Un conde en Marrakech
En pleno corazón de Marruecos, Pablo Echarri, Joaquín Furriel y un equipo de Telefé grabaron escenas de esta nueva telenovela, una versión libre del texto de Alejandro Dumas, que saldrá al aire el mes próximo
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MARRAKECH.- "Quiero que «Montecristo» esté muy bien hecha. Quiero que a la gente le entre como una trompada al plexo solar y que no la deje respirar hasta los diez primeros capítulos porque sé que ésa es la manera", dice Pablo Echarri, sin rodeo alguno, mientras se toma un té de menta en un bar cool de la medina. Para que el cross de derecha se transforme en un knock out técnico, Telefé apuesta fuerte. Tanto que, durante once días, envió a un grupo de técnicos para acá, a esta fascinante ciudad del centro de Marruecos, para que Echarri y Joaquín Furriel grabaran varias escenas de esta telenovela basada en el libro de Alejandro Dumas, cuyo original comienza el 24 de febrero de 1815.
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La cosa se mezcla un poco; hay que reconocerlo. Por un lado está la misma Marrakech, territorio de lo exótico que ejerce tanta fascinación, que no es fácil mantener el eje. Por otra parte, la novela original de Dumas, convertida en un clásico de clásicos. En otro nivel, aparece esta versión que poco y mucho parece tener que ver con la original (tanto es así que transcurre en Buenos Aires). Y, cerrando el círculo, de nuevo Marrakech, escenario de la magia y el contraste.
En medio de un palacio rodeado de cisnes (son de verdad, lo aseguro), Joaquín Furriel aclara: "La acción de «Montecristo» transcurre en 2005. Lo que grabamos acá tiene que ver con una traición. Marcos, mi personaje, y Santiago, el de Pablo, son dos amigos esgrimistas que se vienen a un torneo. Pero antes de partir estalla una causa que complica a las familias. Mi padre intenta evitar la investigación que pueda llevar a Santiago a la cárcel, pero, con las leyes que existen en este país, el personaje de Pablo se queda diez años encerrado hasta que puede retornar. La historia gira alrededor de una venganza".
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La grabación aquí demanda once días. Para su realización, se contrató a un productora local radicada en Casablanca. Dicen que es la primera producción de la televisión argentina en tierras marroquíes. Dicen que es la primera telenovela basada en "El conde de Montecristo". Eso sí: no dicen cuánto cuesta toda esta movida, por más que uno amenace con ponerle más azúcar al té de menta que ya viene bastante azucarado.
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En el libro original, Dumas describe así al sombrío castillo de If: "Una mole informe, como la prisión terrorífica que provee a Marsella de tradiciones lúgubres". Allí es donde el personaje de Echarri escuchará hablar del Conde de Montecristo.
Ahora bien, ¿por qué de Marsella a Marrakech? Echarri dixit: "Alejandro Dumas resolvió la cosa trasladando la acción a pocos kilómetros; así logró la sensación de aislamiento. Pero claro: en aquel momento no había Internet, no había teléfono, no había nada. Nosotros necesitábamos reemplazar eso y buscar un lugar recóndito. En eso usamos algo de «Expreso de medianoche» en la que un occidental cae preso en Turquía. En este caso, es un argentino el que cae preso en Marruecos y se topa con una cultura totalmente distinta y con el terror profundo que te daría a vos el caer en prisión acá".
Es cierto: da miedo. Pero habría que aclarar que los marroquíes son tipos tan simpáticos que sólo asustan al asustadizo.
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Para la grabación de algunas de esas tomas en la que está encerrado, el actor debe someterse a un largo proceso de extensiones, batidos, pegamentos, cepillos, secador de pelo y maquillaje que lo deja irreconocible (aunque acá, claro está, nadie sabe quién es).
Para dar la idea de la cárcel, varias escenas se graban en lo que fue la prisión y las tumbas del Palacio el-Badi, la residencia favorita de Maoulay Ahmed el-Mansour (justamente, la foto aérea ubicada a la derecha). Esta joya de la arquitectura del mundo musulmán, que por envidia fue mandada destruir, había sido construida en el siglo XVI.
