
Para Decisiones , la vida es una telenovela
Decisiones , ciclo de unitarios con elenco rotativo producidos por Telemundo. De lunes a viernes, a las 22, por Canal 9.
Nuestra opinión: regular
Si hay algo que Decisiones prueba con suficiencia es que hasta el verosímil de la novela norteamericana hispanohablante -uno de los más elásticos que pueda encontrarse hoy en día en la TV- tiene un límite. Y éste se encuentra en el lugar en el que se ubica este anquilosado ciclo de unitarios con elenco rotativo inspirado en historias de la vida real, en las que "el protagonista es usted", según aseguró en su debut la presentadora Candela Ferro.
En su debut, la historia se centró en una sufriente ama de casa con dos niños pequeños, insatisfecha con su vida, a quien su inescrupuloso marido -adicto al sexo es el diagnóstico- engaña con cuanta modelo pase por la agencia publicitaria en la que trabaja, cuya extensa carga horaria sirve de recurrente -y más bien tenue- excusa para sus escapadas amorosas, inmortalizadas en su colección de videos hogareños. Todo indica que nada puede salirle mal al hombre hasta que su esposa decide remozar su look como regalo de cumpleaños. Tal decisión termina reuniéndola con un viejo amor, que le brindará la oportunidad de igualar los tantos y recuperar la autoestima.
No son necesarios más que un par de minutos de miradas crispadas, diálogos absurdos y vueltas de tuerca que bordean lo desopilante para asegurarse de que las distinciones que pretende entablar Decisiones para con sus congéneres de la primera tarde del canal son mínimas. Se limitan apenas a la presencia de sutiles dosis de erotismo y de situaciones que sugieren tímidamente que la vida real puede llegar a exceder los parámetros del género como lo entiende este ciclo, al que su horario (tradicionalmente identificado aquí con la mayor apuesta de ciclos de ficción de cada emisora) le juega sin dudas en contra.
El invariable final feliz se encarga de confirmar que su propuesta -pese a las protestas en contrario de su conductora- se encuentra tan en las antípodas del realismo como lo está de la naturaleza el color naranja subido que invade inexplicablemente la tez de sus protagonistas cada vez que se encuentran bajo techo.




