
Un desenlace más efectista que natural
Canal 13 emitió el capítulo final y un especial benéfico
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El último jueves, Canal 13 emitió el capítulo final de "Padre Coraje". El personaje que interpretó Facundo Arana por más de nueve meses volvió a la vida luego de haber muerto crucificado momentos antes por Manuel Costa, el despreciable intendente del pueblo de La Cruz que personificó Raúl Rizzo. Justo en la víspera de la Nochebuena, la definición dramática elegida por los autores Marcos Carnevale y Marcela Guerty pudo haberse interpretado, por su similitud simbólica, como una audaz y provocativa metáfora a la pasión y muerte de Cristo.
"No fue una resurrección sino una vuelta a la vida por la fuerza del amor. Nosotros trabajamos con la ficción, y si bien hubo varias referencias a hechos o personajes reales que se metieron en la historia, de ninguna manera estuvo la intención de reflejar la realidad. Siempre se dieron en el marco de la fantasía", aclaró muy oportunamente Facundo Arana en un tramo del programa que puso en pantalla el canal una vez que la palabra "fin" cerró definitivamente la trama de la novela que, con el correr de los meses, se convirtió en el ciclo más exitoso que presentó la emisora durante este año. El especial en cuestión convocó a la mayoría del elenco y a Carnevale, uno de los autores (Guerty está de luna de miel en Venecia) que, con los intentos fallidos de Monchi Ballestra por hacer un trabajo divertido, repasaron anécdotas, agradecieron repetidamente al equipo técnico, coquetearon con algunos representantes del público que asistió al estudio desde donde se emitía el programa, mostraron errores cometidos durante las grabaciones y vieron al cantautor Paz Martínez cantando en vivo su tema "¿Y qué?", canción central de la tira. El esfuerzo valió la pena: el especial dio lugar a que un concurso, basado en el uso de los teléfonos celulares como medio para que los televidentes pudieran participar, generara una importante cantidad de dinero que sería donada al Hospital Garrahan.
Un final increíble
En el final que se transmitió antes de esta suerte de reunión de despedida, las imágenes que pudieron verse no brillaron por su originalidad. Manuel Costa encontró su fin ajusticiado a balazos por el pueblo, como lo encontró aquel alcalde Esteban del pueblo de Fuenteovejuna que imaginó Lope de Vega en el siglo XVII. La malvada Ana que interpretó Karina Zampini, devenida en un personaje bondadoso en las últimas semanas de la historia, busca su final en las aguas de un río como lo hace en "Hamlet" aquella Ofelia que imaginó Shakespeare un siglo antes que su colega del Siglo de Oro español. Coraje fue bajado de la cruz en la que lo puso Costa, con gran ostentación de tormentos previos al mejor estilo de "La Pasión" que imaginó Mel Gibson el último año. Quien estuvo encargado de bajar del madero al falso cura fue Horacio, el personaje cuyo traje vistió Federico Olivera y que horas antes se había pegado un tiro en la cabeza, balazo que no le produjo daño en la masa encefálica, según opinión de los médicos, ni le impidió, por lo visto, tener la fuerza suficiente para cargar a su odiado rival al ratito nomás. El hálito amoroso de Clara, la sufrida enamorada a la que Nancy Dupláa hizo llorar a moco tendido innumerables veces, devolvió la vida al héroe, por segunda vez en la trama de este particular melodrama (la primera vez lo hizo Amanda, que interpretó Leonor Benedetto). Después de todo esto, en menos de lo que se gesta un bebé (al final del episodio, Clara está pariendo el suyo y la Nena, a la que le puso el cuerpo Melina Petriella, todavía tiene en el vientre el de su marido muerto varios episodios antes del final), los habitantes del pueblo de La Cruz por fin encuentran su camino hacia una vida más apacible sin necesidad de chaleco de fuerza y el encierro masivo que parecían inevitables, para este pueblo donde pudo encontrarse de todo, menos las coincidencias mínimas con la realidad que sugieren las reglas indispensables para obtener la verosimilitud tan preciada, reglas que tranquilizadoramente, como aclaró Arana, no estuvieron presentes en ningún momento. Ni con la ubicación de época, en los 50, previos al Concilio Vaticano II, años en que la misa se daba en latín y de espaldas, ni con la presencia de un Perón que abandona las tareas de su gobierno durante días enteros para salvar a un rebelde que quiere separar a su pueblo de la Nación. De otra manera hubiera sido difícil que una historia que transgredió conceptos republicanos, que involucran al Estado, y teológicos, que son sagrados para el cristianismo, no ofendiera.





