
Torres, en un punto intermedio
Recital del cantante Diego Torres. El viernes, a las 23, en el Teatro Gran Rex. Presentación del álbum "Tal cual es". Músicos: Rolfi Calahorrano (saxo, teclados, guitarras y arreglos), Pablo Salzman (bajo), Julio Morales (percusión), Luis Cardozo (guitarra), Diego Ferrara (batería), Pablo Echeverry (teclados), Richard Nant (trompeta) Celsa Mel Gowland, Alex Batista y Magalí Bachor (coros). Artista invitado: Jorge Drexler. Hoy, próxima función. Nuestra opinión: bueno.
1 minuto de lectura'

Diego Torres se tomó un buen tiempo para estrenar "Tal cual es", su último disco, que lleva cerca de ocho meses en las bateas de las disquerías.
En noviembre último se sacó las ganas de tocar en vivo parte de este material durante una serie de conciertos realizados en el Maipo, muy similar al que presenta este fin de semana.
Quizá la principal diferencia (además de varios cambios en la formación de músicos que lo acompaña) no sea el espectáculo, sino la actitud reflexiva de Torres para enfrentar estos conciertos. Llevaba casi tres años sin actuar en una sala de la calle Corrientes (en ese mismo escenario presentó "Luna nueva") lo que lo llevó a detenerse y mirar con atención el camino recorrido en su carrera musical y el público que lo sigue.
Tal cual es
Diego abre su sonrisa con el primer tema y no la cierra sino hasta el final del show.
La deja estampada en los rostros de todas esas chiquilinas que hacen un coro desafinado en cada estrofa y cada estribillo de su repertorio. Llegan sus canciones de "Tal cual es", y varias piezas de discos anteriores que las chicas saben de memoria y que aquellos que no conocen los álbumes de este cantante igualmente reconocerían por haberlas escuchado una y otra vez en las FM.
En la música de Torres sobresalen las cadencias caribeñas y la influencia del grupo español Ketama. En ocasiones, la banda que lo acompaña le permite pasear por climas soul que terminan apoyados en los pulsos del reggae, o por atmósferas de sonidos muy cool que esconden pasos de guajira. También hay momentos salseros al estilo Celia Cruz, con muy poca originalidad, pero efectivos ante un público que le festeja cualquier gesto.
Cuando las bases y los arreglos comienzan a girar sobre las mismas ideas, Torres rompe el esquema para fragmentar su actuación en tandas; primero temas lentos y luego con reggae, en series de cuatro o cinco y muchas veces enganchado; y más tarde con canciones un poco más fuertes que le sirven para cerrar el concierto.
El momento de las baladas lo muestran claramente como un autor de palabras sencillas que en ocasiones derrochan optimismo, sin historias, pero con mucha descripción de sensaciones.
Se adueña de los versos de "Se dejaba llevar por ti", de Antonio Vega, y sin salir de esa estética ofrece "Sé que ya no volverás" y "Estamos juntos".
Luego pasa a los compases de acentos jamaiquinos con su "Luna nueva" y "Pensar" hasta llegar al último tramo con el potente "San Salvador" y el tumbado de la rumba (entre caribeña y flamenca) de "La última noche" y "Dónde van".
Recorriendo el camino
En ese acto de llevar la mirada hacia el principio de su carrera para hacer un repaso de lo ocurrido, lo que más se destaca y sirve de resumen es el presente de Diego Torres. Desde abajo del escenario se ve un presente que lo muestra en un punto intermedio.
De un lado aparece el chico del póster que esas chiquilinas adoran con devoción, el intérprete de canciones de vuelo rasante, el artista del pop latino que, por suerte, se diferencia bastante de las grandes estrellas de ese género.
Del otro está el tipo que esconde un costado más visceral detrás de un discurso políticamente correcto, que no puede negar su pasión de adolescencia por el rock nacional de la década del ochenta, ni dejar de cantar el "Chalamán" de los Abuelos de la Nada o el "No tan distintos" (1989) de Sumo .
Hay un músico que puede sacar de su banda mucho más jugo del que actualmente obtiene, que se da el gusto de invitar al escenario a Jorge Drexler para hurgar en los versos mejor trabajados que salen de la pluma de ese cantautor uruguayo.
Ese punto intermedio es el lugar que Torres eligió para hacer música. Lo disfruta, eso se nota. Sin duda, se siente cómodo.





