
Textos de Lorca con inusual vigencia
"Un poeta en Nueva York". Basado en poemas de Federico García Lorca. Intérpretes: Belén Larío de Blas, Fernando Lima, Gema López y Javier Castro. Música original y videos: José María Roca. Imágenes en directo y vestuario: Ro Sánchez. Coreografía: Fernando Lima y Gema López. Dirección: Gema López y José María Roca. En el Teatro Nacional Cervantes. Programa Iberoamericano de Teatro. Nuestra opinión: Bueno
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Escritos entre 1929 y 1930, los textos que conforman la obra "Un poeta en Nueva York" no son más que el resultado de las fuertes impresiones que causó en Federico García Lorca su viaje a la ciudad estadounidense. Su mundo interno se ve tan convulsionado que esto trastroca -y mucho- la manera de entender la realidad y, por tanto, también su escritura. En varias de las cartas que envía a su familia por esos días, expresa García Lorca, a veces con una sorpresa muy adolescente, ese paisaje que observa y que tanto lo conmueve. En una de ellas escribe: "Aquí es donde se ven las magníficas piernas de las mecanógrafas que vimos en tantas películas, el simpatiquísimo botones con pecas que hace guiños y masca goma, y ese hombre pálido con el cuello subido que alarga la mano con gran timidez suplicando los cinco céntimos".
Pero a la hora de trasladar aquella experiencia al papel lo hace, casi siempre, con la fuerza denunciante de un adulto inteligente que puede hasta lograr una síntesis de gran precisión entre el mundo español de su época y ese paisaje tecnificado, solitario, agresivo, que le devuelve la ciudad. "Pero yo no he venido a ver el cielo -dice el autor en "New York, oficina y denuncia"- . He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra".
Producciones Imperdibles -compañía sevillana que a comienzos de la década del 90 se presentó en Buenos Aires en dos oportunidades bajo el nombre La Pupa, y el año último realizó funciones con esta misma propuesta en Córdoba y Resistencia (Chaco)- decide ponerse a jugar con esos poemas, siguiendo una línea de trabajo que los caracteriza y que está ligada con una experimentación en la que siempre asoman las nuevas tecnologías.
En este espectáculo ellos transforman el escenario en una caja de sorpresas. Allí las palabras encontrarán un correlato fuerte en la imagen y una continua trasposición de tiempos obligará al espectador a descubrir una fuerte vigencia en esos poemas. Como si en verdad estuvieran escritos hoy.
Continuamente los actores y técnicos hablan de deshumanización, y hacen mucho hincapié en demostrar, a medida que avanza la experiencia, que nada pareciera poder ayudarnos a recuperar el tiempo perdido en aceptar un nuevo mundo tan alejado de la verdadera simpleza de la vida. Pero, como dice el poeta, "ya vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan. La Bolsa será una pirámide de musgo".
La fuerza del efecto
Técnicamente, esta versión escénica de "Un poeta en Nueva York" expresa desprejuicio y es muy potente en muchos momentos. Pero también expone algo que es común en esta compañía: dejar a veces al actor de lado para que se vea el efecto. Y la reiteración de ese efecto no es buena, porque pierde contundencia.
Aún así, ese rap del final, que componen con los versos de "New York oficina y denuncia", resulta la síntesis más elocuente del espectáculo y ese acento puesto en lo de: "Yo denuncio a la gente que ignora a la otra mitad...", intención por demás conmovedora, sobre todo si se tiene en cuenta que, precisamente esa otra mitad, terminó ignorando al escritor en 1936.
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