Tres tenores muy audaces
Pavarotti, Domingo y Carreras regresan, alejados de la lírica
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¿Luciano Pavarotti, a dúo con B. B. King, y probando suerte con la entonación de las blue notes? ¿Plácido Domingo quebrando su famosa voz de tenor para dar con el mejor tono mariachi de "Ay Jalisco, no te rajes"? ¿José Carreras cantando (sic) la obertura instrumental de la ópera "Tannhäuser", del compositor alemán Richard Wagner y con un texto -obviamente agregado- en italiano?
Sí y mucho más. Parece que los célebres Tres Tenores están decididos a todo con tal de seguir incrementando su popularidad en el mundo entero. Esa que -allá lejos y hace tiempo- se cimentó gracias a sus innegables dotes como intérpretes líricos, en los principales teatros de ópera. Que luego, desde 1990, se amplificó a través de los megarrecitales al aire libre; primero como un festival de arias de ópera y casi inmediatamente como un resuelto camino hacia el crossover.
Y que, en el estertor del siglo XX, los encuentra en plena búsqueda de otros caminos, menos exigentes que la ópera y por cierto más redituables.
El mariachi "lírico"
De los tres, Plácido Domingo es el único que todavía trajina los escenarios operísticos con continuidad y buenos resultados. Y el que seguirá vinculado al género, aun después de su retiro como cantante, a través de la dirección orquestal y la dirección artística de teatros líricos (ya lo es en Washington y desde el año próximo, en Los Angeles).
Su disco "100 años de Mariachi", editado por EMI, es según sus propias palabras un "homenaje a la música que escuché durante mi infancia, en la que viví en la ciudad de México". Es un nuevo intento por interpretar diferentes géneros populares, como ya lo hizo con el tango y diferentes ritmos latinoamericanos en "De mi alma latina" I y II. Domingo decidió adaptar mucho más que lo habitual su voz. El disco tiene algunos buenos arreglos y otros que caen en el estereotipo. Y una vez más, la potencia de su voz termina "aplanando" el estilo de canto de esta música.
En el caso de Pavarotti, sus diez años de intentos crossover están al servicio de causas humanitarias. Su serie "Pavarotti & Friends" le sirvió al tenor italiano para encontrarse en un mismo escenario con todos los artistas pop más importantes de la década y para ayudar a los chicos de Sarajevo, primero, y ahora a los de Kosovo y Guatemala.
Para este nuevo recital, editado por Decca, Pavarotti convocó a todo el firmamento pop norteamericano e italiano. Desde los latinos Ricky Martin y Gloria Estefan a Mariah Carey, los adolescentes de Boy Zone, los veteranos B. B. King Lionel Richie y los compatriotas, Zucchero, Laura Pausini y Renato Zero, entre otros.
El menú es el mismo de siempre: canciones pop y obras clásicas en formato sinfónico. Y, sobre la orquesta, los dúos y tríos de la voz lírica de Pavarotti (volcada más al tono canzonetta napolitana) junto a las voces blancas de los artistas populares.
Se trata de una causa noble, aunque los resultados musicales se asemejen cada vez más a un pastiche posmoderno.
Pura pasión
Por su parte, el catalán José Carreras vuelve a insistir en su idea de ponerles letra a obras instrumentales de la música clásica. En esta ocasión eligió obras de Wagner, Rachmaninov, Albéniz, Chopin, Schubert y Tchaikovsky. "Pure Passion", editado por Erato, muestra la voz cada vez más cansada de Carreras llegando al kitsch en "Europa" (el nombre de la letra en italiano de la obertura de "Tannhäuser") y sonando más convincente en los temas españoles: el "Tango", de Albéniz, y "Andaluza", de Granados.
Plácido Domingo aparece vestido con el traje negro mariachi. José Carreras, luciendo como un moderno latin lover con una barba de tres días. Pavarotti aparece abrazado a Rigoberta Menchú y un grupo de chicos guatemaltecos, con un tejido típico del país centroamericano.
Son tres postales distintas, que muestran un mismo horizonte para los tres tenores, buscar la aprobación del público masivo. Y hasta ahora, los números les dan la razón: los tres venden muchos más discos de este tipo que cuando cantan ópera, el género en el que se formaron y que les dio su bien ganada fama inicial.
¿Por qué gustan estas incursiones? Es difícil saberlo; tal vez, la simpatía que causa el esfuerzo de meterse en un mundo ajeno y cierta idea de "legitimación" que les otorgan sus voces "cultas". Mientras tanto, la ópera ya disfruta de las voces de sus sucesores.
Otros mundos
El concierto que los Tres Tenores realizaron en las termas romanas de Caracalla, en 1990, dio la clave. Allí se constató un fenómeno que luego las compañías discográficas se ocuparon de explotar: las voces de los cantantes líricos tenían un público potencial muchísimo más amplio, si se las sacaba del contexto tradicional. Esto es, tanto de los teatros de ópera, a los que mucha gente no va (no sólo por el costo de las entradas, sino por simple incomodidad con el "rito"), como por el repertorio en sí.
Escuchar una ópera completa es más complejo que disfrutar de un recital de canciones. Así, los tenores comenzaron a explotar la posibilidad de funcionar como nuevos "crooners" líricos que, más que acercar público nuevo a la ópera, incorporaron ese tipo de voces al mundo pop y hasta la publicidad.





