
Tiempo de cambios para Hugh Grant
LONDRES.- "No entiendes nada de esto", le dice Julia Roberts a Hugh Grant en la ficción de "Un lugar llamado Notting Hill", que UIP estrena el jueves en nuestro medio.
Ella es, como en la realidad, la más cotizada estrella de Hollywood y, como tal, sabe que cualquier escándalo que la salpique -como el de unas fotos pornográficas que acaban de ser descubiertas (en la ficción, claro)- la perseguirá mientras siga en el candelero. "Quedan los archivos -le detalla-: cada vez que alguien se siente a escribir sobre mí, desempolvará la historia de estas fotos: los diarios duran para siempre."
Como si a Hugh Grant le hiciera falta que se lo recordaran. Aquella fugaz aventura con la morena prostituta de Sunset Boulevard, que ganó a costillas del acalorado actor sus quince minutos de fama, se le ha quedado prendida como un estigma indeseable.
Por supuesto que nadie atinará a hacer alusión al episodio ante la británica discreción del comediante en el que muchos han visto una suerte de versión actual de Cary Grant. Pero tampoco quedan dudas de que la significativa línea de diálogo no fue producto de la ingenuidad ni de la distracción de Richard Curtis, el ingenioso libretista de "Cuatro bodas y un funeral" y de la comedia a punto de estrenarse.
"No soy exactamente lo que se dice un actor ambicioso -confiesa Hugh ahora que enfrenta al periodismo en Londres para hablar de su flamante trabajo-; por eso no hice muchas películas en estos últimos tres o cuatro años. Aquí, en Inglaterra, se ha hablado mucho de Un lugar llamado Notting Hill . Por los antecedentes del equipo, por la presencia de la actriz más cotizada del mundo haciendo el papel de la actriz más cotizada del mundo. Y también, por qué negarlo, por mi reaparición. Eso me alegra, aunque también sé que hay muchos preparados para decir: Ahí está Hugh haciendo otra vez el mismo papel. "
(Curtis y el director de la película, Roger Mitchell, no abrigan dudas parecidas. Para ellos, Grant es, sencillamente, el mejor actor del mundo cuando se trata de sacarle el jugo a este tipo de personajes.) Pero él ha estado un poco alejado de la comedia.
"Ultimamente estoy cada vez más interesado en la producción -dice-. Medidas extremas me llevó casi un año y Mickey Blue Eyes , nuestro siguiente film, ya me ha insumido dos". Si Hugh habla en plural es porque estas dos películas fueron producidas por Simian Films, la compañía que él fundó junto a Elizabeth Hurley, su tolerante y enamorada compañera.
"Llevamos la compañía juntos, pero es ella quien aporta la energía, la que me pone en marcha. Le debo mucho a Liz; si no fuera por su empuje, probablemente la empresa padecería la misma dispersión que yo", explica Grant.
Mafioso y escritor
Pero el cambio viene con otro signo. Hugh recuerda los tiempos en que trabajaba en teatritos, representando pequeños sketches, antes de que "Cuatro bodas y un funeral" lo convirtiera en una estrella internacional y antes aun de que su labor en "Maurice", de James Ivory, le valiera un premio en Venecia y un primer paso decisivo hacia su actual popularidad.
"Hace más de diez años, cuando estaba sin trabajo, intenté escribir una novela. Era una novela muy mala, pero tal vez ahora -si me decido a tomarme un descanso después del film con Woody- puedo retomarla. Sucede que escribir es una tarea solitaria, todo lo contrario del cine o el teatro. Así que tendría que apartarme de la actuación para poder seguir escribiendo. Y veré cómo hago para conciliar ese proyecto con la marcha de la empresa productora y con mi voluntad de dedicar más tiempo a la producción.
Probará con la novela, entonces. Y con la producción. Aunque, en un terreno más personal, se imagina en otra condición nueva: la de padre. "Pero para eso -bromea- tendríamos que viajar. En Inglaterra mi libido flaquea, mi espíritu romántico se apaga. En cambio, en Italia, en París... hay algo en el aire." Quizás está tratando de emular a aquellos ingleses victorianos perturbados por la sensual vitalidad continental que describían las novelas de Edward M. Forster o las de Henry James.
Una estrella en el camino Camisa celeste, traje azul oscuro, el espeso mechón de pelo cayéndole sobre la frente, sonrisa casi constante, Hugh Grant es pura gentileza británica. Da gusto escucharlo hablar por cómo que juega con el ritmo del diálogo -se ve que en él la comedia es un don natural- y porque en su charla la risa viene montada en las palabras, no la interrumpe.
Llega la hora de hablar de "Un lugar llamado Notting Hill". Hugh prefiere comenzar por el principio: "Recuerdo a Curtis entusiasmándome durante la filmación de Cuatro bodas y un funeral, con las escenas graciosas que estaba escribiendo para mí en el nuevo film que concebía por entonces. Ese libro prometedor me sirvió como aliciente para seguir adelante con mi carrera. Pero la película de Curtis nunca llegaba. Creo que nunca un ser humano demoró tanto en escribir una sencilla comedia romántica. Algunos llaman a eso perfeccionismo; yo lo llamo pereza".