Para las escenas de interior de la cárcel, el escenario se construyó en los talleres de Pavón 2444, pleno barrio de San Cristóbal, durante el "reinado" de Claudio Villarruel (el capo de Telefé a quien se le prendió la lamparita de hacer esta versión).
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"¿Sabés cuál es el mayor problema de grabar acá? El querer mostrar todo", apunta Gabriel De Ciancio, director de exteriores, el que justamente debe enfocar, el que vino hace unas semanas para elegir las locaciones.
En la variedad de lugares seleccionados no podía estar ausente la plaza Yemaa el-Fna (pronúncielo como pueda). Expliquemos un poco. Esta plaza seca, declarada por la Unesco patrimonio mundial de la humanidad, es el centro de la ciudad. Ahí Marrakech toma su forma más intensa. Comparten el territorio encantadores de serpientes, acróbatas, mendigos, narradores orales, acosadores de turistas y vendedores de jugos de naranja exquisitos, frutas secas y hachís. También están los músicos con sus laúdes y los que venden casetes falsificados en medio de un caos ordenado y seductor.
Por la noche, Yemaa el-Fna se llena de carritos de comidas donde se pude comer cuscús (el plato nacional), sopa de caracoles, tayín o kefta (el que siguió los programas de Narda Lepes, sabe de qué hablo). Claro está, todo acompañado por un té y con la asistencia de una única servilleta que se le entrega al comensal al final de la comilona.
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Desde este exponente vivo de lo que fueron las plazas medievales, como desde casi toda la ciudad vieja, se escucha el llamado a los feligreses para que concurran a rezar a las diversas mezquitas. El sonido pega justamente en el plexo solar, ese cross de derecha que imagina Echarri para cautivar a sus fieles seguidores. En medio de ese sonido sobrecogedor, alguien del canal se comunica con Telefé. "¿Qué tal los números de rating de ayer? ¡Ah, me quedo tranquila, entonces!", dice.
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Los dos actores, los diez técnicos, el productor, el fotógrafo del canal, el maquillador y la vestuarista están concentrados en contar parte del cuento que vinieron a narrar aquí. En lo actoral, tanto Furriel como Echarri se comprometen con la escena, explican la toma a los extras marroquíes y buscan la forma más apropiada. Sin lugar a dudas, ponen el cuerpo y no sólo sus dos caras marketineras.
Pero alrededor de este micromundo giran más historias. Como la de los narradores orales que pueden estar horas contando una historia para mantener viva la memoria de los pobladores. Una de las noches, Joaquín dio con uno de ellos: "Era un tipo muy, muy, muy viejo, que apenas se oía pero que estaba rodeado de una gran cantidad de personas que lo escuchaban atentamente. Era una persona muy anciana de una síntesis justa; tenía la magnitud de la sabiduría".
Al rato llegan desde Buenos Aires nuevos capítulos para contar esta historia que busca su síntesis.
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Furriel es un bicho del teatro, aunque en la televisión la venga pegando. De hecho, está haciendo funciones de "La malasangre", el texto de Griselda Gambaro. Echarri es su contracara. "Yo soy de la imagen y el sonido -reconoce-. En el cine encontré una escape artístico y en la tele, si bien tiene una impronta más comercial, sé que un buen rating puede ir de la mano de la calidad y no sólo de cierto oportunismo. Por ejemplo, venir acá es querer sorprender a la gente."
El único trabajo de Echarri en teatro fue hace ocho años, cuando protagonizó "Puk, sueño de verano". Allí, justamente, compartía cartel con Paola Krum, la figura femenina de "Montecristo" que, cosas de la vida y del querer, es la actual pareja de Furriel. Como ella no tenía que grabar escenas aquí, se perdió la posibilidad de poner en práctica el arte del regateo (verdadero deporte nacional que, ideológicamente, es como una trompada al código de barras).
