Sergio Lapegüe: marca registrada
El conductor que inventó una curiosidad comunicativa local: el ciclo Prende y apaga, de TN
1 minuto de lectura'
El canal de noticias TN se queda sin noticias; al menos los viernes a la noche, cuando uno de los programas más austeros de la televisión argentina se instala en su pantalla: Prende y apaga .
El programa es curioso desde el vamos, desde el título. ¿Por qué Prende y apaga ? Respuesta: porque, a pedido del conductor, los televidentes prenden y apagan la luz.
Para empezar a entender la gracia hay que retroceder al menos seis años, cuando al todavía movilero Sergio Lapegüe le ofrecen primero una suplencia y, más tarde, la conducción definitiva de un noticiero. En TN le dan un horario tardío, el de las 23, aunque eso no iba a ser un impedimento: "Si me decían que empezaba a las 3 de la mañana, agarraba igual", acota Lapegüe hoy, entre risas. Para ese entonces, ya había sido movilero durante una década y media, había sido cronista, había sido asistente y había sido productor de Nicolás Repetto y de Bernardo Neustadt.
A las once de la noche, en los estudios del séptimo piso del edificio de Constitución donde funcionan tanto El Trece como TN, no suele haber mucha gente, acaso nadie. Ni siquiera camarógrafos. Desde la soledad más absoluta, frente a cámaras robóticas manejadas por fantasmas, Lapegüe se largó a presentar noticias casi entre tinieblas. En las tandas estiraba las piernas. Iba hasta la máquina de café, no se cruzaba con nadie y volvía desde la oscuridad con su cortado. Un marco, a todas luces, desolador.
"Estaba siempre tan solo ahí en el piso... Y yo me preguntaba: «¿Alguien me verá? ¿Alguno estará del otro lado?». Mirando los edificios que mostraba la cámara del noticiero, una noche se me ocurrió decir al aire: «Si reconocés este edificio; si es tuyo; si reconocés esta ventana y me estás viendo, dame una señal, algo... Prendé y apagá la luz»".
Como nunca falta un roto para un descosido, ante la pregunta del conductor, una luz se prendió y apagó desde un departamento. "¡No lo podía creer! Pensé que era una casualidad, que justo un tipo había ido al baño y por eso había prendido y apagado una luz. Así que seguí preguntando: «¿Sos hombre? Prendé y apagá. ¿Sos mayor de 30? Prendé y apagá». Y así fui haciendo varias preguntas y él me contestaba, con la luz".
Vaya diálogo. No es lo que se dice de una riqueza idiomática abrumadora, es verdad, pero podría ser peor. Señales de humo, por ejemplo.
"Algo raro está pasando -pensé-, era la primera vez que contestaban por tele. Y empecé a jugar con eso. Al principio, sólo con las cámaras instaladas en Constitución, Núñez y Liniers. Se mostraban edificios y con esas tres cámaras yo jugaba con la gente." Jugador de reflejos rápidos, habrá que decir, porque en un prender y apagar de luces, Lapegüe ya estaba frente al mostrador del registro. "El «prende y apaga» está registrado: obvio. No bien prendió y apagó el loco, al día siguiente fui y lo registré. Lo registré porque es una idea única en el mundo. El senador [Daniel] Filmus, que es sociólogo, me decía: «Vos no te diste cuenta, pero marcaste un punto de inflexión en la comunicación televisiva. A partir de acá no sabés qué puede pasar»."
No sabemos qué puede pasar, pero sabemos lo que pasó. Los televidentes empezaron a pedir cámaras en sus barrios: ellos también querían prender y apagar. De los barrios se pasó al interior del país, donde instalaron más cámaras, y de los edificios de los vecinos se pasó luego a las calles. El segmento se independizó y se hizo programa semanal. Así nació el Prende y apaga , auspiciado -¿cómo no?- por interruptores y foquitos de bajo consumo.
Al que también se le prendió la lamparita fue a Palito Ortega. Un día, telefoneó a Lapegüe y le hizo escuchar una canción que había compuesto: "Prende y apaga la luz, necesito una señal, para saber que esta noche, te veo en el mismo lugar... lará lará lará". Antes de cortar le dijo al conductor que fuera a registrarla: que la letra era suya porque esas frases le pertenecían. Así que otra vez a correr hasta el mostrador, ahora hasta Sadaic. El tema, efectivamente, quedó registrado en coautoría: música, Palito Ortega; letra, Sergio Lapegüe.
