
Tiempo de zarzuela
Pasado mañana, con el estreno de "Doña Francisquita", vuelve la hermanita pobre de la ópera al gran escenario del Colón.
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Que una zarzuela aparezca dentro de la temporada operística no es una novedad. Pero su infrecuencia hace que el hecho llame poderosamente la atención. Cuando el teatro Avenida fue reinaugurado, parecía que la zarzuela -para muchos, una especie de hermanita pobre de la ópera- tendría su propio ámbito.
En sentido contrario, esto implicaba que nunca más las obras de Vives, Soutullo, Bretón, Moreno Torroba, Guerrero o Sorozabal tendrían su oportunidad en el Colón.
Sin embargo, contra los que hubieran querido que, en efecto, la zarzuela se hubiera quedado a morar en otras partes y no se inmiscuyera en los terrenos de Mozart y Wagner, llega al Colón, como herencia democrática de la gestión de Sergio Renán, una de las más renombradas y logradas obras de este campo tan original y maravilloso como, a veces, poco comprendido.
Tras Poppea, Alda y Brunilda, mujeres con los atributos que se le exigen a una auténtica heroína de ópera, Doña Francisquita, una foránea al fin de cuentas, se asoma a la temporada operística para demostrar sus muchas virtudes.
La historia de este género se remonta al reinado de Felipe IV y al teatro de La Zarza o de La Zarzuela, en el que se celebraban espectáculos cortesanos y dramáticos que, casi sin excepción, incluían números musicales, generalmente como meras decoraciones. "La selva sin amor", de Lope de Vega y "Celos aun del aire matan", de Calderón de la Barca, son algunas de aquellas antiguas zarzuelas prehistóricas.
La zarzuela moderna se inició a mediados del siglo pasado con las obras de Cristóbal Oudrid, Rafael Hernando, Joaquín Gaztambide y Francisco Asenjo Barbieri. Dentro de dramas serios, a partir de 1860, comenzaron a colarse situaciones picarescas y de tono político. Las aguas se separaron claramente y así quedó establecido el género chico, casi siempre en un acto y esencialmente cómico, y la gran zarzuela, seria y en varios actos.
Musicalmente la zarzuela se distingue de la ópera por los diálogos hablados, de modo similar a lo que ocurre en otros géneros emparentados como la ópera cómica francesa, la opereta, el singspiel alemán, los antiguos masques ingleses y las comedias musicales norteamericanas. Pero también las diferencias se perciben en lo musical, con melodías, armonías y pautas de danzas características de la música española, aquella en la que lo folklórico ha dejado una huella profunda, y en el plano dramático, con argumentos, personajes y situaciones típicamente españoles.
Ambiciones dramáticas
Doña Francisquita, del catalán Arnadeo Vives, estrenada en Madrid en 1923, es una recreación de "La discreta enamorada", una comedia de enredos de Lope de Vega. Está ambientada en Madrid en el siglo pasado y trata de los ardides de Francisquilla para eludir los cortejos del viejo Don Matías y enamorar a su hijo.
Estrenada en la Argentina en el teatro Victoria de Buenos Aires en 1925, Doña Francisquita estuvo en el Colón en 1934, 1935 y 1982. Esta nueva presentación, en coproducción con el teatro de la Zarzuela de Madrid, cuenta con la participación de María Bayo, Raúl Giménez, Santiago Sánchez Jericó, Cecilia Díaz y Luis María Bragato en los papeles principales. La régie es de Emilio Sagi y la dirección está a cargo de Antoni Ros Marbá y, desde el 28, de Enrique Ricci. Serán siete funciones el 17 (abono vespertino), 19 (gran abono), 21 (abono nocturno), 24, 28 y 30 del actual. Sólo es cuestión de no quedarse al margen.
Un estilo diferente
El tema es la zarzuela, la ópera y cómo intepretarla. Al igual que con Puccini o Berlioz, no hay una única manera.
Salvo en el hecho de enfrentar a Doña Francisquita con el mayor rigor y respeto profesional, María Bayo y Raúl Giménez, por ejemplo, no parecen coincidir en el concepto estilístico sobre cómo interpretar una zarzuela. Dice María: "Una zarzuela puede ser menos, igual o mucho más complicada, técnicamente, que una ópera clásica. Pero el estilo es completamente diferente. Esta música surge de la base de nuestra tierra. Hay melodías que hemos escuchado desde pequeños y que los compositores las han tomado para sus zarzuelas. Son melodías maravillosas, venidas del pueblo y, por lo tanto, deben ser cantadas de un modo particular. Los grandes cantantes líricos lo han hecho con un profundo conocimiento de la música popular española. Teresa Berganza empezó cantando zarzuelas. Y también lo han hecho admirablemente Victoria de los Angeles, Kraus y Plácido".
Raúl piensa y siente de otro modo. "Para mí no hay ninguna diferencia. Esta zarzuela es como una típica ópera del bel canto. No hay difrencias en el estilo ni en la forma de abordarla. La única diferencia concreta son los diálogos hablados en los que hay que desimpostar la voz, sin bajarla demasiado, y que la puede hacer parecer como un poco ficticia. Pero por lo demás, Doña Francisquita es casi una Lucía. Un auténtico Donizetti. El color local la aleja un poco de Rossini o de Bellini, pero no de Donizetti."




