Pop Life se mete en la verdadera intimidad de los famosos
1 minuto de lectura'

Está claro que no es actualidad pura, porque Chuck Norris viene viviendo desde hace un buen tiempo y, que yo sepa, no salió en los diarios por ninguna cuestión en especial recientemente. No obstante, hoy Pop Life se aboca a relatarles un día cualquiera en la vida de este ser tan particular, emperador indiscutido del soplamoco, célebre por hechos asombrosos como perder la virginidad antes que su propio padre y ultimar malhechores con una de esas pistolitas que disparan una bandera que dice "bang". La cuestión entonces sería, ¿por qué nos dedicamos a esto hoy? Simple: porque temo que Chuck se despierte de la siesta pensando "¿y por qué Mancusi no escribió un post sobre mí?" y tome represalias. Si lo consideran, el riesgo de que el Walker Texas Ranger se las agarre con ustedes está continuamente latente. Digo: podrían estar ahí, tranquilos, leyendo el blog, y de repente se mueren porque Chuck Norris así lo desea. Creo que nunca volveré a dormir tranquilo.
De modo que aquí vamos. A diferencia de lo que podría suceder en un día en la vida de Michael Jackson, que desde un tiempo hacia acá viene siendo más bien tranquila, la existencia de Chuck Norris es harto agitada. Lo primero que hace al despertarse es darle al sol la orden de que salga. Luego hace su pis matutino en un recipiente de titanio (único metal capaz de resistirlo sin derretirse) y lo almacena para venderlo como un infalible remedio contra todo tipo de mal, desde el tránsito lento hasta la atropellada de un tren de carga. Acto seguido se hace buches con una variante de Listerine hecha sólo para él, llamada Wolverine. Y por último sale al patio a soltar un gasecito que, dependiendo de hacia dónde direccione el caquero, aumentará en 17 grados la sensación térmica de Corea del Norte, de Zambia o de Coronel Pringles.
En este día en particular Chuck Norris asiste una reunión con ejecutivos de una compañía de videojuegos que quieren convertirlo en un personaje de la nueva edición del Mortal Kombat que sólo hará flawless victories y no necesitará practicarle fatalities a sus contrincantes porque estos se suicidarán por voluntad propia en su presencia. Los recibe en su casa pero no les da un apretón de manos, porque las últimas dos personas que saludó de esa manera (el gobernador Scioli, el baterista de Def Leppard) sufrieron graves consecuencias.
Luego se le antoja almorzar pollo relleno, para lo cual le ordena a una gallina que se coma varias verduras, se desplume a sí misma, se meta al horno y una vez allí baile la macarena hasta quedar bien tierna y doradita. La sobremesa la utiliza para diversiones fútiles propias de su omnipotencia, como dividir por cero o hacer que Rocío Marengo entienda una de Lynch. A las dos de la tarde se acuesta a dormir la siesta y reposa por seis horas, pero cuando abre los ojos todavía son las cuatro de la tarde, porque el tiempo tiene miedo de correr y que Chuck Norris lo alcance. Para despertarse pone "(I Can’t Get No) Satisfaction" de los Stones en el radiorreloj, con la diferencia de que él sí puede obtener satisfacción si quiere.
Mientras toma la merienda, en lugar de jugar al sudoku se aboca a averiguar el último dígito de Pi y lo logra en treinta segundos. A eso de las cinco y media es la hora del ejercicio: Chuck Norris hace un par de rounds a los Power Rangers y a la Guardia Imperial juntos mientras se corta las uñas. Cuando corre, en lugar de trasladarse él la Tierra se mueve bajo sus pies como si fuera una cinta de gimnasio. Si se cansa (si decide cansarse, en realidad) y queda varado en lugares distantes como Kuala Lumpur o Anaheim, California, simplemente detiene el primer avión que pase sobre su cabeza y éste lo deja en el patio de su mansión.
A la hora de ducharse, su esposa también quiere entrar al baño, y la contienda se define con una simple partida de piedra, papel, tijera o Chuck Norris. Lógicamente gana y hace uso de su bañera, que tiene como particularidad el hecho de tener tres canillas: Fría, Caliente y Chuck Norris, de la cual sale agua muy grossa.
Para la cena va a McDonald’s y pide un combo Chuck Norris, consistente en un cebú entre dos panes y jugo de mamut XL. La condición que puso para que la empresa de los arcos dorados use su nombre en un menú fue que cada vez que él se acercara a un restaurant de la cadena el encargado de servirle la comida fuera el Papa en persona. Los ejecutivos, obviamente, aceptaron.
Antes de dormir le da por la música, y con un ukelele supera el volumen de Manowar. Luego, tras apagar el sol, se mete en la cama con un pijama de ositos completamente deserotizante, que sólo usa para evitar que su esposa estalle de excitación sexual en su proximidad. Y ahí sí, se duerme, pero aún en estado de reposo le sobra energía para derrotar a un grupo de ninjas con nunchakus y un montón de rayolasers en una pelea cuerpo a cuerpo.