- ¿Por qué crees que la gente se engancha con la propuesta?
-Porque es un programa buena onda, alegre, que busca hacerse amigos. Y también porque hay gente que necesitaba mostrarse. Acá aparecen, se sienten respetados, se hacen conocidos en el barrio. Hay gente que necesita fortalecer su ego y tiene una camarita para hacerlo. Se hacen amigos entre ellos, crean personajes, se hacen famosos. Está el Conejo, el Hombre Lata, la abuela Clota. Y se hacen amigos entre ellos por el programa.
Lo hemos visto: bomberos en Puerto Madryn que bailan en una plaza a temperaturas bajo cero y ante una cámara que no ven porque está ubicada a más de cien metros de altura.
- Siendo periodista, ¿te preocupa que puedan tildarte de poco serio?
-No me molesta lo que piensen los demás mientras yo esté cómodo haciendo lo que me gusta hacer. No pierdo la seriedad porque no estoy haciendo una payasada. Estoy haciendo que la gente participe y hasta se convierta en movilera. Es más: yo no me veo conduciendo un noticiero por mucho tiempo más. A mí me gustaría conducir un show periodístico, me siento un showman .
"Creo que la gente necesitaba mostrarse. Acá aparecen, se sienten respetados", explica
UNA CUESTION DE ACTITUD
Es hijo de un militar y vivió mucho tiempo en el interior (en Tucumán y en Paso de los Libres, Corrientes). Es de Banfield, donde hace más de 20 años conoció a su esposa ("en un boliche bailable: yo estaba en la fila y ella se coló; me indigné"). Juntos tienen dos hijos: Micaela, de 17, y Elvis –por Elvis Presley– de 13. Abandonó la carrera en Ciencias Económicas para dedicarse al periodismo, donde se considera un total autodidacto. En los noticieros de TN instaló una manera informal para presentar las noticias apoyado en muletillas que dialogaban con la audiencia ("dale, quedate hasta la una", "haceme compañía", "te lo dice un amigo"). Fue manager de una banda de rock, usa collarcitos surfers y en Punta del Este no se pierde las fiestas de Pancho Dotto. El secreto de su éxito, dice, es mostrarse tal cual es. "Así como me ves, soy: de verdad, soy un tipo positivo, optimista, con buena onda, que llega al trabajo cantando, que hace chistes". Su página en Facebook tiene más de 50.000 fanáticos y un fotolog –creado hace años– lo presenta como un símbolo sexual. ¿Quiénes lo crearon? Ellas, las "Lapelovers" (!).
EL ULTIMO, QUE APAGUE LA LUZ
Menos solo que antes, a Lapegüe lo secunda Juan Manuel "el Rifle" Varela, periodista deportivo devenido en coequiper –otro personaje, al menos a juzgar por el peinado–. Y como el éxito llama al éxito, Lapegüe, junto con "el Rifle" y Karin Rodríguez, también hace radio. Desde la FM 100 (FM 99.9) su Atardecer de un día agitado empezó el año pasado quinto y ya va primero: lidera la franja en el horario de la vuelta, de lunes a viernes, de 17 a 20. No hay entrevistas, las noticias son mínimas y todo se reduce a música y a la interacción con los oyentes.
Mientras una editorial lo busca para sacar un libro, él sigue al frente de los noticieros nocturnos de TN y sueña con llevar el Prende y apaga al teatro (con monólogos, banda en vivo, y linternas para los que están en las butacas). Desde el programa juega al tutti-frutti con los televidentes y en el tiempo libre que le queda le dice que no a Marcelo Tinelli, que lo quería para el Bailando 2011: "Ahí sí se me planteó la duda de perder la credibilidad. Es un año político y voy a tener que presentar muchas notas. Yo hago un programa divertido una vez a la semana dos horas. Las demás noches estoy presentando un noticiero. Creo que no es el momento. Me encantaría, pero otra vez será".




