Noticias con demasiada opinión y poca reflexión
"Después de hora" , programa periodístico conducido por Daniel Hadad. Participan: Eduardo Feinmann, Antonio Laje, Noel Pintos, María Isabel Sánchez, Pablo Duggan y Rolo Villar. Producción ejecutiva: Daniela González. Por América, de lunes a viernes a la medianoche.
Nuestra opinión: regular.
"Señor Daniel Hadad, usted va muy rápido", disparó hace algunos días una televidente al conductor de "Después de hora". Tras leer el mensaje, éste se comprometió a levantar el pie del acelerador y a resignar parte del vértigo cuestionado.
Sin embargo, pocos minutos después y con una actitud que conserva hasta hoy, Hadad volvió hacer explícita su voluntad de insuflar a la emisión un ritmo casi frenético, que deja la sensación de que todos, comenzando por él mismo, pasan el tiempo corriendo contra el reloj.
Por aquí pasa el primero de los rasgos que caracterizan este resumen noticioso de fin de jornada concebido con opinión, informalidad, humor y el claro propósito de diferenciarse del tono más serio y adusto que asoma en "En síntesis", con el que sólo hay un punto de coincidencia: la "historia del día", bautizada así en ambos programas.
Formato curioso
Ya está claro que "Después de hora" ajusta sus contenidos al cumplimiento estricto de su curiosa duración (45 minutos), y que la rapidez es presentada como una virtud y no como un potencial riesgo alrededor del cual se pueden restringir secciones o dejar cuestiones a medio tratar, como ha ocurrido en más de una ocasión.
El otro aspecto que no puede soslayarse es una impronta claramente dependiente del estilo que Hadad impuso en Radio 10, junto a la cual "Después de hora" aspira a funcionar en claro tándem.
Este condicionamiento, ya anotado en estas páginas en el momento de la emisión inaugural, está lejos de atenuarse. Por el contrario, se acentúa con el tiempo, al punto que no habría inconveniente para seguir los tramos fundamentales del programa sin quedaran privados de imagen.Sus efectos serían casi similares.
Basta con seguir cómo las cámaras registran la mesa oval en la que están instalados Hadad y su equipo. Lo hacen con movedizos planos generales que siguen una secuencia fija y que parece rigurosamente planificada.
Desde ese lugar, Hadad reparte el juego todo el tiempo: abre cada segmento, pregunta por la temperatura o los sorteos de la lotería, alterna todo el tiempo la información con un humor que va de lo ingenuo a lo zafado y reparte el juego entre sus compañeros en forma muy parecida a cómo lo hacía desde la radio con "El primero de la mañana", algunos de los cuales pasaron de ese ciclo a la TV.
En el tratamiento de la actualidad, el programa sigue la tendencia que caracteriza a la mayoría de los informativos de nuestra TV, en los que cada vez se agregan más elementos de puesta en escena (música, testimonios, montaje) a noticias dichas y comentadas por lo general con tono dramático.
Pero aquí esta cuerda se tensa hasta el extremo, porque en "Después de hora" informar y tomar partido es, definitivamente, la misma cosa. En el resumen de cada noche, leído con voz encendida y dividido en dos compendios y cuatro secciones de breves, casi no hay diferencias entre la descripción de un hecho y su adjetivación, como si cada noticia fuera un editorial en sí misma.
De este recorrido informativo, mirado sin ojos neutrales aun en secciones como "sin comentario" (en la que no hay voces en off acompañando a las imágenes), surge una lista de nombres y organizaciones sobre las cuales se cargan críticas y culpas inmediatas casi diariamente. Están Cavallo, Ibarra, Fidel Castro, los jueces y funcionarios garantistas (la inseguridad es una de las obsesiones del programa), los piqueteros y los manifestantes de cualquier tipo.
Mecanismo ajustado
En favor de "Después de hora" hay que decir que exhibe una sincronización pocas veces lograda un ciclo diario realizado íntegramente en vivo (todo funciona como en un mecanismo de relojería) y que son muy logradas las secuencias humorísticas de apertura con textos de actualidad e imágenes tomadas de conocidos films, recurso ya explotado en "El hombre del doblaje" y en "El show de Videomatch". Aquí, como en otros tramos, se luce el talento para el humor y las imitaciones de Rolo Villar.
Pero, a la vez, se hace difícil mirar "Después de hora" con los ojos neutrales de quien sólo busca informarse. El programa obliga al televidente a adoptar la posición nada cómoda de tomar partido de inmediato, aunque es visible que este tono se atenuó algo en los últimos días.
El sesgo que adopta el tratamiento informativo conduce inevitablemente a tomas de posición desde las cuales parece difícil el intercambio de opiniones, circunstancia sólo alterada cuando Eduardo Feinmann encontró en varios de sus compañeros una fuerte oposición a su postura contraria a la ley de salud reproductiva recientemente aprobada en la Cámara de Diputados.
A la vez, el perfil general del programa impone una uniformidad que diluye diferencias o matices. Se tratan casi de la misma manera los encendidos y por momentos alarmistas trascendidos políticos de Feinmann, las referencias económicas (a veces excesivamente cargadas de tecnicismos) de Antonio Laje o los comentarios deportivos al paso que Noel Pintos viste con alguna ordinariez.
La prisa que propone Hadad impide detenerse en las cuestiones más trascendentes para profundizarlas, por lo que no le vendría mal al programa algún segmento más o menos amplio con reflexiones de tipo editorial para separar los tantos y distinguir lo que es información y lo que es un juicio valorativo.
Semejante prisa, además, contribuye a confundir el rumbo. Que Estela Montes y Mónica de Alzaga hayan quedado rápidamente al costado luego de cumplir un papel confuso o poco aprovechado habla de indecisiones que debieron resolverse antes de poner el programa en el aire y no cuando éste ya está en marcha, a fin de evitar innecesarios manoseos.
Esta precipitación, en definitiva, no es buena consejera y condiciona (junto con una machacona y estridente música de fondo) la aspiración de Hadad de hacer el programa comprensible para la gente sencilla que tanto invoca como destinataria de su mensaje televisivo de cada medianoche.






