
Psicología para aficionados
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"El buscador", talk show con Jorge Bucay. Coconductora: Gabriela Rádice. Asesor de contenidos: Ernesto Vitale. Iluminación: Norberto Máspoli. Escenografía: Edgardo Bonelli. Posproducción: Leandro Santagada. Producción ejecutiva: Pablo Martins, Sebastián Raponi. Dirección: Gustavo Cotta. Una producción de Promofilm. Lunes a viernes, a las 14, por Canal 13.
Nuestra opinión: bueno.
Jorge Bucay es psicólogo y entre sus pacientes tuvo a Marcelo Tinelli. Jorge Bucay es autor de libros de autoayuda, que en las listas de ventas suelen estar en los primeros puestos. Jorge Bucay se adivina como un hombre que disfruta de estar en el centro de la escena y tiene la suerte -o el talento- de darse ese gusto.
Con ese criterio, es decir, ubicando a Jorge Bucay donde más cómodo se siente, se ha armado "El buscador". El psicólogo es, por lo tanto, el centro de la escena. A su alrededor, un tribuna circular de mujeres/panelistas/alumnas (ciertamente puede encontrarse alguna excepción de hombre/panelista/alumno) le hace preguntas y comentarios.
Bucay, entonces, se convierte en un dispositivo de mirada circular y oído atento que capta y resalta esos dichos siempre y cuando estén al servicio de la argumentación que tiene prevista desarrollar. Y esto es así porque justamente cada emisión está dedicada a desentrañar un tema central como la envidia, la violencia o la rutina, por citar algunos ejemplos.
Esta suerte de clase magistral que brinda Bucay se apoya en esquemas que el psicólogo reproduce en un pizarrón. Pero no es mucho lo que termina escrito negro sobre blanco. Por eso la presencia del pizarrón aparece como un elemento menos funcional que simbólico, ya que es un signo más agregado a la pretensión didáctica del programa.
Lo bueno y lo malo
De modo que "El buscador" es una suerte de manual de psicología para aficionados, algo aceptable para una emisión tan masiva como la televisión abierta que no puede darse el lujo -al menos dentro del panorama actual- de presentarse con el rigor de la educación a distancia.
Pero, aun considerado como un producto simplificador de un asunto tan complejo como la conducta de las personas, "El buscador" tiene de positivo el hecho de que invita a la reflexión y a descubrir la existencia de puntos de vista diversos. En este sentido, si una espectadora plantease "mi marido me miente", puede suceder que termine pensando que su marido, antes que nada, "miente" y no solamente a ella. Esta es una forma sencilla de comunicar que no siempre corresponde ser el centro del mundo.
De alguna manera, el citado ejemplo no viene a la memoria como fruto de "El buscador", sino de uno de los primeros libros escritos por Jorge Bucay. En aquel entonces, la estructura de sus libros se parecía más a la literatura y podían encontrarse allí algunas anécdotas que, contadas sin pretensión de volverse regla general, permitían cierta reflexión. Ahora, Jorge Bucay parece haber cambiado. Sus libros son una apretada guía, paso a paso, de cómo vivir. Como si el esfuerzo de romper con una estructura de pensamiento previa fuera invertido tan sólo en la construcción de otra estructura diferente, pero igualmente ceñida. En "El buscador" no sucede algo diferente.
Por eso, aunque Jorge Bucay es experto en fabricar recetas, a veces queda atrapado en ellas. Ejemplo: Victoria, una televidente, pregunta cómo podría sacar de la rutina su matrimonio y si esto es posible después de muchos años. Bucay le sugiere que esa noche empiece por llamarse Gabriela porque "quizá como Gabriela podrías conseguir una respuesta diferente de tu marido". Entonces, Gabriela Rádice, la coconductora, le pregunta: "¿Y si no le gusta, Jorge? ¿Qué hacemos después de tanta preparación?". Por una vez, Bucay se queda sin respuesta lo que no implica incapacidad de reacción porque dice: "Esa sí es una buena pregunta". Tal vez consciente del apuro, Rádice sugiere que conteste después del corte. Bucay asiente, pero, luego de la tanda, se ve que la respuesta prometida queda en promesa.
A estas alturas, ya que se ha hecho mención de los mensajes de los televidentes, cabe una pregunta: si el programa está grabado, ¿quién puede realmente mandar un e-mail o llamar por teléfono para hacer una consulta sobre el tema del día?
Para terminar, "El buscador" tiene de todo, lo bueno y lo malo. De lo bueno tiene la capacidad de proponer formas alternativas de construcción de pensamiento y es, sobre todo en TV, bienvenido todo aquel que se ocupe de develar la zoncera del lugar común. De lo malo tiene que se presenta a sí mismo como un discurso sin intersticios y, de ese modo, desperdicia la oportunidad de democratizar conceptos en vez de, en su lugar, instaurar otra idea-fuerza. Por último, no es que "El buscador" sea un mal programa, pero ante cualquier duda, consulte a su médico.
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