
Stefania Rocca, heroína italiana para León Tolstoi
La miniserie, de dos capítulos, fue emitida por la Rai Uno
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El melodrama es uno de esos géneros que, de tan desactualizados, cada tanto son moda. O quizá lo que ocurre es que la visión melodramática de la vida humana descubre una dimensión del dolor y de la alegría de las que el público no quiere prescindir. Los hermanos Paolo y Vittorio Taviani (70 y 72 años) son expertos en descubrir ese filón entre folletinesco y melodramático que palpita en algunos textos clásicos: notoriamente, lo han explotado en varios de Luigi Pirandello, en Goethe y, también, en los de León Tolstoi, al que ahora han regresado con toda la artillería de una empresa de gran aliento. "San Michele aveva un gallo", uno de sus films más importantes, se basaba en el relato tolstoiano "Lo divino y lo humano", en tanto que "Il sole anche di notte" era una versión de "El padre Sergio". Ahora, y merced a la insistencia de la actriz Stefania Rocca, han concretado una monumental versión de "Resurrección" para la TV, que se difundió en Italia por Rai Uno en dos capítulos, emitidos hace algunas semanas, con la propia Rocca en el papel de Katiusha Maslova.
Exaltando hasta las lágrimas el destino trágico de la protagonista de la novela, se dice que los Taviani han incorporado a Katiusha a la lista de "traviatas" (jóvenes desdichadas que "se extravían", que pierden el rumbo de una vida regular) de la historia de la literatura y de la escena, algunas de las cuales se han instalado en los pináculos del drama desgarrado (sea el del teatro, la ópera o la danza), como la Margarita de "Fausto", Manon Lescaut, la Margarita Gauthier trashumante de un género a otro (la infortunada señorita Duplessis, transformada varias veces hasta llegar a la "traviata" por excelencia, la Violeta de la ópera de Verdi) y otras.
Con los Taviani y Stefania Rocca la heroína rusa del ochocientos se asomó a la pantalla chica con toda su complejidad: la ingenua adolescente campestre, después apasionada, luego quebrada en sus momentos de desgracia y finalmente erigida en una criatura de feroz tenacidad para superar la abyección, hasta lograr el resurgimiento, sin perder nunca su fondo de ternura.
Cuando LA NACION decidió ocuparse de este singular emprendimiento, Stefania Rocca concluía en Milán el rodaje de "Casomai", un film de Alessandro D´Alatri (una historia de amor que dura cinco años, compartida con el actor Fabio Volo), urgida por los preparativos de un viaje inminente: partía de vacaciones rumbo a la India. Las necesita, por cierto; la talentosa (y bellísima) piamontesa de treinta años no descansa desde fines de 2000: en abril de 2001 viajó a Buenos Aires para integrar el jurado del Festival de Cine Independiente y aprovechó para filmar un documental sobre la juventud porteña, que unos meses después presentó -mientras filmaba con D´Alatri en Milán- en el Torino Film Festival con el título de "Buenos". A todo esto hay que sumar las dieciséis semanas de rodaje de "Resurrección".
"Sé lo que está ocurriendo allá, pero tengo una impresión muy fuerte de la Argentina, de su juventud y de su talento, y por eso pienso que, a pesar de la crisis, el país es el mismo", nos confiesa a la distancia, con la mejor onda para nuestro país. Para ella ha sido un "trabajo fantástico" el que pudo cumplir con los Taviani: "Abordar a Tolstoi con ellos ha sido una bella confrontación de una generación como la mía con la de estos maestros, tan sabios en lo clásico. Pero llevarlo al cine habría resultado demasiado denso (más de cuatro horas de drama), mientras que la adaptación a TV permite emitirlo en dos noches seguidas".
Un valle de lágrimas
Stefania advierte la multiplicidad de situaciones por las que atraviesa su heroína, cuya caracterización la somete a un verdadero desafío: "En el comienzo, Katiusha es una pobre huérfana que vive su adolescencia con dos ancianas -recapitula-. A los 16 años conoce a un joven noble, Dmitri Nejliúdov, un idealista que anhela la justicia para los campesinos explotados. Con él descubre el amor, pero la alegría de este despertar será fugaz: queda embarazada y es expulsada de la casa que la protege. Ahí comienza el descenso a su infierno: para sobrevivir, cae en la prostitución".
