
Un espléndido domingo
Opera "Sansón y Dalila", de Camille Saint-Sa‘ns. Libreto de Ferdinand Lemaire. Elenco: Plácido Domingo (Sansón); Cecilia Díaz (Dalila); Alain Fondary (Sumo sacerdote); Dimitri Kavrakos (Viejo hebreo); Ricardo Yost (Abimelech); Gabriel Renaud y Juan Rodó (filisteos) y Fernando Chalabe (mensajero). Cuerpos estables. Puesta escénica de Beni Montresor. Iluminación: Beni Montresor y José Luis Fiorruccio. Coreografía: Julio López. Director de coro: Aldo Danieli. Director de orquesta: Miguel Angel Veltri. Teatro Colón.
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Fue una tarde triunfal para el Teatro Colón porque, después de un largo período, se integró a sus elencos Plácido Domingo, estrella refulgente de la ópera de nuestro tiempo, y porque se logró un espectáculo de altísima calidad visual y auditiva a la altura de la mejor tradición de la sala, en esta oportunidad, con el triunfo inapelable de dos artistas locales: Miguel Angel Veltri y Cecilia Díaz No bien comenzada la representación, se hizo audible desde la doliente imploración del pueblo hebreo a cargo de la masa coral, una sonoridad refinada en perfecta correspondencia con el estilo de la música francesa, porque la batuta de Miguel Angel Veltri se encontraba por el sendero adecuado en una demostración cabal de buen criterio y ductilidad, como para echar por tierra el preconcepto de que se trata exclusivamente de un especialista del repertorio italiano.
Con el cuidado de no forzar la sonoridad y de buscar matices empastados pero a la vez transparentes, la versión orquestal y coral tuvo particular protagonismo, como no podría dejar de tenerlo en una obra tan cercana al oratorio en dos de sus tres actos.
Si bien se advirtió una disminución de calidad sonora en la orquesta y el coro, atribuible a la ausencia de llamado a concurso para cubrir vacantes, y en el caso del coro al maestro Aldo Danieli, cuyo estilo parece no estar asimilado por la mayoría, Veltri logró una versión rica en matices a fuerza de empeño y paciente labor de preparación.
Soltura y férrea convicción
Con la posesión de esa pasta propia de las personalidades carismáticas, Cecilia Díaz fue una Dalila a la altura de las circunstancias, hueso duro para cualquier cantante de hoy, enfrentada al compromiso de actuar junto a un Plácido Domingo. De ahí que su canto, de fácil emisión en la zona aguda, y su natural desempeño actoral hayan sido factores condicionantes para un trabajo de indudable jerarquía.
Dalila no fue esta vez un modelo de sensualidad, ni tuvo la voz de centro y graves redondos y carnosos, pero fue de una nobleza y refinamiento poco frecuentes, con un canto de segura musicalidad y timbre cautivante en especial a partir del segundo acto.
El célebre dúo que comienza en el solo de la mezzosoprano "Mon cour s´ouvre á ta voix..." y que culmina con la dramática destrucción de Sansón fue un modelo de interpretación lírico teatral de alto rango, suficiente para medir la capacidad de la artista argentina, con su indudable entrega al estudio meticuloso.
El barítono Alain Fondary, conocido del público local por una anterior visita (Falstaff) logró un sumo sacerdote de Dagón _personaje ingrato por su dificultad musical y ausencia de bellos solos_ en el más perfecto estilo, a partir de una pronunciación idiomática y sonoridad impecable, como era de esperar del único francés del elenco.
Ricardo Yost hizo realidad su deseo de cantar alguna vez junto a Domingo y fue un sátrapa Abimeleck correcto, lástima para él que Sansón lo mata inmediatamente de su único recitativo y sólo.
El distinguido bajo griego Dimitri Kavrakos no justificó su presencia para un personaje episódico como el viejo hebreo, el que debería estar a cargo de un cantante local. Su voz acusa cierta fatiga de cuidado. Gabriel Renaud, Juan Rodó y Fernando Chalabe, filisteos y mensajero mediante, completaron el elenco.
Domingo, pasión por el arte
La ausencia de divismo, sencillez y bondad del artista permite dejar para el final el comentario sobre Plácido Domingo, a partir del reconocimiento a una personalidad cuyo halo irradia un magnetismo peculiar capaz de incentivar al entorno y de tener bien presente que se trata de una de las más encumbradas figuras de la lírica mundial del siglo próximo a fenecer.
Ha quedado ratificado una vez más que el tenor español es un hombre de la ópera, entregado con mayor fruición cuando la actúa en escenarios especialmente concebidos para ella.
Al mismo tiempo se pudo confirmar, después de no haberlo escuchado en quince años en el escenario del Colón, cuya condición acústica es inapelable para conocer el estado de las voces, que sus dotes sonoras conservan sus cualidades: belleza de timbre, pastosidad de color, firmeza de emisión y musicalidad.
Sansón ha de quedar conceptuado entre sus trabajos más notables en Buenos Aires, por entrega, deseo de cantar y decir con vehemencia, y natural ubicuidad en relación con Dalila. Plácido Domingo obtuvo un legítimo triunfo que no pasará inadvertido para el mundo de la ópera.
