
“El disco tiene que ver con la bronca apenas disimulada”, dice Thom Yorke acerca de “Hail the Thief”, de Radiohead. Y cuenta todo. Sin disimulos.
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Abria que escuchar el disco antes de juzgar las pelotudeces que se ", declara Thom Yorke, de Radiohead, despues de explicar y defender durante casi una hora el provocativo titulo y el aire fatidico del nuevo album de la banda: Hail to the Thief [Viva el ladrón]. "Lo que importa es la música", argumenta hablando por celular desde un auto en Inglaterra, después de un largo día de actividades para promover el disco. "Es un clisé supertrillado, pero es cierto." En Hail to the Thief, Yorke –cantante, letrista y conciencia al desnudo de Radiohead– se mete de cabeza en los peligros y los desafíos de vivir en un mundo gobernado por cowboys, pistolas y dinero. El título es una alusión poco halagadora al discutido triunfo de George w. Bush en las elecciones para presidente de 2000, y algunas canciones, como "2+2=5" y "We Suck Young Blood", parecen sacadas de los últimos cables informativos sobre Irak y Wall Street.
En realidad, Hail to the Thief es más profecía que protesta. Yorke, los guitarristas Ed O’Brien y Jonny Greenwood, el bajista Colin Greenwood y el baterista Phil Selway estrenaron muchos de estos catorce temas en Europa, en vivo, a mediados del año pasado, mucho antes de que la crisis en Irak llegara a la guerra. Luego, a fines del año pasado, durante dos semanas de sesiones en Los Angeles con el coproductor Nigel Godrich, los Radiohead reconstruyeron en el estudio el volumen y la emoción de esos shows.
Yorke insiste en que, pese a la atmósfera sombría de política y paranoia que exuda Hail to the Thief, el disco no es la banda sonora para esconderse en un refugio. Los ritmos lúgubres y las guitarras en lucha son el empuje y el clamor del compromiso, y no del escape. "La música sacó a relucir esta mierda", asegura Yorke. "Yo intentaba, deseaba, no prestarle atención. Pero al final fue tan obvia que no pude pasarla por alto."
"¿Tan idealista sos/ que querés arreglar el mundo?": Son los primeros versos del disco nuevo, en "2+2=5". ¿Te dirigís al público o hablás de vos?
No sé de dónde salió esa parte de la letra. Estuvo desde siempre, para empezar la canción. Siempre pensaba: "Uy, es horrible. La voy a tener que cambiar". Durante todo el tiempo que estuvimos haciendo el álbum traté de no decir nada específico sobre ningún tema. Trataba de esconderme de todo eso. Y no participé en la elección del orden de las canciones; al menos al principio. Se encargaron Phil y Ed. Cuando íbamos por la mitad del disco, les pareció que sería una buena idea saber cómo iban a quedar ordenadas. Y repararon en ese verso, así que la culpa es de ellos.
El disco tiene que ver con la bronca apenas disimulada... apenitas disimulada. Pero no es que hayamos analizado mucho las cosas a la hora de componer las canciones. Además, algunas son bastante viejas. "I Will" tiene tres o cuatro años. "Myxomatosis" tiene tres o cuatro años. Pero eran las canciones que había. Uno trabaja con lo que tiene.
¿Cuándo escuchaste por primera vez la frase "Viva el ladrón" y por qué llegó a ser título de un disco?
Fue un momento edificante: un día, al atardecer, por la radio, muchísimo antes de que nos pusiéramos a hacer el disco. En la bbc estaban diciendo que los votos de Florida estaban comprados y que a Bush le decían ladrón. Esa frase me quedó grabada. No me la podía sacar de la cabeza. Y la luz –ese día yo iba manejando con la radio prendida– era particularmente rara. Tuve una sensación fatídica tremenda, muy difícil de describir, en realidad. Para mí, todas las sensaciones del disco salen de ese momento.
