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No siempre fui un seguidor de los Dead. Recién me hice fan de ellos en 1989. La primera vez que los vi fue en 1979 –yo tenía 19 años–, pero mi cabeza estaba en otro lado. Mi esposa, Stephanie, sí era fanática del grupo, y desde que nos conocimos en 1989 fuimos a verlos siempre que pudimos. Una noche, en el Madison Square Garden, Bruce Hornsby –quien tocaba el teclado con ellos– nos llevó al escenario y nos sentó detrás del piano. Estábamos a dos metros de Jerry Garcia, y uno podía ver cómo el público se enloquecía con él. Era el centro de todo. Mirarlo era hipnotizante.
Obviamente, la mayoría de las bandas actuales de jam está influida por los Dead. Pero lo que me decepciona en mucha de la música de hoy es que no se escucha historia en ella. Los Dead, particularmente Garcia, eran aficionados al folk, al blues acústico y al bluegrass. En las canciones que Garcia escribió junto con Robert Hunter, y también en las cosas de Bob Weir, se escucha música de hace cuarenta o cincuenta años. Todo el mundo se concentra en la magia de la guitarra de Jerry y en la vulnerabilidad de su voz, pero su sentido de la melodía y de los cambios de acorde era increíble.
Antes de unirme a los Dead el año pasado, toqué con Phil Lesh unos cinco años. Es uno de los bajistas más singulares de la historia. Su origen es la música clásica; ve la guitarra y el bajo como partes de una orquesta. Su trabajo no es sólo tocar las notas base. El y los bateristas, Mickey Hart y Bill Kreutzmann, se mueven por todas partes. Mucha magia de la música de Dead viene del aprendizaje conjunto de Phil y Jerry, combinando la perspectiva de Phil con la singular mezcla de influencias de Jerry.
Jerry sigue siendo uno de los pocos guitarristas que, no bien escuchás un acorde, sabés quién es. En la guitarra y en su voz había una humanidad que te atrapaba. Era un guitarrista muy personal: tocaba más con el corazón y con el alma que con técnica.
Los Dead redefinieron el éxito. Crearon un público que creció y creció, y lo hicieron sin venderse. Sobrevivieron en un mundo en el que la supervivencia parecía imposible. Ignoraron el sistema y alentaron a sus fans a hacer lo mismo: a ser librepensadores.
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