Por ese romántico palpitar...
"Máximo corazón", de Telefé, tuvo anteayer un muy buen comienzo
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Hacer un buen primer capítulo de una telenovela no es tarea sencilla. De hecho, los culebrones suelen hacer agua el día del debut. La ansiedad por presentar la trama, a los protagonistas y hasta a los personajes secundarios; la indecisión a la hora del montaje (qué dejar, qué descartar), y la voluntad de ser, además, efectivo, desembocan por lo general en una presentación desordenada, incompleta y plagada de escenas efectistas.
Todo lo descripto hasta aquí no sucedió anteayer en el debut de "Máximo corazón", la telenovela de Telefé con Gabriel Corrado, Valeria Bertucelli y Cecilia Dopazo, que logró anteayer 12,4 puntos de rating (quedó segundo en audiencia, detrás de "Telenoche", que midió 20 puntos). Con un capítulo presentación contundente, de los que hace tiempo que no se veían en la pantalla chica, la historia de "Máximo corazón" fue desplegada con una gran economía narrativa de escenas cortas y concretas, sin olvidar, a la vez, la carga emocional y los recursos estéticos necesarios para atrapar al espectador.
Pobre corazón
El capítulo abre en un hospital: Máximo (Gabriel Corrado) sigue con desesperación las tareas de los médicos que intentan salvar a su esposa Lucila (Emilia Mazer). En tanto, Luján (Valeria Bertucelli), postrada en una cama de otro hospital, espera recibir un nuevo corazón. Escenas de tensión. Planos elaborados, movimientos de cámara más ligados al drama que a la telenovela.
Un oportuno retroceso en el tiempo sirve para ver cuánto se querían la pareja de Máximo y Lucila, que habían ido a pasar unos días en su chacra a la vera del mar. Escena romántica de planos largos, poco elaborados, clásicos, típicos de telenovela.
Esa mirada retrospectiva incluye el momento en que la camioneta que maneja Lucila es interceptada por dos delincuentes que le disparan impiadosamente.
En tanto, la vida de Luján a duras penas sigue. Como un acto de fe y amor se casa desde su postración con el acaudalado Arturo López Paz (Jorge Marrale). Ella va perdiendo la esperanza de seguir con vida.
Máximo recibe la noticia de la muerte de su esposa. El mismo médico le comunica que su mujer era donante de órganos y lo insta, a pesar del dolor, a cumplir con esa voluntad.
Arturo ha amanecido junto a la cama de su esposa. Esa ha sido su noche de bodas. Luján, cada vez más débil, siente que nunca aparecerá el donante. Las puertas del hospital costeño se baten al paso del personal del Incucai que traslada el corazón, de urgencia, hacia Buenos Aires. De ahí un vuelo en helicóptero y de allí al cuerpo de Luján, que sobrevive.
Impecables fueron estas dos secuencias -la tragedia de Máximo y el drama de Luján-, paralelas y convergentes, cerradas con la magnífica hazaña de la donación, todo fruto del talento de los autores Claudio Lacelli y Oscar Tabernise, y enmarcado por una espléndida musicalización.
La vida continúa
Máximo intenta seguir con su rutina doméstica y laboral. Retoma su trabajo en la pequeña agencia publicitaria de la que es dueño, y se muda a un nuevo departamento con la ayuda de dos amigos destinados a ser los simpáticos de la tira: Basilio (Diego Peretti), un artista sensible, y Pablo (Guido Kaczka), un abogado práctico.
La primera noche verdaderamente a solas de Máximo -después del funeral, después del entierro, y de vuelta en Buenos Aires- es interrumpida por Olivia (Cecilia Dopazo), que se ha escapado de la casa de su novio saltando de balcón a balcón. Máximo la ayuda pero se deshace de ella rápidamente. Olivia ha quedado interesada y sólo para espiar a este vecino regresa al día siguiente a la casa de su novio, Felipe (Federico Olivera).
Luego se sabrá que Felipe, que no es trigo limpio, trabaja en la gran agencia publicitaria del padre de Olivia, que tampoco es un ejemplo de ética. Y resulta que el padre de Olivia no es otro que Arturo, es decir, el esposo de Luján, que no se lleva tan bien con su marido y que inexplicablemente ya no prefiere las rosas rojas sino las fresias (eran las favoritas de Lucila).
Y hablando de Luján... Tratando de recuperar el tiempo y el aire libre perdidos por tantos meses de enfermedad, la chica anda en bicicleta de aquí para allá. Casi tanto como Máximo en su auto. El la choca. Apenas. Pero basta para presentarlos en la forma romántica e intensa que lo hacen las telenovelas. Ella se queja de un dolor en el pecho y se desmaya en brazos de Máximo. Continuará.





