Top Five: amores imposibles del cine
Porque no todas las historias de la pantalla grande tienen el final feliz asegurado; miren la lista y hagan sus aportes
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"Enamorarse es una cosa loca para hacer, como si fuera una forma de locura socialmente aceptada" le dice Amy ( Amy Adams ) a Theodore ( Joaquin Phoenix ) en Ella, la película de Spike Jonze que se estrenó esta semana. Amy habla de su propia experiencia pero, claro, alude a ese vínculo imposible entre su amigo y Samantha ( Scarlett Johansson ), un sistema operativo que le devuelve la confianza para amar por segunda vez. Lo de ellos será, a priori, una dinámica con obstáculos, pero lejos de focalizar en eso, Jonze se centra en cómo incluso las relaciones adversas pueden contribuir a un mejor porvenir. A continuación, cinco historias del cine que circulan por el mismo carril:
1. BOB Y CHARLOTTE EN PERDIDOS EN TOKIO (2003, Sofia Coppola)

Es difícil catalogar a Perdidos en Tokio como una película de amor en el sentido estricto del término. En realidad, se trata de la historia de dos personas que en un ámbito desconocido se encuentran fortuitamente para salvarse. Si bien lo geográfico parece ser definitorio en el film de Sofia Coppola, el estar "lost in translation" (como reza su título original) es un estado mucho más amplio y devastador que las barreras idiomáticas y/o culturales. Ese estado, a su vez, afecta a dos personas que atraviesan etapas distintas (él se halla en un matrimonio que no lo satisface y trabaja por dinero y no por placer; ella opera como acompañante/apéndice de su marido y no puede determinar qué es lo que quiere hacer con su presente) pero que convergen en un punto fundamental: observan el entorno con una sensibilidad que los pone en contacto con aquello que no desean ser, con aquello que representa lo ficticio, lo poco genuino. Protegidos por caminatas solitarias, por música, por un whisky, por una noche de karaoke, Bob y Charlotte se rescatan de ese instante de desconexión del entorno y se cambian la vida, mientras el mundo a su alrededor se mueve a otro ritmo, a otra velocidad, con otras motivaciones.
*Bill Murray y Scarlett Johansson en
2. JAMES Y MISS KENTON EN LO QUE QUEDA DEL DÍA (1993, James Ivory)

Hay una razón por la cual la escena "del libro" de Lo que queda del día es una de las más recordadas del film de James Ivory. En esa secuencia, Miss Kenton (interpretada por Emma Thompson) intenta entrar en el universo del hermético James Stevens (un notable Anthony Hopkins), pero es rechazada por él. Se trata de un momento doloroso y simbólico de ese vínculo que entablan en el contexto de la mansión Darlington Hall. Lo que queda del día no es tanto una historia de amor no correspondido como la de un hombre que se priva de la felicidad y prefiere resguardarse en su soledad. Basada en la gran novela de Kazuo Ishiguro, la película de Ivory avanza con tranquilidad y sutileza hasta un final donde una partida es sinónimo de una pérdida mucho más grande y acaso menos irrevocable: la pérdida del hombre en la batalla contra sus propios temores.
Anthony Hopkins y Emma Thompson en
3. KEITH Y SOPHIE EN BREATHE IN (2013, Drake Doremus)

Drake Doremus muta de la calidez y los tonos anaranjados de su película predecesora (Like Crazy) a una rapsodia en azul con la lluvia copiosa en Breathe In. El contraste no es arbitrario. Mientras aquella película (también protagonizada por Felicity Jones) retrataba el primer amor y su impacto posterior, el nuevo film de Doremus muestra otra clase de vínculo: aquel que irrumpe para desestabilizar la armonía. La llegada de Sophie (una alumna de intercambio) a la casa de Keith, no solo va a alterar la dinámica familiar sino que además va a poner en contacto a ese hombre con su pasión mayor (la música). "No puede ser que estemos acá para no poder ser", escribió Julio Cortázar. Breathe In pone el acento en cómo una persona puede ingresar en tu vida para hacerte redescubrir lo que es verdaderamente importante. Aunque no haya un futuro al que aspirar. Aunque no haya manera de dar un salto al vacío.
*Guy Pearce y Felicity Jones en
4. ROBERT Y FRANCESCA EN LOS PUENTES DE MADISON (1995, Clint Eastwood)

Si hablamos de lluvia, de lo que no puede ser y de las personas que modifican vidas en cuestión de horas, es imposible no sumar a la lista a Los puentes de Madison. Al igual que Lo que queda del día, se trata de otro film que podría sintetizarse con una sola secuencia, específicamente aquella filmada por Clint Eastwood cerca del final. Francesca en una camioneta detenida, junto a su marido, observando a Robert y aferrándose a la puerta, tratando de decidir cuál es el mejor camino. La actuación de Meryl Streep eleva aún más ese instante, ya que con la mirada puede transmitir el estado de ebullición en el que se encuentra la cabeza de su personaje. Si bien Los puentes de Madison tiene otros grandes momentos – como toda su reflexión sobre las condenas sociales representada por la amiga de Francesca, quien no es más que su propio espejo -, son esos minutos lluviosos los que mejor reflejan cómo el amor puede llegar, cambiar la rutina e irse sin decir palabra; y cómo a veces es posible prefijar esa partida en un segundo de dubitación definitoria.
*Clint Eastwood y Meryl Streep en
5. LARS Y BIANCA EN LARS Y LA CHICA REAL (2007, Craig Gillespie)

Lars y la chica real es una de esas películas que parten de una premisa fácilmente catalogable como "absurda" para meter el dedo en la llaga, para indagar en situaciones mucho menos ridículas o susceptibles a los prejuicios. Sí, es la historia de amor entre un hombre y una muñeca. Y no, no es únicamente eso. Lo conmovedor de la película de Gillespie – aunque aquí el crédito debería llevárselo la guionista Nancy Oliver – es cómo aborda la soledad de Lars, mostrándola como la consecuencia de una imposibilidad de integración social con la que no puede lidiar de manera real. Bianca vendría a representar ese salvavidas que no lo interpela, no lo desafía, no lo impulsa al cambio y es en esa comodidad donde la vida de Lars se va asemejando más a un viaje aletargado. El "romance" entre él y Bianca es, por cuestiones obvias, uno imposible, carente de volúmenes, superficies, zonas de contacto; y sin embargo es, al mismo tiempo, el que le hará ver hasta qué punto el concepto de hombre como isla no es el ni más satisfactorio ni el más aconsejable.
*Ryan Gosling y Bianca en
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