinelli: 20 años de un éxito que nunca se imaginó
Su ciclo insignia, el ahora llamado ShowMatch, comenzará mañana su vigésima temporada, para la que volvió a convocar a muchos de sus más conocidos y estrechos colaboradores de estos años
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Veinte temporadas atrás, luego de que Gustavo Lutteral se bajara del proyecto a última hora, Marcelo Tinelli era convencido por Gustavo Yankelevich para hacerse cargo de un programa deportivo que se daría en las medianoches de lunes a viernes, por Telefé. Se trataba del noticiero televisivo de la revista El Gráfico que se realizaría con imágenes y producción de la cadena de deportes ESPN y al que bautizaron VideoMatch .
"Yo fui con mi saquito y mi corbatita dispuesto a no moverme de eso. Por esa época, no entraba en mi cabeza la idea de que yo pudiera hacer algo fuera del periodismo deportivo. Si me hubieran dicho lo que iba a venir después, hubiera salido corriendo. La idea de presentar musicales o hacer humor en cámara por ese entonces me daba vergüenza. Yo era un tipo tímido, que se ponía colorado por cualquier cosa", recuerda el Tinelli de estos días, conductor de ShowMatch (nombre con el que se rebautizó VideoMatch ) uno de los ciclos con más audiencia de nuestra televisión y dueño de una productora en la que trabajan 500 personas y que genera ciclos para la Argentina y el exterior.
-¿Con quién compartirías créditos por esta trayectoria exitosa?
-En primer lugar, con mi viejo, que me inició en la labor de periodista deportivo, que derivó en este conductor que soy hoy, y me inculcó este amor por la tele, la radio y la prensa gráfica. Después, a mi abuelo que era dueño de un diario. Más cerca en el tiempo, a Juan Alberto Badía, que fue la persona que me dio la oportunidad de poder experimentar fuera del periodismo deportivo. El, allá por 1984, me hacía aparecer con Lambetain o presentar a Lerner, a León Gieco o a Spinetta. Después, en los 90, a Gustavo Yankelevich, que me dio la oportunidad de ser alguien importante en la tele. Me permitió no sólo ser conductor, sino que cuando la gente de ESPN dejó de producir VideoMatch, que por ese entonces no medía nada, me dijo que yo iba a ser el productor del programa. Yo le dije que no sabía nada de eso, y quería renunciar. El insistió y me dijo que apostaba a que yo podía producir el programa.
–Y la pegó muy bien.
(Sonríe.) –Sí, por suerte. Y aunque quede muy trillado, también le tengo que dar crédito en este éxito al público que nos sigue desde hace tantos años, porque si eso no sucediera, no habría ningún éxito.
–¿A qué le atribuís tu capacidad para aprender tan rápido lo que te va exigiendo el medio?
–Me cuesta marcar un atributo que sea el que haya generado esto. Creo que hay un montón de factores que se van dando para que las cosas lleguen a un lugar. Posiblemente, la capacidad empresarial la haya heredado de mi abuelo. Por otro lado, la capacidad periodística de lo que aprendí con mi viejo o lo que mamé cuando trabajaba con Juan Alberto. Pero también el éxito es consecuencia un poco de haber estado en el momento justo en el sitio indicado.
–¿Cómo fue eso?
–Por ejemplo, en 1991, cuando Yankelevich necesitaba un programa para cubrir la noche de los domingos y me propuso hacer Ritmo de la noche. Ahí vino la gran explosión. De hacer 14 o 15 puntos, que es un muy buen puntaje para las 12 de la noche, pasamos a hacer 40 puntos. Ahí sí se produjo una transformación muy grande.
–Y también aparecieron las críticas: desde las que hacían a algunas cámaras ocultas hasta las más recientes, a los cortes de pollera o la participación de los enanos. ¿Vos rechazás todas o hay alguna que te parezca pertinente?
– No a todo el mundo le gusta lo mismo. Lo que puedo decir es que en 20 años uno pudo hacer cosas buenas y otras que no han sido tan buenas. Lo importante, cuando uno se da cuenta de que algo no está bien, es poder corregirlo. En un mismo género, como las cámaras ocultas, por ejemplo, hay algunas que me gustaron y otras que no. O con el corte de pollera el año pasado. Llegó un momento en que sentí que no iba y lo dejé de hacer. Pero cuando se hace un programa de televisión, no se puede estar tan pendiente de la mirada del otro.