Aquí es el mismísimo conde Tolstoi quien nos asiste para ilustrar, en medio del relato de Stefania, la fatal decisión de su heroína: "Katiusha, pues -reza el texto-, debía elegir entre un puesto humillante de criada, con la seguridad de sufrir la obsesión brutal del hombre (y acomodarse así a una prostitución escondida y precaria), y una posición tranquila y asegurada, una prostitución permitida por las leyes y retribuida generosamente. (...) Empezó entonces, para la Maslova, una vida de violación incesante de todas las leyes humanas y divinas; la vida que miles de desgraciadas llevan hoy con la autorización y la protección verdadera de un poder legal que pretende velar por el bienestar del pueblo, vida degradante y monstruosa que conduce a una decrepitud anticipada, a una muerte prematura".
Katiusha pierde al niño y acaba arrestada con la acusación de haber asesinado a un cliente. Entre los jueces, en el proceso, está Dmitri. Reconoce a la que fue su amada, desfigurada por el dolor y por las ropas miserables, y asume la culpa de haber provocado su ruina. La muchacha es condenada a siete años de trabajos forzados en Siberia. Dmitri, para salvarla, ofrece casarse con ella, pero Katiusha, templada por las desdichas sufridas, rechaza el ofrecimiento: lo ama, pero no toleraría un casamiento reparador de culpas. Y se dispone a cumplir la injusta condena. Durante el viaje a Siberia conoce a un hombre llamado Simonson, un revolucionario castigado, y se casa con él. Y ése es el punto en el que, por la templanza espiritual y el amor, desde el fondo de las ruinas la muchacha entrevé la resurrección.
"Era un material más que apto para los Taviani -asegura Stefania-. Tolstoi, al igual que Goethe o Pirandello, representa una fuente inagotable de emociones, pero también una reserva de ciertos valores de la humanidad que son permanentes, tales como la dignidad, la honestidad, el sacrificio, siempre en consonancia con la fuerza del amor, el verdadero amor, ése que transforma la vida de los personajes. Y dar forma dramática a esta transmutación fue el verdadero desafío de Paolo y Vittorio."
Stefania Rocca, que trabajó con Jean-Luc Godard en "Inside/Out" y con Anthony Minghella en "El talentoso señor Ripley", es una aguda observadora de las distintas realidades que le toca presenciar en su trabajo como actriz y, ahora también, como realizadora. Durante las tomas de la partida de los presos de "Resurrección" a Siberia, en San Petersburgo, trabó amistad con algunas de las chicas rusas que intervenían en la filmación, quienes contaban las terribles dificultades económicas por las que están atravesando. Una de ellas la invitó a cenar y la italiana aceptó. La rusa pasó a buscarla por el hotel vestida con un atuendo muy llamativo y -oh, sorpresa- en una limusina con chofer. A la hora de la cuenta, en el restaurante, no fue la chica quien pagó, sino el "chofer", que no era tal sino su "macró": la muchacha, para sobrevivir, ejercía la prostitución. "El espíritu de lucha y el orgullo de estas mujeres rusas son de una fuerza como pocas veces he visto -comenta Stefania-. Allí comprendí la verdad que hay en la narrativa de Tolstoi para tratar a sus personajes y, además, descubrí la actualidad que, sin pensarlo, estábamos rescatando de esa novela de cien años atrás."
Las pantallas argentinas no le han dado aún a Stefania Rocca el lugar que su capacidad dramática y su look de rara belleza se han ganado en otros ámbitos, el suficiente como para reservarse, de aquí en más, para producciones de vuelo y realizadores de fuste. A nuestra inquietud acerca de si en su carrera de realizadora hay planes para saltar al campo de los films de ficción la actriz alude a su proyecto inmediato, en el que afrontará la dirección juntamente con su actual pareja, el cineasta Bernardo Barilli: "Llevaremos al cine una novela francesa de autor anónimo titulada "Lila dice". Por ahora sólo pienso en madurar ideas, pero durante mi descanso... que comienza mañana".