La que no se perdió la oportunidad de comprar una típica babucha es Nancy Dupláa, que está aquí junto a Echarri, su pareja. Entre ellos la tienen clara. "El año pasado trabajé yo, y este año le tocaba a él", reconoce muerta de risa una de las chicas de Pol-ka, rodeada de la gente de Telefé.
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Noche en Marrakech. El equipo en su totalidad parte a un restaurante a festejar el cumpleaños de Luis Quiroga, uno de los técnicos. La cena termina con una gran paella. A esa hora, la plaza Yemaa el-Fna estalla en sabores, narraciones, olores y sonidos. A eso de las dos de la mañana, comienza a tomarse un respiro (lo mismo que el equipo de Telefé, que mañana tiene otra larga jornada). Sin embargo, a unos siete kilómetros de ahí, Pachá sube su intensidad electrónica. Entre los habitués a la disco hay una princesa, con título y todo, que quiere vivir.
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Por una calle mínima, Echarri sale corriendo entre la gente, las alfombras, los burros, los negocios de alfarería, las motos y las tiendas de especias porque unos malos, de mentirita, lo persiguen. Pero aclaremos: en realidad, el que tiene la parte más fea en esta escena es el camarógrafo, que va con un armatoste que pesa 23 kilos.
-En esos momentos, ¿qué se te pasa por la cabeza?
- Me digo: "¡Puta, mirá adónde llegué!". Porque si bien el deseo original de hacer esto fue del canal, todo esto también tiene que ver con mi "rompehuevismo". Y como tuvimos una muy buena experiencia con "Resistiré", se repitió parte del equipo. Claro que, si con esto no nos va bien, me bajarán la plata, los recursos...
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Lo que baja y sube caprichosamente es la temperatura. Aunque es invierno, dicen que en verano el termómetro alcanza los 50 grados sin que nadie se inmute, cuando comienza a bajar el sol se viene un frío del desierto de Sahara que puede hacer estragos. De hecho, varios técnicos pidieron que de Buenos Aires les mandaran calzoncillos largos (detalle poco elegante, pero efectivo al fin).
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Termina de grabar una escena, y Echarri, como todos, va a chequearla. Mientras observa, pone cara de sufrimiento. "Es que estoy cada vez más crítico. Antes me ponía contento con una boludez, con algo ínfimo. Ahora me voy a poner contento cuando vea «Montecristo» todo armadito. Pero no es que sufra, sino que no lo disfruto tontamente."
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"¡Vamos! ¡Rápido que se viene la noche!", grita el director de cámara, y comienza el complejo engranaje de poner en movimiento a cada una de las partes con gente que se comunica en árabe, francés, inglés y castellano.
"La prisa mata", dice Abdul, que luce una túnica (yellaba) que tiene unos 30 botones que todos los días debe abrochar y desabrochar pacientemente. Abdul vende pañuelos cuyo precio inicial es de 15 euros que, regateo mediante, se consiguen a 5, pero que en un puesto madrileño venden a 3.
"¡Confiar y esperar! Toda la sabiduría humana está resumida en esas dos palabras", dice en el original Edmundo Cantés, el mismísimo Conde, en una carta reveladora al final de un libro de 1154 páginas.
La grabación de "Montecristo", en Marrakech, sigue su marcha. El cross de derecha que imagina Pablo Echarri o la historia de amor, amistad, traición y venganza, como la imagina Furriel, está por dar sus primeros pasos.
Aquí están, éstos son
- "Montrecristo" comenzará en marzo en horario central (más especificaciones, imposible). La tira diaria de Telefé Contenidos contará con las actuaciones protagónicas de Pablo Echarri, Paola Krum, Joaquín Furriel, Viviana Saccone, Virginia Lago, Roberto Carnaghi, Luis Machín, María Onetto, Rita Cortese y Oscar Ferreiro, entre otros. El español Rafael Amargo, quien justamente tiene una posada en Marrakech, también se dará el gusto de actuar. Los libros pertenecen a Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño y la dirección está en manos de Miguel Colmo, en piso, y Gabriel di Ciancio, en exteriores.




