Toronto, un hervidero de estrellas y películas
Primeros títulos del febril encuentro canadiense
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TORONTO.– Bajo una lluvia persistente, el primer fin de semana del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF 2013) es un hervidero de proyecciones, encuentros, reuniones, desplazamientos y largas filas de espera frente a las salas que el público local comparte con los cientos de acreditados (representantes de la industria, compradores y vendedores de films, prensa acreditada). Buena parte de las estrellas y directores invitados, como ya es costumbre aquí, parecen resueltos a presentar entre el sábado y el domingo sus obras y obligar a quienes se interesan en ellas a hacer malabares para encontrar espacio libre en medio de agendas ya sobrecargadas. Es que nadie quiere perderse ese puñado selecto de títulos que, estrenados mundialmente aquí o llegados con recientes y elogiosos comentarios desde los festivales de Venecia y Telluride, pueden convertirse en las atracciones más fuertes de la próxima temporada de estrenos y, sobre todo, de la carrera hacia el Oscar.
De todos estos lanzamientos, presentados en sociedad aquí con una magnitud inabarcable para cualquier persona, dos ya alcanzaron la suficiente entidad como para despertar por sí mismos enorme interés potencial. Ambos tienen más de un denominador común: se apoyan en elencos vastos y pródigos en nombres familiares para el público, fueron hechos por directores ajenos a la habitual maquinaria de Hollywood y responden en sus tramas a temas reconocibles y complejos (sobre todo en términos de dilemas morales) de la sociedad estadounidense, expuestos de un modo tan crudo que por momentos se hace difícil mantener fija la vista en la pantalla.
El primero de estos films es La sospecha (Prisoners), del canadiense Dennis Villeneuve, que ya cosechó prestigio internacional y una nominación para el Oscar dos años atrás por Incendios, cuya versión teatral se representa actualmente en Buenos Aires.
La sospecha es un film extenso (dura casi tres horas), de compleja estructura, que se plantea todo el tiempo densos interrogantes sobre la fe, la religiosidad, la culpa, el sentido del deber, la justicia por mano propia y la violencia enquistada en pequeñas comunidades norteamericanas. La trama gira en torno de dos familias que se enfrentan, durante una celebración hogareña del Día de Acción de Gracias, a la desaparición de sus respectivas hijas pequeñas. A partir de allí comienza una desesperada búsqueda en la que los padres (Hugh Jackman, tal vez en la mejor actuación de su carrera, y Terrence Howard) buscan a posibles culpables, inclusive al margen de la ley, mientras sus esposas (Maria Bello y Viola Davis) soportan la mayor carga del dolor. En el medio afloran todos los demonios interiores de personajes que creían tener resueltos todos sus dilemas existenciales, incluyendo aquí al perspicaz policía (Jake Gyllenhaal) encargado de la investigación y de algunas decisiones incómodas.
Entre escenas de tortura, cuestionamientos a la religiosidad y un clima ominoso e incómodo, Villeneuve expone con mano firme las miserias y las conductas no reconocidas de una cerrada comunidad rural de Pensilvania y saca el mejor provecho de su espléndido elenco, en el que también se destacan Melissa Leo y Paul Dano.
Si Jackman ya se menciona como potencial protagonista de la próxima temporada de premiaciones, lo mismo ocurre desde ayer con Chiwetel Ejiofor, que encuentra poco menos que el papel de su vida interpretando a un músico que vive como hombre libre junto a su familia en la Nueva York de 1841, hasta que es llevado por la fuerza a las plantaciones de algodón y caña de azúcar del Sur profundo y confinado a la esclavitud.
Con el poderoso estilo visual que le conocimos en Shame y un notable aprovechamiento de los escenarios naturales de Luisiana, el británico Steve McQueen retoma un tema (la esclavitud en los Estados Unidos) que un año atrás llegó a marcar buena parte de la carrera al Oscar de la mano de grandes películas como Bastardos sin gloria y Lincoln . Más obvia y previsible en su desarrollo que las obras de Quentin Tarantino y Steven Spielberg, 12 Years a Slave se apoya en algunas escenas impactantes, un formidable envase sonoro, la enorme convicción de Ejiofor ( Niños del hombre, El plan perfecto, Negocios entrañables ) y el apoyo de un gran elenco en el que se lucen Benedict Cumberbatch, Paul Giamatti y Michael Fassbender, y en el que Brad Pitt (productor del film) se reserva un breve y decisivo papel.
Hasta ayer, 12 Years a Slave no había sido adquirida para su estreno en la Argentina, algo que sí está confirmado en el caso de La sospecha: podrá verse en nuestro país desde el 14 de noviembre.




