Top Five: finales polémicos del cine

Un repaso por algunas películas que, al concluir, nos dejaron boquiabiertos
Milagros Amondaray
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14 de septiembre de 2012  • 09:12

El Top Five de hoy surgió a raíz del esperado reestreno de Casablanca (el 4 de octubre) y la eterna pregunta de si Ilsa debería haberse subido al avión o haberse quedado con Rick. El mismo interrogante fue retomado por Nora Ephron (una de las más tristes pérdidas que sufrió el cine en los últimos años) en su guión de Cuando Harry conoció a Sally , cuando hizo debatir a esos amigos sobre la decisión que toma el personaje de Ingrid Bergman. Muchas películas han concluido de modo tal que se logre un efecto calculado (y no por eso menos efectivo): perdurar en la mente del espectador. A continuación, cinco finales que cumplieron con esa premisa:

1. MAGNOLIA (1999, Paul Thomas Anderson)

Anderson es un director que sabe cómo dar el gran golpe para concluir sus (casi todas) obras maestras. Desde la belleza de ese "Here We Go" salido de la boca de Emily Watson en Embriagado de amor hasta el kubrickiano y desaforado desenlace de esa desmesura llamada Petróleo sangriento , el realizador va construyendo la historia de modo tal que su conclusión movilice los sentidos, en una suerte de inolvidable in crescendo. A Magnolia la podemos considerar una película con dos finales (macro y micro) que se fusionan. El primero, con esa lluvia de ranas que hilvana las historias mientras Aimee Mann canta "Save Me" y el segundo, con ese primer plano de Melora Walters que impacta desde la economía de recursos, solo con un rostro y todo lo que se desprende de él.

2. LOS SOSPECHOSOS DE SIEMPRE (1995, Bryan Singer)

El enorme cierre del film de Bryan Singer de algún modo sentó las bases para lo que, lamentablemente en muchos casos, se convertiría en menos una necesidad y más un gesto cool: shockear con una revelación final. En Los sospechosos de siempre (y no en aquellos ejemplos en los cuales el desenlance "wtf?" responde más a un manotazo de ahogado) lo que precede a su conclusión es lo más atractivo: la unión de esas pistas, el movimiento de la cámara, los planos cerrados, el rostro de Chazz Palmintieri. Pero nada de eso podría funcionar si no fuera por Kevin Spacey , por su astucia para ese monólogo, para verbalizar esa última frase, una frase que acompaña, como pocas, a ese plano de ese hombre que camina y nos deja, consecuentemente, entre maravillados y absortos. "And like that, is gone".

3. DESAPARECIÓ UNA NOCHE (2007, Ben Affleck)

Podemos debatir largo y tendido sobre las cualidades actorales de Ben Affleck , pero no podemos negarle algo: el tipo sabe dirigir .

Más allá de sus homenajes a Clint Eastwood, de un clasicismo que heredó del realizador de Gran Torino , sus películas están narradas con pulso y vigor, extrayendo así lo mejor de sus protagonistas. La contundencia de su ópera prima es indiscutible (por eso la considero superior a Atracción peligrosa) y en esto mucho tiene que ver el cómo decide concluirla (aquí también hay una revelación previa, pero eso queda en segundo plano), mirando de cerca a ese investigador privado (el gran Casey Affleck) y a esa niña, sentados en un sillón, casi en silencio. No mucho más. O sí: todo el peso de la historia que termina por caer sobre nosotros al ver esa imagen, y al no poder evitar sentirnos golpeados por ella.

4. MULHOLLAND DR. (2001, David Lynch)

¿Quiénes no han asociado la palabra silencio a la última escena de Mulholland Dr. ? Sí, sabemos que tratándose de Lynch no podíamos esperar otra cosa más que un final entre onírico y perturbador. No sabemos cómo lo hace, pero consigue que, al poner a una mujer en penumbras, llevándose el dedo a la boca entrecerrada y diciendo esa palabra, todo lo que vino antes retumbe como esa gran pesadilla, esa gran historia de amor en el infierno que padece Diane (una Naomi Watts escindida, inmejorable). Eso es lo que tiene de fascinante el cine de Lynch, que independiente de escenas largas y confusas, de sus delirios, de esas secuencias autoconclusivas que resuenan y resuenan (como la que les dejo más abajo), todo se reduce a contar algo simple. En este caso, el amor como el más tormentoso de los sentimientos.

5. SIN LUGAR PARA LOS DÉBILES (2007, Joel & Ethan Coen)

Y si hablamos de finales polémicos... Lo curioso en este caso es que uno no asocia a los hermanos Coen con la astucia para cerrar las historias. Es decir, hay secuencias finales hermosas en su filmografía ( Barton Fink , por ejemplo, y la más reciente y subvalorada Temple de acero ), pero ellos no se caracterizan por esa construcción de la tensión hacia el plano que da todo por concluido. En esta adaptación de Cormac McCarthy, sin embargo, se pusieron de relieve dos puntos: la actuación de Javier Bardem y, justamente, el final. Un final que, retomando el comienzo de este Top Five, con Magnolia , va centrando la atención en el rostro de Tommy Lee Jones y esa narración de un sueño, ese monólogo (fiel a la novela) que fue ampliamente discutido, sin cabida para las medias tintas.

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