Tres leyendas, contra la voracidad del paso del tiempo

Michael Caine, Morgan Freeman y Alan Arkin protagonizan la comedia que se estrenará el jueves, y que reflexiona con humor sobre los desafíos que plantea ser un adulto mayor
Carlos Sanzol
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1 de abril de 2017  

Los actores como los jubilados estafados que buscan “venganza”
Los actores como los jubilados estafados que buscan “venganza” Crédito: Warner

NUEVA YORK.- "Sexo. Ésa es la clave para mantenerse joven." La frase deja a todos mudos en uno de los salones del lujoso hotel Whitby en la zona del Midtown de esta ciudad. Después se escuchan las carcajadas. Salvo la de Morgan Freeman, el autor de la fórmula que, a sus 79 años, parece imperturbable. A su lado, Michael Caine, 84, lo mira cómplice y completa la idea con una dosis de humor inglés: "Traten de no tener sexo y serán viejos toda la vida".

Los dos son, quizá, las últimas leyendas de un Hollywood que ya no existe y que parece haber sido trocado por otro en el que las estrellas se desvanecen con la misma velocidad con la que lo hacen los mensajes en las redes sociales. Ellos, en cambio, tienen la habilidad y el talento para permanecer y sobrevivir con más de 70 años en un mundo que hace de la juventud el patrón de medida del éxito.

Por eso van a decir que los temas que aborda Un golpe con estilo, la película que protagonizan junto con Alan Arkin (84) y que Warner Bros. estrenará el jueves, no son usuales para ese Hollywood "peterpanesco": la vejez, el amor y el sexo en la tercera edad, el miedo a la muerte y la posibilidad de que aparezcan las segundas oportunidades cuando ya todo se cree perdido. Sin embargo, lejos del tono dramático, las temáticas del film están urdidas con los hilos de la comedia: Un golpe con estilo cuenta la historia de tres jubilados que, al ser estafados por el sistema financiero, deciden robar un banco.

En la sala, donde transcurre la conferencia de prensa, se siente la química que hay entre los tres actores, el director de la película Zach Braff (42) y la actriz Ann-Margret (76). Quizá porque Freeman canta cuando entra en la sala y Ann-Margret se le suma después. Tal vez porque Arkin sólo interviene a la hora de hablar con algún que otro chiste para hacer gala de que es uno de los grandes actores cómicos de este país. A lo mejor porque durante los primeros cinco minutos de la conferencia no paran de reír a carcajadas como si fueran unos adolescentes en pleno viaje de egresados. Quizá porque viven eso que reflexiona Ann-Margret: "El mensaje que queremos dar con esta película es que no estás muerto cuando llegás a una determinada edad".

Contrastes

Las vidas de los actores no tienen demasiados puntos en común con las de sus personajes. Freeman interpreta a Willie Davis, un hombre enfermo que depende de la diálisis para seguir adelante con su vida y que, al perder su pensión, queda al borde de la bancarrota. Una realidad que está a años luz de la suya, en la que predominan los viajes alrededor del mundo en su avión privado, los juegos de golf con sus amigos millonarios y los más de cuatro billones de dólares que recaudaron las películas en las que participó.

Arkin encarna a Albert Gardner, otra víctima del brutal sistema financiero, que se resiste a vivir un romance con Annie Santori (Ann-Margret), una lanzada cajera de un minimercado. La espontánea participación de Suzanne Newlander, la esposa en la vida real del actor, en la conferencia, contrasta con la situación amorosa de su personaje. "Mi marido es especialmente raro", interviene ella que, por su altura, delgadez, sus anteojos de marco colorado y su cabello lacio entrecano recuerda a un personaje sacado de ese ambiente intelectual neoyorquino que reina en las películas de Woody Allen.

Con la interpretación de Joe Harding, Caine se acerca un poco más que sus compañeros a las problemáticas de la tercera edad que plantea el film. El actor dijo en una entrevista con un medio inglés que sus días están contados, que tiene miedo de morir de cáncer y que lo único que quiere en su vida es poder disfrutar del crecimiento de sus tres nietos. Y para lograrlo, el actor debió hacer grandes cambios en su estilo de vida. "Hace una década, solía beber una botella de vodka al día y fumar varios paquetes de cigarrillos", le confesó al diario inglés The Sun.

Una rareza

El orden, o lo que se puede entender en este contexto por la palabra, lo intenta poner Braff. Cuando Freeman dice, con sequedad, que el mensaje de la película es que los personajes logran eludir la ley, el director lo mira fijo y enmienda: "Creo que el gran tema del film es la amistad. Un golpe de estilo funciona por estos cuatro actores. Ves la película y los amás. No importa qué edad tengas, los amigos siempre están. Eso es lo que queremos decir".

A Braff no le fue nada fácil dirigir a estas estrellas. Al principio, como cuenta, se sintió intimidado. "¿En serio?", lo inquiere Freeman con una mirada que inspira, en partes iguales, temor y respeto. "Sí. Pero a los pocos días, ellos estaban, como ahora, haciendo chistes todo el tiempo. Así que mi trabajo se limitó a dar indicaciones", contesta con un dejo de "no-puedo-creer-que-dirigí-a-estos-tres". Para documentar su proeza, minutos después, tomará su celular y sacará selfies con la precisión suficiente para que los cuatro actores entren en cuadro.

Los cincos saben que esta película es una rareza en Hollywood. No es usual que los films comerciales cuenten historias protagonizadas por actores de más de 70 años. "Lo interesante es que hay una gran audiencia para este segmento de edad", dice Braff. Y Ann-Margret completa: "Y son espectadores fieles". Freeman, por lo bajo, precisa: "Es la generación de los baby boomers".

Caine intenta explicar el motivo por el que escasean este tipo de films en las carteleras. Para eso da un ejemplo concreto: los 150 millones de dólares que, a nivel mundial, recaudó la película El exótico Hotel Marigold (2011), protagonizada por Judi Dench y Maggie Smith, entre otros. El film cuenta la historia de siete jubilados que van a pasar sus vacaciones a la India. "En un estudio que se hizo sobre el éxito de esta producción, descubrieron que los adultos mayores estaban volviendo a las salas de cine porque estaban aburridos de los contenidos que les ofrecía la televisión", argumenta Caine.

A unas cuadras de la sala donde están los actores y el director, en el teatro Palace, en Times Square, Glenn Close interpreta en el musical Sunset Boulevard, a Norma Desmond, una actriz que fue una gran estrella de cine en su juventud y que ahora, a sus más de 50 años, vive su ocaso. Una problemática radicalmente ajena a las vidas de Freeman, Arkin y Caine, esas tres leyendas que lograron mantenerse en un Hollywood que construye y destruye estrellas a la velocidad de un clic y, sobre todo, sabe olvidar.

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