
Un melodrama poco imaginativo
"Chiquititas" , ciclo infantil. Idea original: Cris Morena. Libro: Walter Ferreyra y Delia Maunas. Dirección: Carlos Pico y Grendel Resquin. Producción ejecutiva: Sofía Izaguirre. Con Jorgelina Aruzzi, Gastón Ricaud, María Carámbula, Mariana Briski, Alejo García Pintos y elenco. De lunes a viernes, a las 17.30, por Telefé.
Nuestra opinión: regular
Heredero de uno de los programas infantiles más exitosos del pasado reciente, esta nueva versión de "Chiquititas" intenta abrir su propuesta a otro tipo de conflictos dramáticos por medio de la figura de Magalí Garcés, una exitosa empresaria que busca con denodado empeño a su hijo/a perdido cuando ella era sólo una adolescente. Su padre decidió (es, después de todo, un clásico del género) entregarla/o a un orfelinato y decirle que había muerto.
Ahora, Magalí sospecha que su vástago se encuentra en el ¿orfelinato? ¿colegio pupilo? ¿guardería? que tiene la aristocrática familia Demont en los fondos de su casa -como todo los aristócratas televisivos, sufren en secreto su decadencia económica-, por lo que decide continuar con sus investigaciones desde adentro, convirtiéndose en su principal benefactora e inventando un alter ego, la descocada Lilí, una suerte de Mary Poppins con menos hincapié en la disciplina pero la misma cantidad de recursos para lograrla, que suplirá las carencias institucionales-pero sobre todo afectivas- de los pequeños moradores del establecimiento.
Lo que en principio asoma como una idea pasible de entregar múltiples vueltas de tuerca tanto en los chicos y como en esta suerte de madre/hada madrina sustituta se ve -por lo menos en este envío inicial-, seriamente comprometida por las dificultades de su libro, demasiado ocupado como está por exponer puntillosamente lo anecdótico de este melodrama (incluyendo dos pálidos números musicales que poco y nada agregan a lo dicho) como para esmerarse en construir un relato dramático y otorgar un módico de individualidad para sus personajes. Especialmente en el caso de los adultos, que se llevan la peor parte de los diálogos, uniformemente trillados y artificiosos.
Sólo el oficio de Jorgelina Abruzzi logra mantener a flote a la colorida y furtiva Lilí/Magalí dotándola de una circunspección emocional que no abunda en su mundo, mientras que Mariana Briski (como la celadora Teresa, el grotesco personaje que es su opuesto) liberada de las constricciones del realismo, domina y divierte con su criatura subhumana. El resto -especialmente la pareja de villanos, María Carámbula y Alejo García Pintos- hace lo que puede con los elementos que tiene, especialmente con una marcación y realización que, por todo el hincapié en la capacidad para maravillarse acerca de las vueltas de la vida y el destino, se empeña en mantenerse en la senda más estrecha y transitada de las muchas que se abren frente a su planteo inicial.
Por lo menos por ahora, por toda la lograda creatividad de la fotografía, escenografía y vestuario de "Chiquititas" -es decir, de los rasgos exteriores de este mundo-, lo que ocurre en él no deja demasiado lugar a la imaginación.
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