La mano de un artista
Referente a la puesta escénica de Beni Montresor, conocida en la anterior versión de 1993, se ha reiterado el efecto de un espectáculo multifacético, donde cada momento tiene un colorido subyugante y el juego de los contrastes y contraluz dibuja las siluetas de los protagonistas sobre fondos de colores cambiantes con la constante imagen de un sol o eclipse enigmático.
Nuevamente, se vio el objetivo de crear movimientos y atmósferas sobre estampas plásticas con la superposición de realismo y figuración, detalle que puede generar apreciaciones divergentes.
Más allá de no compartir la estética adoptada en las danzas y en especial en la bacanal del tercer acto, ya sea por los espacios destinados a ella, el diseño del vestuario y su colorido, no cabe duda de haber estado frente a un espectáculo grandioso, con final impactante, firmado por un creador de verdad, que brilla más refulgente en teatros con rico potencial industrial y humano.
En definitiva, la reposición de "Sansón y Dalila" ha de quedar entre los grandes hitos del Colón.
"Sansón y Dalila", en compactos
Destacados: los tenores Ramón Vinay, James King y Plácido Domingo prota-gonizan las mejores versiones discográficas.
Con el desarrollo de la historia bíblica apuntalada por la orquesta y el coro (mientras las contadas arias importantes son verdaderos islotes), entre todas las versiones de "Sansón y Dalila" existentes en CD hay apenas un par de ellas que logran dar una integral fidelidad a este planteo. No es que se recomiende desdeñar a los cantantes, pero elegir una grabación de esta ópera sólo por las estrellas de su elenco, es un error que después se paga con privaciones, porque escaseará mucho de lo que es esencial en la obra.
De este concepto redondo hay que recordar la versión ya histórica acuñada en 1962 por EMI con la orquesta y coro de la Opera de París, dirección de Georges Prütre y los roles a cargo de la mezzo Rita Gorr y el tenor chileno Ramón Vinay fallecido en 1996. La vieja edición tiene valor referencial porque se trata de dos creadores contemporáneos de los roles y porque, aunque suene un tanto plano, el registro ha sido preservado con su sonido original. Once años más tarde, se produciría una de las dos versiones completas y unitarias que registra el catálogo actual, cuando (para el sello Eurodisc) el director Giuseppe Patané al frente de los coros y la fenomenal orquesta de la Radio de Baviera, convocó a Christa Ludwig (entonces de 49 años) y al tenor James King, que dos años antes había hecho ese rol en el Colón. Es muy probable que la Dalila de la mezzo alemana sea un lujo difícil de equiparar en la historia de estas interpretaciones, pero el director logró nivelar en favor de un concepto de conjunto indiviso.
Hubo después una versión importante sólo desde el punto de vista orquestal con la realizada bajo la dirección de Sir Colin Davis en 1979 y luego el caso inverso con la muy atractiva de Myung Whun Chung en 1991 como director de la orquesta de la Opera Bastille. Los roles estuvieron a cargo de Plácido Domingo y Waltraud Meir, los dos más atractivos cantantes contemporáneos para Sansón y Dalila, aunque la atención del oyente es absolutamente absorbida por sus resplandecientes actuaciones, a las que se suma la de Alain Fondary y Samuel Ramey.
La otra versión más lograda como concepto unitario es la realizada por la Deutsche Grammophon en 1979 con la orquesta y coros de la Opera de París, dirigidos por Daniel Barenboim. La mezzo rusa Elena Obraztsova logra cercar la escena de una atmósfera inquietante y voluptuosa, mientras Plácido Domingo canta y comunica el dramatismo de un Sansón con el que, hace 18 años, rompió el molde de este papel.
Nueva pareja para la ópera de Saint-Sa‘ns
Reaparición: el tenor ítaloargentino Carlo Cossutta vuelve al Teatro Colón junto a la soprano Bárbara Dever.
Hoy, a las 20.30, en el Teatro Colón, hará su reaparición el tenor Carlo Cossutta, en la ópera "Sansón y Dalila", de Camille Saint-Sa‘ns, junto a la mezzosoprano norteamericana Barbara Dever, nueva para el público local.
Se trata de una feliz circunstancia, ya que Cossutta, nacido en Trieste, pero argentino por su residencia, estudios y consagración en Buenos Aires, se presentará en un personaje de tenor dramático que ha cantado en varias oportunidades en el exterior.
Bien se recuerda al artista de voz bella, cristalina y de buen caudal sonoro, tantas veces apreciado en el Colón, por sus actuaciones en once temporadas consecutivas.
Luego de una ausencia de varios años retorna al escenario de su formación artística y base de su lanzamiento internacional. Por su parte Barbara Dever, que debutó en 1990, como Herodías, en "Salomé", de Strauss, en el Palacio de las Bellas Artes de México, donde poco después fue Amneris, en "Aída", y Klytemnestra, en "Electra", de Strauss, es una figura en significativo avance, como se advierte por sus antecedentes, ya que recientemente se integró a los elencos del Metropolitan de Nueva York, como protagonista de algunos personajes verdianos y en "La Walkiria", de Wagner, con dirección de James Levine, en gira por Japón.
Dever y Cossutta actuarán el viernes, a las 20.30, en función extraordinaria.





