TV, vértigo y confusión
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"Impacto a las 12" , programa periodístico con Mauro Viale. Coconducción: Marina Calabró. Panelistas: Guillermo Cherasny, en rumores políticos; Claudio Zin, en salud, y Diego Suárez, en política. Lunes a viernes, a las 12, por América.
Nuestra opinión: regular.
Mauro Viale carga con su pasado. Ahora, además, evidencia ese peso en sus expresiones verbales. "¿Te sentiste bien tratado?", le pregunta, sobre el final de la entrevista, a más de un invitado. Viale quiere remontar su propia imagen teñida de amarillo no justamente por vieja. Demasiado cerca está el caso Cóppola y sus personajes itinerantes. "Samantha (Farjat) es el fantasma de este programa", comenta.
Viale quiere, mejor dicho, hacer como que desea cambiar. Pero tal intención no parece ser verdadera. "Impacto a las 12", aunque se compone en un 50 por ciento de actualidad noticiosa, completa su otra mitad con lo que el periodista genera en el estudio con la presencia de los más diversos invitados, siempre mezclados con la esperanza de generar escándalo.
Sin embargo, esta vocación de Jerry Springer -un acabado exponente del costado desagradable de la TV norteamericana- del conductor de "Impacto a las 12" choca alguna vez contra el buen tino del entrevistado. El día que invitó al diputado Mario Cafiero también estaban en el piso dos hombres homosexuales (fueron presentados como "Fabián y Juan Carlos, pareja gay "), quienes habían manifestado que el Estado no les reconocía sus derechos, por ejemplo, el derecho de casarse. Inmediatamente después de entrevistarlos, Viale se dirigió a Cafiero e intentó cruzarlos en una discusión. El diputado cortó enseguida: "Yo no vine a hablar de esto, Mauro".
Muchas interrupciones
Con la misma intención de buscar la veta aun donde no está, Mauro Viale también cae en el error de interrumpir demasiado a su entrevistado a modo de batería de comentarios y preguntas. A veces, incluso, es tanto lo que acota que su voz se transforma en un murmullo ininteligible que obstaculiza escuchar al invitado de turno.
Además, el conductor tiene tan en mente el "ritmo" del programa que llega a no prestarle atención a las salidas de los móviles. Mientras el notero realiza su trabajo en la calle, mientras ese periodista realiza las entrevistas con el caso del momento, se escucha la voz de Viale dando indicaciones aquí y allá en el estudio: "¿Tenés una cortita?", "Ehhh...Vamos al móvil", "Sale Romano y Claudio", "¿Son y cuarto?"
Llegados a este punto, hay que señalar lo peor del programa: el sonido. Evidentemente, los responsables del sonido se mueven a una velocidad menor que la de Viale. No le abren micrófono a los reporteados con la suficiente premura como para que se escuchen sus palabras (se llega a perder la primera frase entera, por caso, el nombre) y tampoco suelen dar en la tecla con las voces desde los móviles. Es decir: gracias a los encargados de sonido, se oye lo que no se tiene que oír y no lo que debería escucharse.
Pero no es motivo técnico sino exclusiva responsabilidad de la mencionada falta de atención de Viale que sucedan otras cosas. Ha ocurrido, por ejemplo, que una movilera haya hecho una pregunta, recibido una respuesta amplia y satisfactoria de su entrevistado y que, a los treinta segundos, Viale volviese a preguntar lo mismo como si buscara una primicia. Así sucedió con la cobertura del caso Pellado. A raíz del requerimiento de la periodista, el subcomisario rosarino a cargo del operativo posterior al hallazgo del cadáver del empresario había dicho que manejaban la hipótesis de la venganza debido a los golpes que tenía el cuerpo. No pasó un minuto para que Viale le requiriera sobre qué hipótesis trabajaba la policía.
En favor de Mauro Viale hace falta decir que, si quiere, puede ser simpático. "Yo me tengo que ir al corte porque si no me agarran los hongos", dice para presentar la publicidad de un fungicida. O "hacer este programa me da dolor de cuello", comenta para recomendar una pomada corporal.
Lo bueno del programa: Marina Calabró, sobria y precisa para decir las noticias sobre política y economía que, en general, no son desarrolladas; Claudio Zin, un oasis de prudencia y seriedad en un panel integrado también por Guillermo Cherasny, que debutó divulgando un supuesto romance entre un diputado y una diputada de la Nación, y por Diego Suárez, de quien nadie puede decir que conoce el modo subjuntivo de los verbos ("si yo iría", dice entre otras muchas variantes); los puntuales titulares cada quince minutos; y, por último, la escenografía bien elaborada con volúmenes geométricos irregulares.





