
"Vamos a ganar", como para perder la fe en el estudiantado
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"Vamos a ganar", programa de entretenimientos con la conducción de Mariano Peluffo. Con la participación de los ex integrantes de "Gran hermano" (primera y segunda versión). Una producción de Telefé Contenidos. Lunes a viernes, a las 18, por Telefé.
Nuestra opinión: regular.
Entre juegos acuáticos y preguntas de educación elemental van pasando los bloques de "Vamos a ganar". Se trata de un programa derivado de la experiencia estival "Sentí el verano", que, acorde con el otoño, se desarrolla dentro de uno de los estudios de Telefé, en lugar de la veraniega arena marplatense. Y mientras que durante las vacaciones fueron los veraneantes quienes jugaron, una vez iniciado el período lectivo los que ahora participan son estudiantes de colegio secundario. A esto se agrega que el premio mayor -se entrega los viernes- es un viaje a Bariloche para toda la división.
Así que, de una manera u otra, "Vamos a jugar" termina siendo, por un lado, una reedición de "Domingos para la juventud", pero en formato diario en lugar de ómnibus semanal, y, por otro lado, parece un desprendimiento de "Telematch" (el ciclo alemán de entretenimientos), porque entre los juegos predominan aquellos de despliegue físico.
Mucho no es suficiente
Las raíces están claras, pero "Vamos a ganar" no devino un producto superador de sus antecesores. Ni la conducción, ni la participación de los ex "Gran hermano", ni el orden de producción, ni el contenido de los juegos proveen al producto general el máximo de sus necesidades. Desentendimientos, amateurismo y confusiones son habituales en el transcurso del ciclo. La excepción la constituye Osvaldo Príncipi, el periodista/relator de boxeo, que se encarga de imprimirle, con la particularidad de su voz, algo de suspenso al insulso tramo de los juegos.
Pero como todo programa televisivo refleja algo de la realidad, "Vamos a ganar" resulta una buena excusa para enfrentarse a la precariedad de conocimientos de los estudiantes de colegio secundario (no saben cuánto es el 99 por ciento de 100, creen que el arenque es un tipo de madera y que Viedma es la capital de Santa Cruz). Y, pensándolo bien, esto tiene una gravedad mayor que la aparente. Porque lo lógico sería que los televidentes adultos -que hace mucho tiempo abandonaron las aulas y el estudio sistemático- fuesen quienes no supieran contestar algunas preguntas de manual. Por eso la realidad es más alarmante: son justamente los estudiantes, que, se supone, tienen un entrenamiento diario de acopio de información y conocimiento, quienes desconocen las respuestas a cuestiones básicas. Entonces, le resta al espectador una reflexión final: en cuanto a calidad intelectual de los contenidos del ciclo, ¿"Vamos a ganar" es así de elemental por una decisión arbitraria de la producción? ¿O será que a esa producción no le ha quedado más remedio que adaptarse al nivel educativo de los estudiantes de hoy?
Entre juegos acuáticos y preguntas de educación elemental van pasando los bloques de "Vamos a ganar". Se trata de un programa derivado de la experiencia estival "Sentí el verano", que, acorde con el otoño, se desarrolla dentro de uno de los estudios de Telefé, en lugar de la veraniega arena marplatense. Y mientras que durante las vacaciones fueron los veraneantes quienes jugaron, una vez iniciado el período lectivo los que ahora participan son estudiantes de colegio secundario. A esto se agrega que el premio mayor -se entrega los viernes- es un viaje a Bariloche para toda la división.
Así que, de una manera u otra, "Vamos a jugar" termina siendo, por un lado, una reedición de "Domingos para la juventud", pero en formato diario en lugar de ómnibus semanal, y, por otro lado, parece un desprendimiento de "Telematch" (el ciclo alemán de entretenimientos), porque entre los juegos predominan aquellos de despliegue físico.
Mucho no es suficiente
Las raíces están claras, pero "Vamos a ganar" no devino un producto superador de sus antecesores. Ni la conducción, ni la participación de los ex "Gran hermano", ni el orden de producción, ni el contenido de los juegos proveen al producto general el máximo de sus necesidades. Desentendimientos, amateurismo y confusiones son habituales en el transcurso del ciclo. La excepción la constituye Osvaldo Príncipi, el periodista/relator de boxeo, que se encarga de imprimirle, con la particularidad de su voz, algo de suspenso al insulso tramo de los juegos.
Pero como todo programa televisivo refleja algo de la realidad, "Vamos a ganar" resulta una buena excusa para enfrentarse a la precariedad de conocimientos de los estudiantes de colegio secundario (no saben cuánto es el 99 por ciento de 100, creen que el arenque es un tipo de madera y que Viedma es la capital de Santa Cruz). Y, pensándolo bien, esto tiene una gravedad mayor que la aparente. Porque lo lógico sería que los televidentes adultos -que hace mucho tiempo abandonaron las aulas y el estudio sistemático- fuesen quienes no supieran contestar algunas preguntas de manual. Por eso la realidad es más alarmante: son justamente los estudiantes, que, se supone, tienen un entrenamiento diario de acopio de información y conocimiento, quienes desconocen las respuestas a cuestiones básicas. Entonces, le resta al espectador una reflexión final: en cuanto a calidad intelectual de los contenidos del ciclo, ¿"Vamos a ganar" es así de elemental por una decisión arbitraria de la producción? ¿O será que a esa producción no le ha quedado más remedio que adaptarse al nivel educativo de los estudiantes de hoy?