El otro título que se barajó fue The Gloaming [El crepúsculo]. Yo lo quería elegir por la luz del anochecer que había esa vez en el auto. Pero era un título demasiado ominoso, y el disco no es ominoso: en lo musical, es bastante alegre.
¿Cuáles fueron las primeras reacciones al título, por parte de Capitol Records de los Estados Unidos y por parte del resto del grupo?
Los de Capitol nunca hicieron comentarios sobre el título. No tuvieron ningún tipo de problema. Igual, saben cómo somos. Y los demás... en realidad fue lo que querían ellos. Al principio a mí me gustaba, pero después me puse muy nervioso: "No, el disco no habla solamente de eso". Pero ellos decían: "Esta frase evoca todas las pavadas, los disparates y el júbilo de la época". El título lo tenía todo. Estuve mil años dándome la cabeza contra la pared por culpa de esas palabras. Los demás me volvían a encarrilar.
Este año participaste en manifestaciones contra la guerra en Los Angeles y en San Francisco, y hablaste en un evento antibélico en Inglaterra. ¿Cuánto de la guerra contra Irak viste por tv, al final?
No miré nada. No me gusta lo de los cowboys y los indios. Me parece extremadamente insultante. Escuché la radio. Mirar a los periodistas que se entusiasmaban como locos en lugar de hacer algo útil de sus vidas... me pareció la cagada más asquerosa que hubiera visto por televisión.
Por irónico que parezca, el lenguaje de la guerra de hoy –frases tales como "incrustados con las tropas" o "daños colaterales"– suenan mucho a tus letras, como si el Pentágono y la cnn se hubieran puesto a estudiar Kid A.
Qué interesante que hagas ese comentario. Cuando empecé a escribir estos temas nuevos, escuchaba un montón de programas de política en la Radio 4 de la bbc. Y me di cuenta de que –en el apuro de la mañana, cuando estaba en la cocina dándole el desayuno a mi hijo– anotaba frasecitas sin sentido, esos eufemismos orwellianos de los que son tan partidarios el gobierno inglés y el norteamericano. Pasaron a ser el telón de fondo del disco. A esas palabras se les había sacado su contexto emocional. Lo que hice yo fue recuperarlo.
Te opusiste a la guerra. Pero, en tu opinión, ¿qué que se debería haber hecho con Saddam Hussein?
(Hace una larga pausa.) Al decidir desobedecer a las Naciones Unidas, eludirlas, tratarlas con total desprecio, estamos ingresando en un estado de anarquía. Cuando dos países de los más poderosos de la Tierra deciden pasar por encima del derecho internacional, equivale a decir: "El que tenga más armas está al mando de la situación". Ahora ingresamos en esa fase, y eso tendría que haberse tenido en cuenta, al margen de lo que tuviera que haberse hecho con ese maniático en particular. Al burlar el derecho internacional, los norteamericanos sentaron el precedente más peligroso. Es una locura.
¿Pero las Naciones Unidas eran verdaderamente capaces de lidiar con ese maniático?
Quizá no. Pero se las desobedecía constantemente, cada vez que no hacían algo beneficioso [para los Estados Unidos]. Me parece un poco ridículo que los Estados Unidos y Gran Bretaña den por sentado que tienen autoridad moral en estas circunstancias. (Se ríe.) A ver... ahora me matan por decir esto.
Actualmente Irak está peligrosamente desequilibrado: Al Qaeda volvió a la acción. ¿Qué tendría que hacer la oposición, la minoría que protesta?
No es una minoría. Y no tengo respuestas. Pero lo que no me deja dormir es que mi gobierno no sea responsable ante la población. La mayoría de los británicos no estaban de acuerdo con la guerra, pero sucedió igual, sin importar qué dijéramos. Es el teatro del absurdo. Decididamente no es democracia. Y en los Estados Unidos, el miedo a decir lo que uno piensa, a usar el derecho constitucional de decir lo que uno piensa... no es democrático. Si se supone que uno está luchando por su libertad, ¿cómo puede ser que ahora la gente tenga más miedo que nunca?
