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"El sexo puede ser maravilloso", le dice Jean Milburn a su hijo Otis. "Pero, si no tenés cuidado, puede destruir vidas."
Jean lo sabe bien. Es una terapeuta sexual autora de un best seller sobre el tema, pero su matrimonio (con el terapeuta sexual coautor del libro) terminó porque él no podía dejar de meterle los cuernos. Otis también lo sabe, ya que ser testigo de las indiscreciones de su padre lo convirtió en un desastre asexual adolescente. Pero igual sabe mucho sobre sexo, gracias a que creció escuchando las sesiones de su madre. Así que él y su amiga Maeve deciden establecer su propio negocio de terapia sexual.
Esta es la premisa de Sex Education, la maravillosa comedia británica de Netflix , protagonizada por Gillian Anderson como Jean, Asa Butterfield como Otis y Emma Mackey como Maeve.
Gran parte de los consejos de Otis no tienen que ver con la técnica sino con las emociones que subyacen en cada problema. Jean pasa a segundo plano después de un rato, pero Anderson es una delicia cómica. Y, como era de esperar, es asombrosa en los momentos más dramáticos en los que Jean intenta ayudar a su hijo a lidiar con su propio trauma. Butterfield es encantador, vulnerable y hábil con los chistes, como el héroe de una película que John Hughes escribió para John Cusack pero que nunca pudo hacer. Netflix ha tenido gran afinidad con las comedias sexuales para adolescentes que son a la vez burdas y sinceras, como la surrealista Big Mouth o el falso documental American Vandal. Sex Education se adapta cómodamente a ese grupo.
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