Una fiesta sin filtro y con final anticipado

Entre cotilleos y reconocimientos, la mayoría de los actores no llegó al final de la transmisión
Natalia Trzenko
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4 de diciembre de 2013  

Dicen que de una fiesta hay que irse cuando está en su mejor momento. Una regla de etiqueta no escrita que, anteayer, los invitados a los premios Tato interpretaron como les pareció mejor para ir dejando casi vacía la sala del Colón antes de que llegaran los galardones principales: cuando Solamente vos triunfó en el rubro ficción diaria comedia/novela, la mitad de la platea estaba desierta. Y mucha menos gente se quedó para el momento -supuestamente- más esperado de la noche: la elección de Periodismo para todos como el programa del año.

Los palcos, que hacia las 22 habían estado rebosantes de público (de un lado los muchachos de Ideas del Sur; cerca, Florencia de la V; en la vereda de enfrente, Nicolás Cabré, Gonzalo Heredia y Nicolás Vazquez, pegados a Viviana Canosa, Mirtha Legrand y a Pedro Pablo García Caffi, director del teatro), hacia la 1 de la madrugada eran tierra arrasada. Salvo Legrand, que premio a premio demuestra ser una de las pocas que entienden cómo debe comportarse un invitado a una ceremonia de este tipo, la mayoría de los que asistieron al festejo de Capit no aguantaron sus algo más de tres horas de duración. Claro que para muchos todo el asunto había empezado bastante más temprano. Los rubros técnicos y aquellos destinados a la TV por cable se entregaron durante la tarde, fuera de la ceremonia (y sin demasiada ceremonia). Los nominados se encontraron a las 17.30 en el Salón Dorado para conocer los resultados. Allí no hubo tiempo ni espacio para los agradecimientos, que en la fiesta de la noche abundaron.

Más allá de lo que pasaba sobre el escenario, mientras Mariana Fabbiani y Julián Weich hacían lo imposible para acelerar la lenta marcha de la transmisión, en la platea todo era orden hasta la llegada del corte, cuando todo el mundo corría. Hacia afuera para aprovechar el catering, hacia la calle para fumar un cigarrillo y hacia los pasillos de la platea y los palcos. Ahí, la escultural Emilia Attias saludaba a quien pasara mientras Mike Amigorena hacía otro tanto y Julio Chávez se mantenía en su asiento junto a Griselda Siciliani. Los protagonistas de Farsantes luego subirían a presentar un par de premios y a recibir algunos de los ocho galardones que se llevó la ficción de El Trece. Una cosecha que, cuando las cámaras se apagaban, se comentó tanto como el regreso del flequillo p in-up g irl de Natalia Oreiro y su capacidad para subir las escaleras hacia el escenario enfundada en ese vestido que era casi un guante.

Lo cierto es que en estas ceremonias no sólo se cuentan los premios de unos y otros con el celo de los gerentes de programación y mandamases de productoras -todos de asistencia perfecta anteanoche-, sino que todo los presentes están a la caza de ese chisme imperdible. Ese momento, que no se vio en el aire, fue aquel en el que Luisana Lopilato y su marido, Michael Bublé, sonrieron para las cámaras de los muchos teléfonos celulares que los apuntaban sin discreción alguna. Un reflejo de lo que pasaba sobre el escenario, donde la falta de filtro marcó la pauta. Desde los comentarios de Lanata hasta la verborragia de Santiago del Moro, mejor conductor (que primero se quejó de la espera tras bambalinas y luego compensó su comentario fuera de lugar con un respetuoso homenaje a Cacho Fontana) pasando por las bromas entre Diego Torres y Adrián Suar, que fue uno de los últimos en irse del Colón. Tan contento como se lo veía en pantalla por los 15 premios de Pol-ka, pero un poquito más por el de mejor comediante, el primero que recibe como actor en su carrera.

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