–Pero no podés obviar la mirada de la gente.
–Justamente, creo que la gente no ha tenido una mirada tan crítica en estos 20 años, como la tuvieron los medios. Los números lo reflejan así. Pero así como hubo críticas, a mí me gustaría iluminar algunas cosas buenas que tuvo el programa.
–Contame.
–Por ejemplo, la permanencia. Estar festejando 20 años de un programa no es poca cosa. Los continuos cambios que le fueron dando vitalidad al ciclo; el haber sido una cantera de humoristas; el habernos reciclado en los últimos años y habernos convertido en el gran show de la televisión argentina, con un despliegue de producción del que estamos orgullosos.
–Todo eso, con muy buena audiencia. ¿Para vos hay algún límite que no traspasarías para conseguir rating?
–Con este tema, hay algo que quiero que quede claro: yo trabajo para el rating. No me da vergüenza eso. No soy como esas personas hipócritas que dicen que lo que les importa es el producto y que del rating se preocupe el canal. La verdad es que a mí me gusta tener un buen producto y que haga buen rating. Si hiciera teatro, querría hacerlo con la sala llena. En mi programa, si traigo a un cómico importante, lo hago para tener rating. También puede ser que el corte de polleras lo haga por eso. Con esto último, puede ser que uno en algún momento exagere, pero, al darse cuenta, lo importante es parar y volver para atrás. Respecto a tu pregunta, seguramente hay cuestiones muy profundas con las que no me metería para conseguir rating, como la salud, la pedofilia, las drogas y un montón de otras.
–En los últimos días, algunos medios opinaron que haber sacado a la luz tu separación fue para conseguir rating para tu programa.
(Sonríe con desgano.) –Sí. Me río de eso. Cada uno es libre de pensar lo que quiera. Jamás haría una cosa así, pero si alguien quiere pensar que es así, que lo haga.
–¿Y de los rumores de romance con Eunice Castro o Liz Solari?
Me parece lastimoso que hagan correr esos rumores tan alejados de la realidad. Lo entiendo como parte del negocio de alguien que necesita vender un par más de ejemplares de una revista o promocionar una página de Internet. Lo único que me importa es que no les hagan mal a mis hijos o le falten el respeto a Paula. Después, que hagan lo que quieran.
–Estás tan entusiasmado con los preparativos del ciclo de los 20 años que lo demás te resbala.
(Asiente.) –El trabajo me ayuda en este momento. Más allá de la cuestión personal, dolorosa, de mi separación, tengo la posibilidad de divertirme con el programa. Es muy loco todo. Por momentos, siento que estoy participando en el programa de Blackie, Volver a vivir, y por momentos siento que nunca dejamos de estar juntos y que estas mismas cosas las hicimos siempre. Esto me tiene muy movilizado, muy ansioso. Es todo un cosquilleo interior lindo, que me encanta.
–Una de las cosas que preparan es la vuelta del humor político con Gran cuñado. ¿Por qué en esta etapa del gobierno de los Kirchner y no antes?
–Porque en el formato del programa en los ultimos años no tenía cabida ese humor.
–¿No te preocupa la susceptibilidad de este gobierno?
–Lo que espero es que todos los que estén reflejados en el sketch, porque no va a estar reflejado sólo el Gobierno, tengan sentido del humor. Con el ex Presidente tengo una muy buena relación. A Cristina no la conozco, pero a él sí y siempre nos llevamos bien. Espero que siga así.
–¿Y cómo es tu relación con Suar? ¿Compiten mucho?
–Con Suar competimos siempre, pero siempre fuimos amigos. Desde que trabajamos en el mismo canal, cada uno tiene en claro su territorio. Tenemos una muy buena relación en la que alguna vez hemos tenido algunas diferencias, pero que han sido pocas y se arreglaron perfectamente. Admiro profesionalmente a Suar y me gusta trabajar con él.
–Entonces, hay ShowMatch en el 13 para varios años más.
(Se encoge de hombros.) –Eso se irá definiendo en el momento. Con el canal, tengo 4 años más de contrato. Para que continúe haciendo esto, yo tengo que sentirme motivado por este programa. Por ahora, me pasa.




