
Un reality que mutará a miniserie
"Ser una estrella, Lux Star" , reality show producido por Cuatro Cabezas, del que surgirá la protagonista de una próxima miniserie. Jurados: Graciela Borges (madrina), Claudio Gallardou (director de la escuela) y Alberto Migré (autor). Realización: Hernán Castellanos y Pablo Faro. Producción de contenidos: Mariano Feijóo. Producción ejecutiva: Mariano Rossi. Producción general: Mario Pergolini y Diego Guebel. Por Canal 13, los viernes, a las 23.
Nuestra opinión: bueno
En el mapa, que ya a estas alturas podría armarse sin inconvenientes, de los intentos por lanzar a la fama y a la popularidad a nuevas figuras desde plataformas televisivas hay para todos los gustos y resultados. Por un lado, las figuras jóvenes del pop: algunos rotundamente consagrados (los quintetos Mambrú y Bandana) y otros procurando con mucho esfuerzo subir esa dura cuesta (los ganadores de "Operación triunfo" y "Escalera a la fama"); por otro, las ganadoras de "Super Model", todavía no del todo instaladas, al menos en lo que hace al reconocimiento del gran público, en ese mundo de las pasarelas y las sesiones de fotos al que se le presta atención como nunca antes en toda la historia de la TV local. Están también el hoy casi ignorado triunfador del experimento futbolístico llamado "Camino a la fama" y los chicos apadrinados por Reina Reech, protagonistas de un ciclo que generó muchas más expectativas que resultados y pasó rápidamente al olvido.
La siguiente etapa de esta empecinada búsqueda de la TV de hoy por cumplir los sueños de entusiastas legiones de aspirantes a estrellas pasa por la actuación. Lo que empezamos a ver anteanoche por Canal 13 es el proceso que culminará en la selección de la protagonista femenina de una futura miniserie que escribirá Alberto Migré. Y, en este sentido, "Ser una estrella, Lux Star" es la incontrastable demostración de que no hay en la pantalla chica de hoy género más rígido y cerrado que el de los reality shows de "Camino a la fama", paradójicamente una de las fórmulas que llegaron en los últimos años para modificar casi de raíz la tradicional tipología de formatos televisivos.
Con una fórmula ya probada desde el notable éxito de "Popstars" (un programa tan bien hecho que escribió de entrada todo lo que podía hacerse en la materia), este "Ser una estrella, Lux Star" funciona casi con piloto automático: la voz en off que habla de los sueños que cientos de chicas aspiran a lograr, la febril búsqueda de las participantes por conseguir un lugar, algunas historias de vida que van delineando personalidades, las expectativas de profesores, entrenadores y jurados, los gestos -variables según las circunstancias- de ganadores y perdedores, los recursos visuales ya conocidos para subrayar estados de ánimo, el suspenso sobre la siguiente etapa planteado en el final a la espera del próximo programa...
Cuestión de caminos
Todo y nada ocurren al mismo tiempo mientras el impecable dispositivo técnico y formal de Cuatro Cabezas cumple prolijamente y sin sorpresa alguna cada una de las etapas que cualquiera que haya visto las experiencias anteriores en la materia puede imaginar con facilidad. En las próximas emisiones seguramente aparecerán desplegadas distintas manifestaciones de la común aspiración a convertirse en una actriz consagrada: de la más carismática a la más reconcentrada, de quien posee las mayores condiciones naturales a la que resultó más agraciada por la simpatía que por la belleza. Y también las inevitables diferencias y matices dentro de un jurado en el que ya hay debates sobre el número definitivo de integrantes que tendrá la "escuela" de la cual surgirá la ganadora.
Si la idea de Cuatro Cabezas es volver a hacer el recorrido por el camino más frecuentado y que ofrece menos riesgos, el éxito del programa pasará mucho más por la repercusión de la futura miniserie que por el procedimiento formal de selección de la protagonista. El camino alternativo pasa, a lo mejor, por hacer de este programa que busca a la protagonista de una próxima historia de ficción algo consecuente con el tipo de relato melodramático que se vislumbra a partir del perfil que ofrece su autor, nada menos que Alberto Migré. Aunque tal como quedaron las cosas en el programa inaugural, esas posibilidades corren riesgo de desaprovecharse: las imágenes acentuaron aquellas pruebas de tono más efectista y dejaron de lado las improvisaciones alrededor de un tema shakesperiano (una escena de "Sueño de una noche de verano") que pareció la sugerencia más feliz entre todas las planteadas por Claudio Gallardou. Quienes hayan sido testigos de alguna de las anteriores experiencias en la materia descriptas en el mapa del comienzo saben todo lo que pasará de aquí en adelante en "Ser una estrella, Lux Star", con la natural excepción del nombre del ganador. Les queda acompañar la evolución del programa con esa única incógnita o esperar de sus responsables alguna innovación dentro de un modelo tan eficaz como previsible.
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