Hace poco, cuando le pregunté a Eddie Vedder, de Pearl Jam, por política, me dijo que desde el 11 de septiembre había leído exclusivamente no-ficción. ¿Qué leías mientras componías las canciones de Hail to the Thief?
No leía nada, a propósito. (Pausa.) Leí un solo libro, de [Haruki] Murakami, The Wind-Up Bird Chronicles. El protagonista no es un personaje, sino la oscuridad que envuelve y sigue a la gente, la debilita. Las fuerzas oscuras de ese libro me quedaron impregnadas.
Mientras hacíamos el disco, me esforzaba por no meterme en esta mierda. No quiero andar haciendo entrevistas al respecto. En realidad, incluso es un disparate que ande contestando preguntas, deconstruyendo el papel de las Naciones Unidas, porque... ¡la puta madre!: no quiero saber (risas).
Hablando de disparates, grabaron gran parte de Hail to the Thief en Los Angeles, lo más lejos posible de la paz y el sentido común. ¿Cómo reaccionaron cuando Nigel Godrich les sugirió que grabaran algunos temas ahí?
Pensábamos: "¿Queremos dar media vuelta al mundo en avión para hacer esto?". Pero fue espectacular, porque trabajamos muchísimo. Hicimos un tema por día. Fue más o menos como una colonia de vacaciones. Fuimos a un par de fiestas glamorosas, y eso nos vino muy bien. Tenemos muy poco glamour en nuestra vida diaria. Demasiadas noticias por la radio y muy poco glamour.
¿Los recitales que dio Radiohead
en los Estados Unidos en 2001
afectaron el sonido del nuevo
disco? Kid A y Amnesiac estaban dominados por una música electrónica y
taciturna, pero a ustedes se los veía
contentos cuando tocaban las canciones
en vivo, con las guitarras a todo
volumen.
No sé por qué, pero pasó que volvimos a eso. Cuando lo hablamos, después de la gira, nos dimos cuenta de que no queríamos dar ningún gran salto creativo ni tomar una posición. Estamos en un buen lugar. Mejor seguir y disfrutarlo. Además, yo tenía la idea de que, incluso con la electrónica, hay algo de actuación espontánea cuando uno la usa. Las máquinas entraban y salían de la música. Era la tensión entre lo humano y lo que viene de las máquinas. Fueron cosas en las que nos metimos cuando aprendíamos a tocar en vivo las canciones de Kid A y Amnesiac.
¿Qué estás leyendo y escuchando por placer?
Estoy haciendo un poco de las lecturas y la investigación histórica que tendría que haber hecho cuando estaba preparando el disco. En este momento estoy pasando por mi etapa de no-ficción. Terminé unas entrevistas con Scott Ritter: fue uno de los inspectores de armas de las Naciones Unidas. Y estoy leyendo un libro de Noam Chomsky. Me agota un poco la cabeza. Para descansar, duermo.
¿Y la música? En la época de Kid A hablaste maravillas de la electrónica, sobre todo del catálogo de Warp Records.
Por un tiempo la dejé de escuchar. Pero ahora me estoy volviendo a meter. No me acuerdo de todos los nombres, pero muchos son discos del sello éste, BPitch Control. Es lo que me golpea la cabeza en este momento.
¿Tienen ganas de tocar en los Estados Unidos este año, con lo enfrentados que se sienten al país y a sus dirigentes?
Algunos de los mejores momentos que tuvimos en nuestras giras fueron en los Estados Unidos. La onda siempre es impresionante. Y no hago alarde de expresar los sentimientos de otros. Esto es lo que hay, aquí estamos hoy. Y mañana vamos a estar en otro lugar, si es que hay un mañana.
¿Pero no te molesta que, por el título de Hail to the Thief, en los Estados Unidos algunos piensen que son unos desagradecidos con el éxito que tienen en ese país?
(Risas.) Sí. Quizá no tendría que haber dicho nada. Si me dicen que por qué no me callo la boca y agradezco... (pausa) no voy a hacer ninguna de las dos cosas.