Cuando, sin embargo, varios años después, el guión apareció, Hugh confiesa que dos cosas lo preocuparon seriamente: una, lo bueno que era (según William Goldman, el libretista de Butch Cassidy, "uno de los dos mejores guiones de la última década); la otra, que Julia Roberts iba a hacer el principal papel femenino.
A Julia la conoció hace siete u ocho años cuando ambos estuvieron a punto de interpretar Shakespeare apasionado, proyecto que la estrella abandonó y que estuvo demorado algunos años.
"Tuvimos una buena relación -dice Grant-, pero no tenía idea de cómo estaría ella ahora que se había convertido en la más cotizada de las superestrellas. Estaba tan inquieto cuando hicimos la primera lectura que apenas si pude abrir la boca. Pero todo fue muy cordial después. Nunca sabré si era verdad o no, pero Julia se mostró también muy nerviosa en los comienzos de la filmación, y eso contribuyó a tranquilizarme. Al poco tiempo, ya estábamos bromeando como viejos amigos."
Realidad y ficción Grant juzga que la historia imaginada por el film -la de la estrella de Hollywood enamorada de un modesto vendedor londinense- no es tan improbable como parecería.
"De hecho -cuenta-, la historia le fue sugerida a Curtis por un episodio que vivió un amigo de él, según me dijo. Este personaje fue una tarde a Harrods y se tropezó con una estrella muy famosa -no podría decir quién es porque Curtis jamás me lo confesó y ni siquiera sé si él lo sabe-. La cuestión es que el desconocido y la estrella pasaron toda esa tarde juntos y de allí nació una relación completamente clandestina, y parece que muy apasionada, que se reanudaba cada vez que la estrella volvía a Londres."
Se queda pensativo cuando se le pregunta a qué estrella le habría gustado a él invitar a casa si hubiera tenido la fortuna del librero de Notting Hill que encarna en la ficción.
"Nunca tuve aspiraciones tan altas", asegura. Nadie le cree.
Diario de filmación con humor
LONDRES.- A mitad de camino entre el comediante que es y el escritor que proyecta ser, Hugh Grant encontró el modo de ligar las dos vocaciones en una suerte de memoria del rodaje que se incluyó en la edición inglesa del guión de "Notting Hill":
- La incapacidad de Roger Mitchell (el director) para incorporar cantidades descomunales de nicotina a su torrente sanguíneo, que lo llevaban a quitar el filtro de los cigarrillos y fumar dos al mismo tiempo. Tim McInnery (el amigo de Hugh en la ficción), dice que una vez lo vio escondido detrás de un decorado experimentando con un tercer cigarrillo conectado directamente a su fosa nasal.
- Los ensayos en un gélido salón parroquial de Notting Hill en abril de 1998: "Todo bien, sólo que el frío era tanto que teníamos contratados a dos tipos que seguían a Julia por todo el salón con estufitas de gas para evitar que la pobre se desmayara".
- Los comentarios de la maquilladora Jenny Shircore acerca de los buenos resultados que se veían en las pruebas fotográficas a pesar de que mis dientes están un poco amarillos y mi labio superior no existe.
- Toda la amabilidad de la gente de Notting Hill, si uno hace caso omiso de ese señor que venía a tirarnos huevos todos los días.
- La sensación vivida al salir del set convencido de que había estropeado una toma y encontrarme con miembros del equipo dando muestras de franca alegría mientras miraban la escena en el monitor, que en realidad estaba sintonizado en el partido Inglaterra v. Colombia, del Mundial de Francia.
En el futuro, Woody Allen
LONDRES.- Hugh Grant está en un momento de decisión después de Notting Hill y de Mickey Blue Eyes , donde representa a un inglés que aprende a comportarse como un mafioso de Brooklyn adiestrado por su suegro, James Caan.
"Estoy muy orgulloso de estas películas -dice- y muy ansioso de filmar con Woody Allen (su inminente compromiso), pero me prometí hace 16 años que alguna vez intentaría otra cosa y quizás ha llegado el momento. Tengo tres buenas películas, este año cumplo los 40 y se viene el fin de siglo: son buenas señales, ¿no?" Actor y británico, cualquiera esperaría que confesase su aspiración de convertirse en intérprete shakespeariano. Pero no tiene ni tuvo nunca esa ambición. Es cierto que abrigaba otro anhelo, ahora a punto de cumplirse: el de trabajar con Allen ("no sé muy bien qué es, porque Woody no te envía todo el guión sino sólo tu parte"). Y que hay otro sueño más, aunque no tiene que ver con el teatro: conocer a la reina; ya sucederá.
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